Sofía abrió los ojos con dificultad, sintiendo cómo un dolor profundo recorría sus músculos. El cuerpo entero le pesaba como si hubiera corrido kilómetros durante la noche. Intentó incorporarse lentamente, pero en cuanto apoyó los pies en el suelo, un mareo repentino la obligó a sujetarse al borde de la cama. Una punzada aguda se clavó en su nuca, arrancándole un quejido bajo. Se quedó quieta, con los labios apretados, respirando hondo hasta estabilizarse. ¿Qué le pasaba? ¿Era producto del asma o había algo más? No le quiso tomar importancia, caminó hasta el baño tambaleándose apenas y abrió la ducha. El agua tibia resbaló por su piel, despejando poco a poco la tensión acumulada en su cabeza. Cerró los ojos y dejó que el vapor llenara la estancia, como si quisiera borrar la noche anterio

