Antes de que pudiera decir algo más, Salvatore se inclinó y la levantó en brazos como si no pesara nada. Ella soltó un jadeo, sorprendida por la facilidad con la que la cargaba. Caminó con ella hasta el piano y la sentó sobre el teclado, haciendo que varias teclas emitieran un sonido disonante que se mezcló con el eco de la sala. De un solo tirón, le arrancó la bata de seda, dejándola desnuda ante él. Sus manos aún estaban manchadas de sangre, ásperas, calientes, pero recorrieron la piel de Sofía con una intensidad que la hizo estremecerse de pies a cabeza. Le abrió las piernas con lentitud y escupió en su v****a para luego con la punta de su m*****o regar la saliva. Sofía se estremeció, pero no se apartó. Jadeó con suavidad cuando sintió cómo Salvatore metía la v***a hinchada en su canal

