—Rico —dijo Massimo cayendo a su lado con la v***a semierecta. Bianca apenas pudo desdoblar las rodillas. Quiso pararse, limpiarse, pero sus piernas no respondieron. Massimo limpió con una toalla húmeda sus glúteos y los jugos femeninos y luego se dejó caer de nuevo a su lado. —Descansa por ahora nena —dijo a la nada ya que ella ya estaba completamente dormida. … Bianca despertó con un sobresalto. Sus pestañas se abrieron de golpe, y el corazón le retumbaba en el pecho como si acabara de huir de una pesadilla. El techo alto, las cortinas pesadas, la fragancia de cuero y tabaco… no era su cuarto. Se incorporó de golpe, mirando alrededor, desorbitada. Las sábanas eran de lino, suaves, frías contra su piel. No había rastro de la sencillez a la que estaba acostumbrada. Era lujo, poder, un

