Dentro de él, sin embargo, la tormenta seguía. Y mientras subía las escaleras de piedra hacia la casa, sabía que ni todos los disparos del mundo podrían apagar lo que Sofía Uribe había encendido en él. … A la mañana siguiente, Sofía despertó sin haber dormido. No sabía cuántas veces se había levantado durante la madrugada ni cuántas veces había ido a la sala a buscarlo en vano. Cada vez que abría la puerta encontraba la casa en el mismo silencio pesado, sin rastro de Salvatore. La somnolencia no le daba tregua; sus párpados ardían y la boca le sabía a nada. Aun así, tiró de sí misma hasta incorporarse. Se recogió el pelo con un gesto automático y caminó en silencio hasta el balcón. El aire fresco la golpeó y por un instante pareció recuperar fuerzas. Volvió al cuarto, tomó a Morgana ent

