Justo cuando la familia terminaba de cenar, sonó un golpe en la puerta del comedor y Clive asomó la cabeza para decir que Stefan había pedido ver a Sheldrake. Sheldrake se limpió bien la boca con la servilleta antes de informar a Clive de que lo verían en el salón en quince minutos. —Y baja el buen oporto de Montreya que Argyve me regaló la otra semana. —Sonrió a Maud—. ¿Nos acompañarás, querida? —Lo haré. No quiero que Stefan se interponga en el camino de sólo conferenciar contigo, ¿verdad? Además, quiero un poco de ese oporto. Terminaron su café, dieron las buenas noches a Jayhan y Eloquin y se dirigieron a la planta baja. Se encontraron con Stefan en el pasillo, en cuclillas, empeñado en acariciar a un gran gato carey bajo la barbilla. El gato ronroneaba y se apretaba contra sus rod

