Salvatore se quedó con los resultados en las manos, sentado en la sala de espera, la luz blanca del hospital reflejándose en su piel. Leyó cada línea una y otra vez, buscando algo que explicara lo que acababa de pasar en la mansión. No había nada. Todos los valores estaban perfectamente bien. Presión arterial normal. Azúcar normal. Marcadores normales. Solo una observación en letras pequeñas que decía “colesterol ligeramente elevado”. Nada más. Cerró los ojos con frustración y apretó la carpeta contra su muslo. —¿Qué rayos entonces le ocurre a ella? —murmuró en su mente, incrédulo, sintiendo que todo se le escapaba de las manos. Se levantó bruscamente y caminó hacia recepción. La mujer detrás del mostrador levantó la vista sorprendida por la expresión dura de su rostro. —Quiero que re

