El primer chorro helado me saca un jadeo. Pero lo necesito. Necesito borrar su nombre de mi piel. Aunque se haya tatuado ahí. Minutos después, salgo, me seco el cabello con rapidez y me visto con ropa deportiva: top ajustado n***o, shorts grises, y los tenis que dejé preparados la noche anterior. «Hoy voy a entrenar» Camino decidida por los pasillos, con la música resonando en mis auriculares. Bajo las escaleras, cruzo el vestíbulo y abro la puerta del gimnasio sin pensarlo demasiado. Pero en cuanto doy el primer paso dentro, me detengo en seco. Ahí están. Los cuatro. Los putos cuatrillizos. Uno levantando pesas. Otro haciendo abdominales. Un tercero pegando al saco de box con una furia que me paraliza. El último estirando con una camiseta pegada al torso que deja muy poco a la im

