Selena miró a Gonzalo. No le gustaba cuando él quería imponer su postura sobre la de ella.
―Gonzalo, me quedaré aquí mínimo la primera hora, quiero ver si hay alguna evolución.
―Selena, sabes que en la primera hora no lograremos nada, ve a tu casa a descansar y a estar con tu hijo ―insistió el doctor Freeman.
―Gonzalo, no me iré todavía, dije que esperaría por lo menos la primera hora y eso es lo que haré.
―Está bien, como quieras. Selena… mañana no estarás en turno y yo tampoco… ¿te gustaría salir conmigo y con Evans?
―Gonzalo, sabes que estoy con Félix y si salgo con alguien será con él y con Evans, no insistas, por favor.
―Selena, esa relación con Félix no te llevará a ninguna parte; hace un año que están juntos y él no formaliza nada.
―¿Y quién te dijo que yo quiero formalizar, Gonzalo? Yo quiero que nuestra relación sea así, no quiero un compromiso, sabes que estoy dedicada a mi trabajo y a mi hijo.
―Selena, yo quiero comenzar algo serio contigo…
―Gonzalo, mi relación con Félix es algo serio, solo que en nuestros planes no está el matrimonio, por lo menos, en mis planes no está el casarme.
―Pero tu hijo necesita un padre y sabes que yo encantado cumpliría ese rol.
―No, Gonzalo, yo no me casaré con nadie para darle un padre a mi hijo, él no lo necesita, me tiene a mí y con eso basta, yo sola lo he sacado adelante, no necesito la ayuda de nadie.
―Sé que lo has hecho sola, has sido padre y madre para Evans y lo has hecho excelente, pero tal vez necesite una figura paterna.
―Gonzalo, no insistas, nosotros somos amigos y todo seguirá como hasta ahora, no pidas más, no pidas algo que no puedo dar.
―¿Qué pasa con tus sentimientos? Cuando estás con Félix no veo en tu rostro ninguna emoción, no veo un sentimiento, actúas como si estuvieras con cualquier persona; si él no tomara tu mano todos pensarían que es solo un amigo.
―Gonzalo, no tengo por qué demostrarle a nadie mis sentimientos por Félix; no necesito hacerlo, esas demostraciones se hacen en privado.
―Sí, claro, pero tu mirada debiera demostrar algún sentimiento, Selena.
―Lo que yo siento por Félix solo lo sé yo, Gonzalo, no necesito demostrártelo a ti ni a nadie; ahora voy por un café y vuelvo.
―Bien, yo me encargaré del paciente, es mi turno y me corresponde.
―Está bien, lo sé.
―¿Vas a volver?
―Sí, claro, tomaré mi café aquí.
―Está bien, te espero.
Selena se dirigió a la cafetería del hospital; bebería su café y si no había ningún cambio en Robert, se iría a su casa.
En la cafetería pidió dos cafés y regresó al estar médico.
―Te traje uno, Gonzalo ―exclamó Selena, entregándole un vaso.
―Gracias, Selena, no debiste molestarte.
―No es problema para mí, Gonzalo, ¿algún cambio en el paciente?
―Nada aún, Selena, ¿por qué tanta preocupación? Sabes que es muy pronto para ver algo.
―Gonzalo, tú eres más duro, más frío, yo no; encontré a ese hombre que por poco muere, es lógico que me interese por su estado de salud y su evolución; a pesar de que soy médico me impactó verlo ahí sin saber si estaba vivo o muerto y luego la explosión… Fue terrible.
―Selena, has atendido pacientes que han llegado aquí por accidentes peores que este y lo haces con mucho profesionalismo, pero ahora es diferente.
―Es diferente porque yo lo rescaté, ¿no te das cuenta de que, si yo no hubiese pasado por ahí en ese momento, él ahora estaría muerto?
―Sí, es verdad, pero te noto demasiado involucrada.
―Gonzalo, son cosas tuyas, es lo que te expliqué, será mejor que me vaya.
―Selena, piensa en lo que te dije de mañana.
―No tengo nada que pensar, Gonzalo, mañana pasaré el día con Evans; esta noche me llamará Félix para organizar algo los tres.
―Selena…
―Nos vemos, Gonzalo.
Selena salió del estar médico y al pasar por la recepción se encontró con Alice.
―Doctora, ¿ya se va?
―Sí, Alice, pero quiero pedirle un favor.
―Sí, doctora, dígame.
―¿Usted podría comunicarme cualquier cambio en el paciente del accidente, por favor?
―Sí, claro, doctora, yo la llamaré si presenta algún cambio.
―¿Ubicaron a sus familiares?
―No, doctora, no ha venido ni llamado nadie.
―Bien, nos vemos, Alice, y no se olvide de llamarme, por favor.
―Descuide, doctora, estaré pendiente de él esta noche.
―Gracias, Alice.
―Por nada, doctora, descanse.
―Gracias, que tengan un buen turno.
―Gracias, doctora.
En ese momento entró una mujer y se acercó a la recepción.
