Sin pensarlo, caminó hacia el baño. Abrió el grifo y dejó que el agua llenara el ambiente de vapor. Necesitaba esa ducha para calmarse, para olvidarse de todo. Mientras Sofía se refugiaba en el agua, la puerta de la habitación se abrió apenas, con un crujido mínimo. Akira entró en silencio, con un gorro n***o ajustado sobre la cabeza. Sus pasos eran suaves, casi felinos, como los de alguien acostumbrado a moverse sin ser escuchada. La japonesa paseó la mirada con rapidez por el cuarto. Ropa sobre una silla, el perfume de Sofía impregnando el aire. La rabia le hervía en la sangre, pero la inteligencia fría la mantenía enfocada. Se acercó al tocador, abrió un cajón, luego otro. Al principio solo encontró maquillaje, ropa interior, papeles sueltos. Fue en el fondo del tercer cajón donde su

