… Habían pasado dos días desde el accidente en la mansión Morgan. Salvatore había intentado dar con quién había enviado aquel humo tóxico para matarlos en su sueño, pero la investigación solo ofrecía más preguntas. Todo apuntaba a Tiziano Ventresca, el Cuervo Blanco. Sin embargo, Salvatore lo conocía demasiado bien como para no reconocer su estilo. Tiziano era un depredador frontal, descarado, que atacaba con el rostro descubierto. Jamás se ocultaría tras una bomba silenciosa. Aquello había sido obra de otro, alguien que aún no mostraba la cara. El despacho estaba cargado con el olor del tabaco y el peso de los documentos. Pilas de papeles lo rodeaban: contratos, informes, balances, junto a la pantalla del computador que destellaba con correos confirmando transacciones. Porque aunque en

