**Capítulo 8: "Sombras del Destino"**
El sol estaba a full en Roca Luna, iluminando las caras felices de los aldeanos que se estaban preparando para el día del renacer. Los pétalos de la flor copada decoraban las calles, recordándonos a todos que le ganamos a las sombras del pasado. Aunque la tríada estaba en la movida festiva, una sensación rara flotaba en el aire.
Durante la fiesta nocturna, una figura encapuchada apareció en el claro del bosque, moviéndose entre las sombras. Adrian, Elara y Aric, alertas porque algo olía a chamuyo, se dirigieron al bosque y se toparon con la figura, cuya presencia daba un mal rollo.
La figura resultó ser Erelith, un hechicero antiguo que lo habían rajado de las fuerzas del bien siglos atrás. Erelith, lleno de rencor y ganas de venganza, había estado mirando desde las sombras la vuelta a la vida de Roca Luna y la paz aparente que había en el pueblo.
—Su victoria contra Malachai e Isabella fue solo el comienzo —tiró Erelith con una risa fría—. Estoy aquí para recordarles que el equilibrio siempre se acomoda.
Erelith tiró una ráfaga de energía oscura, creando un muro que separaba a la tríada del resto del pueblo. Los aldeanos, ni enterados del peligro, seguían con la farra, sin darse cuenta de que se les venía la noche.
—Este muro les dice que el destino no se puede eludir. La luz y la oscuridad siempre se buscan equilibrar —advirtió Erelith, con sus ojos brillando con un resplandor oscuro.
La tríada, con la urgencia en el cuerpo, se enfrentó a Erelith en una batalla mágica. Pero el hechicero oscuro era todo un hueso duro de roer, usando conocimientos antiguos y poderes oscuros que eran un misterio para la tríada.
Mientras la pelea se ponía más intensa, Erelith reveló sus verdaderas intenciones. Quería liberar una fuerza ancestral que estaba escondida en Roca Luna, una fuente de poder que podía inclinar la balanza hacia la oscuridad. La tríada, sabiendo que se les venía la noche, peleó con todo para proteger al pueblo y deshacer los trucos mágicos que Erelith estaba tejiendo en las sombras.
En un momento crítico de la batalla, cuando la tríada parecía estar a punto de rendirse, los pétalos de la flor brillante que llevaban empezaron a iluminarse. Una energía purificadora emitió un brillo que rompió el muro de Erelith, mostrando la posta oculta detrás de su magia oscura.
Resulta que los pétalos, con la bendición de Isabella, tenían el poder de combatir la oscuridad que Erelith estaba manejando. La tríada, renovada por esta revelación, usó la luz de los pétalos para un contraataque que dejó al hechicero oscuro en offside.
Erelith, derrotado y debilitado, se fue entre las sombras, prometiendo volver cuando los hilos del destino le jugaran más a favor. El muro que separaba a la tríada de los aldeanos desapareció, y Roca Luna quedó en un silencio raro.
La tríada, cansada pero con el puño en alto, se juntó con los aldeanos, que, medio confundidos por la interrupción de la fiesta, buscaban respuestas. Adrian, Elara y Aric tiraron la posta sobre la amenaza que todavía estaba flotando en las sombras y la importancia de estar alertas.
En los días que siguieron, Roca Luna se puso en modo preparación constante. La tríada, con los aldeanos en la movida, fortaleció las defensas del pueblo y buceó en conocimientos antiguos para enfrentar los desafíos que venían. La flor brillante, ahora más fuerte que nunca, se convirtió en el faro de esperanza que guiaba a Roca Luna en la oscuridad.
Mientras el pueblo se unía en la mala, la tríada reflexionó sobre la naturaleza del destino y la constante lucha entre la luz y la sombra. Sabían que, aunque el equilibrio buscara acomodarse, también traían la fuerza de la unidad y el amor, que podían inclinar la balanza a su favor.
En el claro del bosque, bajo la luz de la luna que brillaba entre las ramas de los árboles, la tríada se abrazó, sintiendo la responsabilidad en los hombros y la esperanza que todavía crecía en sus corazones. Con la sombra de Erelith rondando en el horizonte, estaban listos para encarar los desafíos que el destino les tenía preparados y proteger la paz que habían luchado tanto por conseguir.
(Continuará...)