- doce. -
- 'Su dulce castigo' -
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Yo siempre me comporto
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A menos de que sea contigo
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━━MIRANDA VIO COMO LOS FOROS del Mercedes se acercaban al parque.
La policía se había ido y también la camioneta con la ropa de Miranda.
Veronica había sido lo suficientemente inteligente como para llevar su ropa a la piscina, por lo que estaba completamente vestida, lo que no se puede decir de Miranda.
Cuando el auto se detuvo en el estacionamiento donde esperaban las chicas, el cuerpo de Miranda tembló visiblemente, pero no fue por el frío, fue por el nerviosismo de lo que él diría o haría cuando la viera.
El coche se detuvo junto a ellas y entraron a regañadientes, cada uno temiendo a la autoridad por sus propias razones.
Veronica se sentó en el frente mientras Cheryl y Miranda se sentaron en la parte de atrás, donde podía sentir sus ojos en el espejo retrovisor.
Ella simplemente no podía mirarlo.
Si lo hacía, él sabría que estaba borracha, si es que no le había llegado el olor del licor.
─No te enojes, papi─ Dijo Veronica mientras el auto salía del estacionamiento.
─¿Qué no me enojes?─ Él dijo ─¿Me haces salir de una reunión importante para recogerte de una fiesta ilegal en la que obviamente has estado bebiendo con tu amiga semidesnuda, mientras que el otra está drogada como una maldita cometa y esperas que no me enoje?─
─Tiene razón─ Dijo Cheryl, estallando en carcajadas ─Estoy drogada─
─Está bien, puedes estar enojado─ Dijo Veronica.
─Maldita sea, puedo estar enojado─ Dijo Hiram, atrapando la mirada de Miranda en el espejo retrovisor ─¿Dónde está tu ropa?─
─La dejé en la camioneta─ Dijo Miranda.
Si no la hubiera visto ya desnuda, habría sido mucho más incómoda estar medio desnuda frente a él.
─¿De quién es la camioneta?─
─Munroe─ Dijo Veronica.
─¿Un chico?─ Cuestionó Hiram.
─Obvi, vinimos aquí con el equipo de fútbol─ Dijo Cheryl, ganándose una fuerte mirada de Veronica y Miranda.
Miranda estaba segura de que estaba a punto de explotar y empezar a gritar, esperaba que lo hiciera.
Pero no lo hizo.
Se quedó callado.
Lo que de alguna manera era más preocupante que si hubiera gritado.
Su silencio duró todo el camino hasta al apartamento, donde estacionó el auto para que Cheryl pudiera vomitar.
Allí, se desabrochó el cinturón de seguridad y se quitó el abrigo para dárselo a Miranda.
Cuando se volvió para entregárselo a ella, sus ojos vagaron por su cuerpo y se percataron de su estado.
No hace falta decir que no parecía muy feliz.
─Gracias─ Dijo Miranda, colocándose el abrigo que olía a él sobre su cuerpo.
Él no respondió, solo puso el auto en marcha y continuó por la carretera.
─¿Tus padres saben a dónde fuiste?─ Él pregunto.
─No─ Admitió ella ─Creen que estoy estudiando─
─No podemos dejarla así, papá. Al menos déjame darle algo de ropa─ Dijo Veronica.
─Está bien─ Estuvo de acuerdo secamente.
Cuando llegaron a su casa, Miranda salió del auto a trompicones.
No había podido decirlo mientras estaba sentada, pero estaba realmente borracha.
El alcohol la golpeó como un autobús cuando se puso de pie, tanto que casi se cae.
─Cuidado─ Dijo, agarrándola por la cintura antes de que pudiera caer ─¿Estas borracha?─
─Un poco─ Mintió Miranda.
─Está bien, ropa y una ducha para recuperar la sobriedad─ Dijo Veronica, tomando a Miranda de su padre y llevándola adentro.
Veronica se duchó en su habitación mientras que a Miranda le dieron un baño en una de las habitaciones de invitados.
La cabeza le daba vueltas y vueltas, pero el agua fría de la ducha ayudó a atenuar los efectos del tequila.
Necesitaba pan o algo para bajar el alcohol.
