Bianca abrió la boca para protestar, pero Sofía no le dio oportunidad. La sentó frente al tocador, tomó brochas y labiales, y comenzó a maquillarle los ojos, definiéndolos con un trazo oscuro que realzaba su mirada tímida. Luego le rizó el cabello, dejando ondas sueltas que caían sobre sus hombros. Cuando al fin Bianca se miró en el espejo, casi no se reconoció. La tela roja del vestido se ceñía a su cuerpo, las sandalias estilaban sus piernas y el maquillaje le daba un aire elegante que jamás había tenido. Sus ojos se humedecieron. —No puedo creerlo… —susurró. —Créelo —dijo Sofía, satisfecha—. Porque de ahora en adelante quiero que vistas así —le dijo abrazándola con cariño. Ella también se arregló. Eligió un vestido n***o ajustado con abertura lateral, se calzó sandalias de tiras dor

