Aquella tarde después de la piscina, Desi y yo llevamos a Aarón a su casa en el coche y después acompañé a Desi a la suya. Teníamos que despedirnos y me dio la sensación de que a ambo se nos hacía difícil porque seguramente ambos quisiésemos pasar cada minuto del día y de la noche con el otro, pero aquella noche se hizo un poquito más cuesta arriba, porque durante el resto de la semana seguramente yo no tuviese tiempo de quedar, tenía demasiado que hacer en el cuartel antes de las vacaciones, pero me despedí de ella con la promesa de que el fin de semana llegaría pronto y haríamos un montón de cosas juntos. Los días se hicieron largos por el trabajo y la cantidad de cosas pendientes que organizar, pero los mensajitos que me escribía Desi de vez en cuando me alegraban esas horas de trabajo