―Señorita, buenas noches, necesito saber de un paciente que ingresó aquí por un accidente.
Selena, al escuchar la petición de la mujer, se quedó unos minutos más.
―Buenas noches, señorita, ¿cuál es el nombre del paciente? ―preguntó la recepcionista.
―Robert, Robert Ivanek, señorita, dígame algo, por favor.
―Sí, ingresó un paciente con ese nombre esta noche. ¿Usted es su familiar?
―Sí, soy su esposa, mi nombre es Susana González.
―Está bien, señora Susana, le avisaré al doctor que usted está aquí.
―Gracias.
Selena miraba a la mujer que preguntaba por Robert, era su esposa. Ella era alta, delgada, pelo liso oscuro hasta los hombros. Tenía la piel trigueña y los ojos café. Era muy bonita; Tendría unos treinta años.
Luego de que la recepcionista le avisara al doctor, Gonzalo salió a la sala para hablar con la esposa del paciente.
Después de darle la información de su esposo herido, el doctor entró.
La mujer se sentó en un sillón y se tomó la cabeza con ambas manos. Ella lloraba.
Alice se acercó a ella y le habló.
―Señora Susana, cálmese, debe estar tranquila, su esposo va a estar bien.
―¿Cómo me dice eso? Robert está con un coma inducido, no saben cuándo va a despertar.
―Ese es el tratamiento para estabilizarlo, cuando eso suceda, hay que ver cómo reacciona.
―¿Y cómo lo hará? Nadie lo sabe. ¿Solo hay que esperar?
―Están los médicos con él, todo el equipo médico está tratándolo, por eso le digo que debe estar tranquila. ¿Quiere que llame a alguien?
―No, gracias, llamaré a mi mamá.
―¿Quiere que la llamemos?
―No, no, gracias, lo haré yo.
―Está bien, cualquier cambio en el señor Ivanek se lo informaremos.
―Gracias, señorita, ¿cuál es su nombre?
―Alice, si necesita algo le dice a Paola, la niña de la recepción y ella me ubica.
―Gracias, señorita Alice.
Selena estaba aún en la recepción.
―Doctora, vaya a su casa, ya ha esperado bastante; la señora Susana llamará a su madre.
―¿A la madre de él?
―No, a la mamá de ella, eso me dijo.
―Bueno, Alice, me voy, cualquier noticia que tenga me llama, por favor, no se olvide.
―Lo haré, doctora, vaya tranquila.
Selena miró una vez más a la mujer que decía ser la esposa de Robert. Ella estaba hablando por teléfono. ¿Por qué no había llegado la familia de él? ¿Es que no les habían avisado?
Subió al auto y condujo a su casa. Tomó la carretera y al pasar por el lugar del accidente vio a funcionarios de rescate trabajando allí, tratando de retirar lo que había quedado del automóvil de Robert.
Selena continuó manejando y comenzó a recordar.
Cinco años antes, ella conoció a Robert. Él trabajaba en una empresa de minería. Era el CEO.
Ella y dos médicos más fueron a la empresa a dar una charla sobre prevención de riesgos y Robert, como el CEO de la empresa, estaba presente.
Cuando ella y sus colegas entraron a la sala de reunión, él y otros gerentes estaban presentes.
En el momento en que ella se presentó, Robert la miró serio y le dijo:
―Buenos días, doctora, bienvenida.
―Señor Ivanek, mucho gusto.
La hora y media que duró la reunión, él no dejó de mirarla. Ella en algún momento lo miraba y cuando no lo hacía sentía la mirada de Robert en ella y, aunque eso la ponía algo nerviosa, no lo demostraba.
Cuando terminó la reunión, Robert se acercó a la chica.
―Doctora Dreckmann, ¿aceptaría tomar un café conmigo?
―Señor Ivanek…
―Es solo un café en agradecimiento a la reunión de hoy.
―Es mi trabajo.
―Para mí es más que eso, es su tiempo y su disposición también.
―Gracias, acepto su café.
―Muchas gracias, doctora, vamos.
Salieron juntos del edificio hacia el estacionamiento y subieron al auto de Robert.
Él la llevó a una de las mejores cafeterías de la ciudad.
―Selena… ¿puedo llamarla así?
―Sí, no hay problema, Robert.
Él sonrió.
―Parece que nos estamos entendiendo, Selena.
―¿Usted cree?
―Espero que sí, solo quiero conocerla un poco.
―Robert, si quiere conocerme yo también quiero conocerlo; cuénteme un poco de usted, de su vida, lo que quiera.
―Mi vida no es nada interesante.
―Vamos, cuénteme, yo decido si es interesante o no, ¿de acuerdo?
Robert la miró y sonrió. Ella era directa y no se amilanaba con nada al parecer y eso le llamó la atención y le agradó, aparte de que era muy bonita y sensual, era muy atractiva y llamaba mucho su atención. Él esperaba que ella no estuviera comprometida.
―Ah, ¿sí? entonces le contaré.