La desesperación de dos amantes deseosos el uno del otro hizo que Adrien pasara varios semáforos en amarillo para no demorarnos, mientras yo besaba su cuello y tocaba su m*****o por encima de su pantalón. Al entrar al departamento, Adrien me aprisiona contra la pared y me quita la ropa con rapidez sin dejar de besarme, con una agilidad impresionante, no puedo evitar gemir cuando baja sus labios por mi cuello y tira de mi cabello hacia atrás para tener más acceso, me besa, me muerde y chupa. Llevo mis manos hacia su pelo y lo jalo, de modo que ahora Adrien me mira, sus pupilas están dilatadas y toda la expresión de su rostro es deseo puro, tal como me gusta, sonrío maliciosamente y nos doy vuelta, de modo que ahora, Adrien está apoyado en la pared. Abro su camisa de un solo tirón, algunos

