**Capítulo 10: "El Baile del Destino"**
El Orbe de las Sombras estaba ahí, brillando en su templo, como el salvador de onda en medio de Roca Luna. Después de superar las pruebas que el destino nos mandó, estábamos mirando con cara de póker la paz que se instalaba en el pueblo. Pero, como siempre, sabíamos que la joda entre la luz y la oscuridad nunca iba a dar por terminada.
Mientras Roca Luna disfrutaba de su momento de relajo, un soplo en la brisa de la noche nos avisaba a nosotros, la tríada, de que una nueva amenaza estaba tomando forma en las sombras. Un eco lejano de un antiguo quilombo, un recordatorio de que el destino seguía armando su trama de manera misteriosa.
Ahí llegó un visitante inesperado, un viejito sabio llamado Theron, con la posta de conocimientos antiguos y visiones del futuro. Theron nos largó que una profecía antigua estaba flotando sobre Roca Luna, una profecía que hablaba de un evento astral re loco que iba a cambiar todo.
Según la profecía, se venía una Luna de Sangre en el cielo, señalando el comienzo de eventos que iban a poner a prueba los lazos entre humanos y hombres lobo. Nosotros, la tríada, siendo los guardianes del equilibrio, teníamos que plantarle cara a esta Luna de Sangre y evitar que la oscuridad la hiciera de dueña en Roca Luna.
Con el corazón pesado de deber, nos pusimos en marcha para entender qué onda con la Luna de Sangre y cómo podíamos frenar las sombras que se venían. Theron, con sus pergaminos antiguos y chucherías místicas, nos guió en un viaje a través de la historia olvidada de Roca Luna.
Ahí descubrimos que la Luna de Sangre era un evento celestial que pasaba una vez cada mil años, cuando la luna se pintaba de carmesí. Pero esta Luna de Sangre tenía un significado más profundo: era como un puente entre los reinos de la luz y la oscuridad, dejando que fuerzas ancestrales se pasearan por el mundo de los mortales.
Nosotros, entendiendo que este evento estaba conectado al destino de Roca Luna, nos preparamos para enfrentar las sombras que se iban a largar con la Luna de Sangre. Theron nos dijo que iban a aparecer criaturas antiguas, mitológicas, alimentadas por la oscuridad, que iban a tratar de romper el pacto entre humanos y hombres lobo, poniendo en peligro la frágil paz que habíamos armado.
A medida que se acercaba la noche de la Luna de Sangre, Roca Luna estaba a punto de explotar de la tensión. Los aldeanos, sabiendo que venía quilombo, se pusieron las pilas en los preparativos para la batalla que ya se veía venir. Nosotros, la tríada, tomamos la posta liderando entrenamientos y reforzando el pueblo, tratando de proteger a la gente de las sombras que se venían.
Finalmente, llegó la noche de la Luna de Sangre. El cielo se puso rojo, y una sensación rara se apoderó del bosque. Nosotros, la tríada, junto con los aldeanos y la manada de hombres lobo, nos juntamos en el claro del bosque, donde la Luna de Sangre tiraba una luz siniestra sobre todo.
De las sombras aparecieron criaturas antiguas, como bichos mitológicos que se habían olvidado con el tiempo. Nosotros, la tríada, encaramos estas criaturas con toda la buena onda, usando la esencia de la flor resplandeciente y el poder del Orbe de las Sombras para mandar a correr las fuerzas oscuras.
Pero en el clímax de la batalla, apareció una figura que ya conocíamos entre las sombras: Erelith, el hechicero oscuro que había sido vencido pero no olvidado. Erelith, ahora alimentado por el poder que la Luna de Sangre le daba, buscaba venganza y quería largar una oscuridad que iba a consumir todo.
Nosotros, sabiendo que esta pelea iba a ser la más jodida hasta ahora, nos enfrentamos a Erelith con toda la determinación. Cada uno de nosotros canalizó nuestra fuerza y amor, armando una barrera de luz contra la oscuridad que Erelith largaba.
La Luna de Sangre llegó a su punto más alto cuando nosotros, en un acto de pura unión, canalizamos nuestro poder combinado en un resplandor que desafiaba la oscuridad de Erelith. La luz de la flor resplandeciente, el Orbe de las Sombras y el vínculo irrompible entre Adrian, Elara y Aric actuaron como un faro de esperanza.
Erelith, sin poder resistir la fuerza de la tríada, quedó envuelto en la luz purificadora. La oscuridad que lo había alimentado se disipó, mostrando la figura agotada y derrotada de un hechicero que se había perdido en su búsqueda de poder.
Con Erelith derrotado, la Luna de Sangre empezó a desaparecer, dejando que el cielo volviera a su tono plateado. Roca Luna, aunque marcada por la batalla intensa, estaba a salvo una vez más.
En el claro del bosque, nosotros, la tríada, nos abrazamos, sintiendo la victoria sobre las sombras que amenazaban nuestro hogar. Aunque sabíamos que el destino iba a seguir siendo un baile entre la luz y la oscuridad, también entendíamos que nuestro amor y unidad eran la fuerza que mantenía el equilibrio.
Roca Luna, agradecida por nuestra valentía, celebró la victoria con una nueva decisión de proteger la paz que habíamos peleado tanto por alcanzar. Mientras el bosque suspiraba aliviado y los