( … ) Una vez dentro y por fin libre de los buitres con cámara, me vi en la bochornosa necesidad de quitarme los zapatos, ya que no soportaría un segundo más con ellos puestos. Y eso que la noche apenas empezaba. Algunas de las personas que entraban al majestuoso castillo blanco de florida, se sorprendían o se ofendian al verme, pero como no eran ellos los que sentían mi dolor, me tenían sin cuidado. Sentí un embriagante aroma a Musk y lavanda, mezclado con canela, y cerré los ojos al sentir esas manos que reconocía, con cada molécula de mi cuerpo, tomar mi cintura y jalar de mis caderas hacia atrás. — Dicen que las mujeres más sexys se quitan los zapatos en un lugar público y mandan al carajo la elegancia. Me vi petrificada en mi lugar, sin ser capaz de mover un solo músculo, al es

