Tiziano arqueó una ceja, esbozando una sonrisa irónica. —¿Te has enamorado de una gata, Spettro? —preguntó con voz baja, ronca, acariciando el cuello del cuervo. El ave inclinó la cabeza y asintió lentamente, con un brillo extraño en sus ojos. Tiziano bebió un sorbo largo de whisky antes de apoyar el vaso sobre la mesa. Sus labios se curvaron en una sonrisa oscura, peligrosa. —De una felina… —susurró, mientras miraba fijamente la imagen. Spettro volvió a asentir, suave pero decidido. —Sí —añadió Tiziano, con un destello en la mirada que era mitad lujuria, mitad amenaza—. Yo creo que yo también me enamoré de una, sabiendo que cualquiera de los dos podemos devorarnos. … Después del masaje, Salvatore entró a la ducha dejando a Sofía impregnada de su olor, de su tacto y de la fuerza br

