— ¡Amor…! — me arqueé desesperada en la cama. Pero aunque mi cuerpo estaba hirviendo y la necesidad en mi sexo se estaba volviendo dolorosa e incontrolable, sabía que no se detendría. No hasta que yo dijera aquella palabra, y no la diría. — Cada parte de ti… — me miró lleno de deseo y lujuria. — cada centímetro, amor, lo amo. Me quedé quieta un segundo y cuando su aliento golpeó en mi susceptible feminidad, me desesperé por soltarme en la cama. Quería tocarlo, acariciarlo, pero él tenía el control. Metió su lengua en mi entrada y lentamente empezó a hacer maravillas con mi clítoris. — ¡Mmm! Mis jadeos lo alentaban a ir más profundo, a sorber con más fuerza y aunque estaba a punto yo de decir la palabra por pura vergüenza, el delicioso placer que me regalaba, me lo impedía. Era úni

