Alessandro —Te escuché en la ducha—murmura la princesa, mirándome con cautela. Siempre con cautela. Ella se fija en mis músculos y en los tatuajes que sé que la asustan. No estoy seguro de si conoce todos sus significados, pero la vi mirándome los nudillos esta mañana. Si supuso que los tatuajes de anillos en mis dedos eran tatuajes de prisión, tenía toda la razón. Sin embargo, los tatuajes a los que ella debe temer no son los de la prisión. Son los del liderazgo de la Bratva en mis hombros y pecho los que le dicen qué clase de monstruo soy. Estoy cubierto, así que eso debería darle una buena suposición. O tal vez ella lo sabe. Monstruo fue como me llamó ayer. No estaba equivocada. —¿Por qué no te uniste a mí?—me burlo. Como era de esperar, se ve desconcertada por la pregunta, e inc

