—¿Qué pasa con el cuerpo de mi padre? ¿Qué hiciste con eso?— pregunto con falso tono entrecortado. —No te gustaría saberlo—dice con tono de sorna. —Por supuesto que sí. Era mi padre. ¿Lo quemaste como lo hiciste con mi prometido? Ante la palabra prometido, me lanza una mirada de indignación. —Sí. Quemé el cuerpo del bastardo de tu padre, de la misma manera que quemé a tu amado prometido. Deseé haberle cortado la cabeza, de la misma manera que le corté la cabeza a Felipe. Debería haber dado de comer sus cabezas a los perros antes de irme. —Monstruo—jadeo. Antes de que pueda decir otra palabra, su mano se estira y se cierra alrededor de mi garganta. Aprieta tan fuerte que veo estrellas y mi respiración se corta por completo. —¿Soy un monstruo? ¿En serio? Supongo que eso es lo que te p

