Por alguna razón y por lo general, los momentos que más felices nos han hecho, son los que más evitamos recordar. Evitamos no mirar hacia atrás y si nos vemos en la terrible necesidad de traerlos de vuelta, los terminamos odiando. ¿Por qué?. Es simple. Porque sabemos que no volveremos nunca a ser tan felices como lo fuimos en ese momento, que aquello quedó en el pasado, y es ahí, cuando en el son de no querer soltar a regañadientes aquellos instantes, nos quedamos viviendo en el pasado, totalmente amargados con la vida, cerrándonos al presente y a un posible futuro. Era una mañana más fría que de costumbre. Me desperté, le di un beso al hombre de mi vida, se despertó y como si la noche no hubiera sido suficiente, me hizo suya con tanta ternura esa mañana. Después de una hora luchand

