A media tarde Félix le pidió a su secretaria que averiguara si Robert Ivanek estaba con visitas.
―Doctor, el señor Ivanek está solo en estos momentos.
―Bien, gracias, Jane, voy a hablar con él, vuelvo enseguida.
―Está bien.
Félix bajó hasta la habitación de Robert y tocó la puerta; cuando Robert contestó, él entró.
―Buenas tardes, señor Ivanek, me presento, soy el doctor Félix Paretti, director del hospital y quería hablar unas palabras con usted.
―Mucho gusto, doctor, usted dirá.
―Es referente a lo sucedido con su esposa esta mañana.
―Ah, es sobre eso, ¿qué pasa?
―Ella subió a hablar conmigo y quiere poner una queja en contra de la doctora Selena Dreckmann y en contra del guardia que la sacó de la habitación.
―¿Quiere poner una queja en contra de la doctora y del guardia?
―A sí es. ¿Puede decirme usted lo que realmente pasó aquí?
―Doctor, me hace mal verla aquí, siempre viene con quejas, con problemas, enojada y eso me molesta muchísimo, así es que le pedí que nos diéramos un tiempo y que no viniera a verme y ayer apareció igual diciendo una sarta de estupideces, yo estaba con mi familia y le pedí varias veces que se fuera y como no quiso hacerlo llamé a la enfermera quien le pidió amablemente que se fuera, tampoco quiso hacerlo y luego la enfermera salió y después llegó la doctora con el guardia, quien le pidió que saliera. Eso. Supongo que no aceptará la queja de Susana en contra de la doctora y del guardia, ¿verdad? Fui yo quien pidió que la sacaran de aquí.
―La doctora tuvo algún mal comportamiento con su esposa?
―¡Cómo se le puede ocurrir algo así, doctor! ¡Por supuesto que no y el guardia tampoco!
―Gracias, señor Ivanek, necesitaba saber lo que había pasado realmente, cuando Selena vuelva a su turno hablaré con ella, ya lo hice con el guardia.
―No quiero provocarle problemas a Selena, pero debí suponer que lo que dijo Susana de hablar con usted era cierto.
―¿Selena? ¿Usted llama Selena a la doctora Dreckmann, señor Ivanek?
―Disculpe, doctor, no, no la llamo así, no sé por qué lo hice ahora.
―Está bien, no se preocupe, hasta pronto y que esté bien.
―Buenas tardes, doctor.
Félix salió de la habitación. Le parecía muy familiar el trato que tenían Robert y Selena y eso no le gustaba nada. Ya hablaría con ella y se fijaría muy bien en el modo de hablar de Selena cuando se refiriera a Robert. Ella nunca había dejado a Evans en uno de sus días libres para verlo a él, pero sí lo había hecho esa mañana para ver al señor Ivanek y eso lo había enojado mucho. Podía haber hablado con Gonzalo que estaba de turno ese día y no haber ido ella al hospital.
―Jane, si la doctora Dreckman viene mañana al hospital, avíseme, por favor.
―Está bien, doctor, aunque mañana es su segundo libre.
―Lo sé, pero puede que se aparezca por aquí y quiero saberlo.
―Sí, doctor, estaré pendiente.
―Gracias, Jane ―respondió Félix entrando a su oficina.
―¿Qué? ¿Qué me están diciendo? ¿Por qué no me lo contaron antes? ―preguntó Kate, la madre de Robert, sorprendida y más que molesta.
―Por tu estado de salud, Kate, no podíamos decírtelo hasta que la doctora no nos autorizara ―explicó Diego.
―Pero Robert es mi hijo, yo tenía derecho a saberlo. Quiero verlo.
Diego y sus hijos se miraron, también lo hicieron Aline y Pablo.
―Mamá…
―Quiero verlo, Steve, estaré más preocupada aquí sin verlo yo misma.
―Está bien, Kate, mañana iremos verlo en la mañana, a esta hora ya es tarde para hacerlo ―aceptó Diego.
―Gracias, Diego, gracias por entender que yo también quiero verlo.
―Lo entiendo, amor, mañana iremos a verlo, te lo prometo.
―Además, estamos muy cerca del hospital, mamá.
―Así es, Abril, con mayor razón podemos ir a verlo. No me conocerá, ¿verdad?
―Mamá, él no se acuerda físicamente de nosotros, pero dice que nos siente en el corazón.
―Mi hijo ―lagrimeó Kate―, ¿cómo le fue a pasar una cosa así?
―No lo sabemos, lo que dice la policía es que iba a exceso de velocidad y se salió del camino chocando con un árbol ―explicó Pablo.
―¿A exceso de velocidad? Pero Robert es muy prudente para manejar.
―Así es, mamá, es lo que no sabemos; por qué iba a esa velocidad, él jamás lo hace ―agregó Steve.
―Tal vez iba atrasado a alguna reunión ―reflexionó Aline.
―Pero por muy atrasado que fuera él no era de manejar así ―opinó Steve.
