—Bajate la panty —le dijo Salvatore con esa voz tan profunda que no aceptaba réplicas. Sofía titubeó. Las voces de los cuatrillizos y de Bianca que se escuchaban de manera suave la hacían apretar las piernas. —Pero… —Nadie vendrá, no tienen orden de pasar a esta área —dijo Salvatore con los ojos grises encendidos. Sofía hizo lo que él dijo, bajó la panty y se la entregó. Él jefe de la mafia italiana la olfateó, logrando que los vellos de Sofía se erizarán. Luego, acercó el aparato a su piel, la primera descarga fue un contraste eléctrico: un escalofrío que recorrió cada fibra nerviosa, despertando zonas dormidas. —Salva —Sofía exclamó con suavidad. Sus ojos se abrieron mientras Salvatore no dejaba de meter el aparato dentro de ella. Los jugos comenzaron a bajar por su pierna sin co

