CAPÍTULO IV

969 Words
¡Era el momento! Era el momento de poner mis sentimientos en orden y no flaquear ante la situación, que si bien ameritaba un par de días más para meditarlo, no era un lujo que pudiera darme. Había estado pensando todo el fin de semana en lo que había sucedido en la oficina, pero nada más que solo recordarlo hacía falta, para que por las noches me despertara húmeda y con el cuerpo caliente y me tocara tomar una ducha fría para que se me pasará. Cómo lo había hecho esa mañana antes de todo el desorden, entre pasos lentos y manos temblorosas, entré en la oficina y me senté en el lado del escritorio. No, no tenía un escritorio propio como otras asistentes, de hecho mi lugar de trabajo era en el mismo espacio de Andrew. Para mi fortuna, no estaba, así que pude respirar tranquila, sentarme a organizar carpetas con normalidad y revisar la agenda del día para Andrew. Todo estaba marchando a la perfección, mis nervios se habían tranquilizado un poco, mis músculos ya no estaban tan contraídos y mi cabeza había dejado de reproducir aquella imagen de él y su jodida mirada mientras me tocaba y casi me besaba. Creí que quizá todo había vuelto a la normalidad, hasta que la puerta se abrió y por ella cruzó un serio y calculador Andrew, ignorando prácticamente mi presencia. Se sentó en su escritorio dejando el saco en el respaldo de su asiento, tomó las carpetas que yo ya había organizado y se dedicó a leer y firmar. Le ofrecí un café, no quiso, le ofrecí galletas y tampoco quiso, le ofrecí tregua y me ignoró, le ofrecí mi corazón y me miró como quien mira a Elmo en un bar. Bueno, miento. Eso último jamás pasaría Habremos pasado dos horas quizá, ignorando la presencia del otro, fingiendo que nada había pasado y tratando de hacer que el ambiente fuera normal. Ni él me estaba gritando, ni yo lo estaba fastidiando. Un minuto, una palabra, un solo instante sería suficiente para romper con aquella paz, si es que podía darle ese nombre. Cuando las carpetas se acabaron y la hora del almuerzo llegó, como ya estaba establecido, me levanté para ir a la cafetería y comprar un croissant y una Coca-Cola. Sin embargo, su voz ronca y seca me detuvo. — hoy no saldrás a almorzar. Si bien quería provocarme, lo estaba logrando. No había desayunado, no había merendado y sentía mi estómago frágil y adolorido, así que aunque él no quisiera, tomaría mi hora de almuerzo como era debido. Además, era la única hora del día en la que podía hablar por teléfono con Adrien un rato. — ¿Estás loco? — cuestioné. — ¡Es un derecho mío! — Es un derecho que yo le doy y hoy no se lo quiero dar, señorita White. — se levantó y cerró la puerta con seguro. Cuando hizo eso, no pude evitar sentir como mi cuerpo volvía a tensarse y mi respiración se ralentizaba… era como tener claustrofobia, pero solo si era un lugar cerrado en el que estuviera él. Únicamente nosotros, solos. — Quiero establecer las reglas que deberá cumplir de ahora en adelante. — le dio vuelta a mi silla para que lo viera de frente, se cruzó de brazos como todo una figura de autoridad y habló: — de ahora en adelante me tratas de "Usted" no aceptaré ningún tipo de confianzas, llegarás media hora antes y si pido que trabajes en la noche, lo harás… — ¡Eso no…! — viajo muy seguido, tengo dos empresas en mi poder y a mi cargo, así que mi asistente debe estar lista para trabajar bajo presión. Lo escuché atenta, mirando hacia el piso, mordiendo mi lengua para no cantarle todas mis groserías en orden alfabético desde la "A" a la "Z". — Soy amigo de sus hermanas y de su hermano, usted es simplemente mi empleada. No olvide eso. Sacó más carpetas del archivo y me dice ordenarlas de nuevo. — ¿Qué? ¡Esas ya las había ordenado! — bueno, en su trabajo ¿o no?. Cuando terminé de organizar esas carpetas, quiero que busque la mejor floristería de la ciudad y encargue un arreglo de flores para mi novia, no importa el costo. Leti le puede proporcionar con la dirección. Tomó su saco, su laptop y salió de la oficina sin darme la oportunidad de refutar. Bueno, no todo había regresado a la normalidad al parecer. Ahora estaba más insufrible que antes y no sabía si podría aguantar. Organice la agenda tal y como lo había pedido, organicé nuevamente las carpetas y con un sabor agridulce en la boca, llamé a la floristería y pedí el arreglo de flores que el jefe con tanto amor quería enviarle a su novia. Me preguntaba si con ella no era igual de tosco y amargado. Sería extraño, me podía imaginar a un Andrew amable o detallista… la sola idea daba miedo. Lo que me dio la dirección así que no fue difícil cumplir con la encomienda. El resto del día continuó con un poco de tranquilidad, Y sí, sólo un poco. Cuando Andrew regresó, yo ya había terminado con todo lo que me había pedido. Supongo que por no haber tomado mi hora de almuerzo, había terminado un poco antes. — Todo listo. — informé al sujeto de cabello castaño y ojos exóticos que ahora estaba frente a mí, en su asiento tras el escritorio. — es mi hora de salida. Me miró de reojo y como si fuera cualquier cosa, sacudió su mano, despachándome de su oficina. ¡Idiota! Ese había sido el día más cansado y molesto de mi vida, y algo me decía que desde lo sucedido, todos los demás días serían igual.
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