―Es verdad, pero no se me ocurre otra cosa ―respondió Aline.
―Cuando las cosas están por pasar pasan igual ―comentó Pablo.
―Sí, a veces es así, ahora tendremos que esperar a que Robert recupere la memoria para saber dónde iba tan apurado ―expuso Abril.
―¿Y eso cuando puede ser?
―En cualquier momento, Kate, como ya te contamos, él tiene como recuerdos fugaces que no puede identificar, lo que puede significar que su mente está recibiendo información de algunos recuerdos ―explicó Diego.
―Ojalá lo haga pronto, quiero ver bien a mi hijo ―deseó Kate.
―Es lo que todos queremos, mamá ―expresó Steve.
―Por lo pronto, sé que mañana podré verlo ―exclamó Kate emocionada.
―Así será, Kate, ahora debiera descansar un ratito para que mañana esté en buena forma para ver a Robert ―aconsejó Aline.
―Sí, hija, eso haré; iré a dormir un ratito para que más tarde cenemos.
―Sí, mamá, ve tranquila, mañana llegará Sonia para encargarse de todo ―indicó Abril.
―Qué bueno que Sonia aceptó venirse con nosotros ―expresó Kate.
―Eso es muy bueno, todos confiamos mucho en ella ―añadió Adolfo.
―Sabemos que con ella estarás bien, mamá ―aseguró Steve.
―Así es, con ella tengo mucha confianza y es como de la familia ―reconoció Kate.
―Ya, ahora ve a descansar un momento, Kate ―insistió Adolfo.
―Sí, sí, ya voy.
Kate se dirigió a su dormitorio.
La casa era de una planta, grande, rodeada de ventanales por donde se podía ver el mar por algunas y por otras el frondoso bosque. Era una casa muy linda y cómoda.
Entre las dos parejas prepararon una cena ligera mientras su padre tomaba un café junto a ellos.
Más tarde Kate llegó a la cocina y se sentó junto a su marido.
―¿Qué hacen? ―preguntó.
―Cocinamos algo liviano para cenar, Kate ―respondió Aline.
―Qué amorosos son, muchas gracias, creo que tengo un poquito de hambre, estoy un poco ansiosa por el día de mañana.
―Tranquila, mamá, ya verás a tu hijo y se pondrán felices los dos ―exclamó Abril.
―Pero no me va a reconocer y eso me da un poquito de pena.
―No, no debe darte pena, quizás el verte lo haga recordar algo, mamá, piensa en eso ―aconsejó Steve.
―Será bueno que Robert la vea, Kate, Steve tiene razón, y por eso debe estar tranquila ―habló Pablo.
―¿No ha visto a los niños?
―El sábado los llevaremos, nos autorizaron a que entraran a pesar de ser pequeños, pero también nos dijeron que el verlos podía contribuir con la recuperación de su memoria, mamá ―respondió Steve.
―Qué bueno, aunque yo creo que lo mejor sería que estuviera aquí con nosotros, así con la familia sería más fácil que recordara cosas ―reflexionó Kate.
―Lo que pasa es que como tuvo esa crisis de pánico no pueden darlo de alta todavía, hasta que esté más estabilizado ―respondió Diego.
―En el hospital saben cómo cuidarlo, aunque yo también quisiera que ya estuviera aquí con nosotros.
―Ya lo hará, Abril, solo hay que tener un poquito más de paciencia y no nos daremos cuenta cuando ya esté en la casa ―aseguró Pablo.
―Eso espero, amor, pero sé que en el hospital está mejor que acá en caso de que se descompense, no sabemos cómo va a reaccionar cuando los recuerdos vuelvan a él.
―Va a reaccionar bien, Abril, ya lo verás, y va a recuperar su vida y seguirá como lo hacía antes, aunque tal vez haga algunos cambios ―expresó Diego.
―¿Cambios? ¿Por qué dices eso?
―Kate, parece que Robert no quiere seguir al lado de Susana y le pidió que se dieran un tiempo, lo cual por supuesto a ella no le gustó nada ―explicó Diego.
―¿Ella no va al hospital entonces?
―No debiera ir, pero hoy se apareció por allí y Robert pidió que la sacaran y que en adelante no la dejaran pasar.
―Ay, Diego, eso traerá problemas, conociendo a Susana, no se quedará con los brazos cruzados.
―Tenemos que ir viendo cómo se dan las cosas, Kate, ya veremos qué más se puede hacer si ella vuelve a entrar y Robert no quiere verla.
―Solo quiero que mi hijo esté tranquilo y se recupere pronto.
―Eso es lo que todos queremos, mamá, y así será, no lo dejaremos solo, es nuestro hermano y siempre estaremos con él ―aseguró Steve.
―Así es, todos estaremos a su lado, para lo que necesite, siempre.
―Gracias, Pablo, sé que es así, ustedes, los cinco, siempre han sido muy unidos ―expresó Kate.