**Capítulo 3: "La Maldición Revelada"**
Bueno, ahí estábamos, en el bosque de Roca Luna, yo, Elara, y Aric, el líder de los hombres lobo, caminando hacia un claro iluminado por la luna. Todo tenía esa vibra de que el bosque escondía secretos que estábamos a punto de descubrir, ¿te imaginas?
Aric, con su mirada re intensa, larga la historia de la maldición que había caído sobre su pandilla. Resulta que hace siglos, un amor prohibido entre un hombre lobo y una humana se mandó una cagada, desatando la furia de las fuerzas sobrenaturales. La maldición, básicamente un castigo por desafiar las leyes del equilibrio, se venía transmitiendo como cadena de w******p entre generaciones.
—El amor verdadero es la única llave para romper la maldición —suelta Elara, acordándose de la antigua leyenda—. Pero, ¿cómo sabemos si eso es posta?
Y yo, con mi radar de percepción a full, siento las dudas que le están dando vueltas en la cabeza a Aric. Mientras desenredamos la madeja de la maldición, encontramos pistas que nos llevan a un altar antiguo en lo más profundo del bosque. Un lugar donde las energías de la luz y la oscuridad se juntan a chismear.
Siguiendo la intuición de un servidor y el eco de nuestros pasos, llegamos al altar. Ahí, entre las sombras bailongas, encontramos un pergamino antiguo que contaba los chismes de los amores perdidos y la maldición que tenía al pueblo y a la pandilla de hombres lobo en un aprieto.
El pergamino, más gastado que zapatillas viejas, nos cuenta la historia de Isabella, una humana, y Lukas, un hombre lobo. Su amor prohibido fue como prender un fósforo en un polvorín y detonó la maldición. A Elara casi se le escapa una lagrimita al leer cómo Isabella se sacrificó por amor, sellando la maldición que nos persiguió por siglos.
—Este altar es el epicentro de la maldición —tiro yo, sintiendo las texturas del pergamino—. Pero también es la llave maestra para romperla.
Decididos a resolver el misterio, los tres arrancamos un ritual que parecía sacado de un manual ancestral. Siguiendo las instrucciones del pergamino, Elara y yo juntamos nuestras fuerzas, canalizando el poder del amor verdadero. Aric, entre esperanza y un poco de cagazo, se prende a la conexión, sintiendo cómo la maldición tiembla frente al poder del amor puro.
La luz de la luna se pone más intensa mientras el ritual sigue su curso. El bosque parece hablar en susurros antiguos, como si la naturaleza misma estuviera mirando el desenlace de esta pelea entre la luz y la oscuridad.
De golpe, una ráfaga de energía nos envuelve, iluminando la noche con un resplandor celestial. Aric, con ojitos de asombro, siente cómo la maldición se disuelve. Elara, con lágrimas de alegría, cae en la cuenta de que logramos lo imposible: romper la maldición que tenía de los pelos a los hombres lobo y al pueblo de Roca Luna.
El bosque, testigo de la redención y la liberación, parece aprobar mientras las sombras se retiran, revelando un nuevo amanecer para todos. Aric, cambiado por la experiencia, se arrodilla ante Elara y yo, tirando palabras de agradecimiento que suenan a una nueva comprensión del amor y la redención.
Con la maldición fuera de juego, Roca Luna arranca una nueva etapa. La noticia corre por el pueblo y la pandilla de hombres lobo, que ahora son libres como pájaros. La paz se instala, y los aldeanos dejan de tener miedo de los hombres lobo, ahora los ven como guardianes del bosque, re buena onda.
Ahí estamos, Elara, Aric y yo, mirando el horizonte con esperanza. Pero mientras festejamos la victoria, se empieza a colar una sombra desconocida en el horizonte, amenazando con traer nuevas movidas oscuras sobre Roca Luna.
(Continuará...)