Al salir de la ducha, se envolvió en una toalla completamente blanca y entró en la habitación de invitados donde Hiram la estaba esperando en el borde de la cama junto a un montón de ropa.
Él la miró y ella se preparó para enfrentar su ira.
─Ven aquí─ Dijo, palmeando el lugar junto a él, opuesto a la ropa.
─¿Qué hay de Veronica?─ Miranda miró la puerta cerrada.
─Todavía está duchándose─
Miranda asintió y se sentó a su lado, sosteniendo la parte superior de su toalla para que no se cayera.
Él la miró, sus ojos fríos y su mandíbula apretada.
Estaba segura de que empezaría a gritar.
En cualquier momento.
─Sube a la cama─
─¿Qué?─ Ella frunció el ceño, sin estar segura de haberlo escuchado bien.
─Me escuchaste─
Aparentemente ella lo había escuchado bien.
Se empujó más sobre la cama hasta que estuvo lo suficientemente lejos del borde para acostarse.
Bien...ahora él le gritaría, le mostraría lo enojado y molesto que estaba, amenazaría a todos en el equipo de fútbol.
Hiram se acercó más a la cama con ella y colocó su cuerpo sobre el de ella, mirándola, con el rostro todavía frío.
¿Le gritaría ahora?
Su mano subió lentamente por su pierna y entre sus muslos.
Tenía que haber estado soñando.
Esto no puede ser real.
─¿Qué estás haciendo?─ Preguntó, tratando de averiguar por qué no estaba expresando su enojo.
─Shh─ La silencio, mientas su mano se deslizaba por debajo de la toalla.
Sus piernas se abrieron para él y se mordió el labio, esperando que él la tocara donde ella quería.
Ella cerró los ojos, su necesidad por él crecía.
Ella lo deseaba, incluso si no tenían mucho tiempo.
Ella lo deseaba tanto.
─Mírame─ Dijo.
Abrió los ojos para encontrarse con los de él y él finalmente llevó sus dedos a donde ella más los quería.
Dejando escapar un suspiro tembloroso, lo miró con ojos suplicantes mientras él la frotaba allí tan lentamente que era enloquecedor.
─Por favor─ Dijo.
Con cuidado, deslizó un dedo dentro de ella, seguido de otro y los deslizó lentamente hacia adentro y hacia afuera.
Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, gimiendo.
─Mírame, Miranda─ Dijo.
Obligándose a abrir los ojos, lo miró de nuevo.
Aumentó la velocidad haciéndola morder su mejilla para evitar gritar.
─¿Te gusta eso?─
Ella asintió rápidamente en respuesta.
Fue incluso más rápido, tocándola repetidamente por dentro en su punto más sensible.
Esta vez ella gritó, no pudo evitarlo.
Su mano le tapó la boca para calmarla, o al menos para ahogar sus gemidos que escapaban libremente a su mano.
Ella solo quería que él supiera lo bien que la estaba haciendo sentir.
─¿Debo seguir?─ Dijo, con los ojos llenos de lujuria.
Ella asintió con la cabeza contra su mano, su cuerpo temblaba por él.
Se estaba acercando, solo necesitaba un poco más. Sus ojos se cerraron de nuevo.
─Miranda─ Dijo con voz dura.
Los obligó a abrirse para encontrarse con sus ojos de nuevo.
─¿Estás cerca?─
Asintió rápidamente, sintiendo que se acercaba al orgasmo.
Sin embargo, por alguna razón, detuvo todo lo que estaba haciendo y le sacó los dedos.
─Hiram─ Gimió ella, mirándolo con confusión y frustración.
─¿De verdad esperabas que te hiciera venir después de lo que hiciste esta noche?─ Dijo bajándose de la cama.
Ella lo miró, estupefacta y enojada.
Él la había jugado.
─Ahora vístete, se hace tarde─
Y con eso, la dejó sola en la habitación acostada en la cama sexualmente frustrada e insatisfecha sin fin.
Entonces este fue su castigo.
Fue brutal.
Pero tenía que admitir que fue muy eficaz porque sabía que nunca volvería a hacer lo que hizo esta noche.