Adrien me llevó a una cafetería, tenía puesto en nombre “Le peloton cafe”, era muy bonito, tenía amplios ventanales, las sillas de madera tenían diseños, y cuando entramos el olor a café y la calidez del lugar me hicieron cerrar los ojos, yo era una fanática del café y de las cafeterías, y planeaba conocer cada una en parís, empezando por esta.
Había llegado en una estación que era mi favorita, el invierno, donde más tomaba café.
—Sentémonos ahí —dice Adrien apuntando hacia una de las mesas de atrás, yo asiento y lo sigo, Adrien pone una mano en mi cintura escoltándome hacia la mesa.
—Bonjour, ¿Qué van a servirse? —pregunta una chica pelirroja acercándose a nosotros, nos da a cada uno una carta pero no la leo.
—Quiero un sabor mocca, el mejor que tengan —digo, ella asiente.
—¿Y usted señor? —
—Lo mismo —dice
Cuando la camarera se va, miro hacia fuera, las personas van abrigadas pero se ven tan felices, tranquilos que yo simplemente me siento cautivada de verlas.
—¿Qué miras tanto? —me pregunta Adrien sacándome de mis pensamientos, yo lo miro.
—A las personas —
—¿A las personas? —pregunta confundido—. ¿Es que en tu ciudad no hay personas? —dice divertido, yo ruedo los ojos.
—Se ven felices —digo, él asiente—. Allá todos se ven estresados, infelices, seguramente haciendo trabajos que no los llenan por completo, no lo sé, simplemente me parece bastante curioso, tú no ves este tipo de expresiones allá, la gente anda corriendo por todos lados, enojada, irritada, no les importa si te pasan a llevar o algo —
—Vaya eso suena como un infierno —dice, yo asiento.
—Lo es, hasta el momento no quiero irme de aquí —digo riendo.
La chica llega con nuestros cafés, en tazas pequeñas y con un corazón dibujado al medio, huelen muy rico.
—Profiter beaucoup —dice ella sonriendo, algo sabía de Francés, así que entendí que ella desea que lo disfrutemos.
—Se ve muy rico —digo sonriendo.
—¿Eres de esas personas aficionadas al café? —pregunta sonriendo.
No sé si lo dije antes, pero tenía una sonrisa hermosa, y un pequeño hoyuelo se hacía presente en su mejilla izquierda.
—Lo soy, la verdad quiero conocer todas las cafeterías de París, y todos los sabores de café, en mi hogar siempre están las mismas —digo, él asiente.
Le da un sorbo a su café.
—No me lo quiero tomar, se ve muy bonito —digo riendo, Adrien ríe—. Le sacaré una foto —digo.
—Es todo un caso, señorita Agatha —dice moviendo la cabeza.
—Hace años que no salgo de vacaciones, quiero disfrutarlo al máximo —digo.
—Quisiera poder acompañarla en esta travesía suya, claro, si no le molesta —dice, me lo quedo mirando.
—Bueno me parece bien, usted es de aquí y sabe muy bien dónde está todo —digo.
Al final le doy un sorbo a mi café, cierro los ojos, mi paladar definitivamente estaba completamente deleitado con el sabor, se sentía demasiado real, nada como los café que solía tomar.
—Tu cara de placer, está provocando cosas en mí —dice en voz baja Adrien, me ahogo con el café comienzo a toser—. Disculpa, suelo ser bastante sincero algunas veces —dice disculpándose, yo asiento una vez que logro dejar de toser.
—Veo que sí —
—Lo siento, no quiero ser irrespetuoso —
—Tranquilo, solo me pillaste por sorpresa —digo riendo—. Es que bueno, estaba muy rico, fue imposible para mí no hacerlo —
—Me pareces como si vinieras de otro mundo —dice riendo, yo asiento sonriendo.
—Así me siento —
Cuando terminamos el café, salimos a caminar hasta llegar a un parque, lleno de áreas verdes, árboles grandes, y flores de todos los colores, todo estaba perfectamente situado, había un camino que estaba cercado por una reja de madera, con pequeños diseños de flores. Nos sentamos en uno de los asientos frente a una pileta que tenía la imagen de una sirena.
—No es necesario que hayas cancelado todo tu trabajo —digo, él niega.
—He escuchado demasiadas cosas de ti —dice riendo, yo igual lo hago.
—Roberta —asumo, él asiente.
—Siempre me hablaba de su mejor amiga, me dijo que cuando te conociera iba a quedar maravillado —dice mirándome.
—A veces Roberta exagera —
—No lo sé, hasta el momento has cumplido con todas las cosas que ella me había dicho —dice, yo levanto una ceja.
—¿Cumplir tus expectativas? —Adrien niega.
—Me exprese mal, quiero que decir que estoy maravillado, no solo por el sexo, que claramente me ofrezco a seguir a tu disposición —dice levantando las cejas, yo río.
—Bueno, eso ya lo sabía —digo guiñándole un ojo.
—No te pregunté si tenías novio —dice mirándome, yo hago lo mismo.
—Yo tampoco te lo pregunte —
—¿Tienes novio? —pregunta, yo niego.
—¿Tienes novia? —ahora es su turno de negar—. Que bueno que no la tienes, no soy el tipo de mujer que hace esas cosas —digo.
—¿Qué tipo de mujer eres? —
—No me limito a definirme, soy más que cualquier palabra, simplemente no me gusta hacer esas cosas —
Conversamos un rato más con Adrien, a diferencia de como me hice la primera expectativa cuando lo ví, era muy agradable conversar con él, era el tipo de hombre con el que podías tener sexo y conversar de cosas de la vida, estuvimos juntos hasta el almuerzo, íbamos a almorzar juntos pero Roberta me llamo, diciéndome que estaba en un restaurante para comer.
—Entiendo, mañana si quieres podemos vernos en la tarde, anota mi número —me dijo Adrien.
Así que anote su número, era muy probable que lo llamara.
—¡Hasta que llegas, muero de hambre! —dice Roberta frunciendo el ceño cuando me ve, yo ruedo los ojos.
—Me avisaste cuando ya estabas aquí —
—¿Dónde estabas?, ¿Cómo te fue con tu nuevo socio? —
—Mi nuevo socio es Adrien —digo moviendo la cabeza.
—¿Qué?, ¿Nuestro Adrien? —pregunta sorprendida, yo asiento.
—Me sorprendí cuando lo vi y me dijo que porque no me había quedado a desayunar —digo riendo, ella ríe.
—No puedo creer lo pequeño que es el mundo, terminar en la misma cama con tu nuevo inversor —dice.
—Fuimos a tomar un café y estuvimos conversando —digo encogiéndome de hombros.
—Puedo ver el amor florecer —dice ella suspirando, yo frunzo el ceño.
—¿De que hablas?, esas cosas no son para mí, además él vive aquí y yo muy lejos —
—Podrías mudarte aquí —dice encogiéndose de hombros.
—¡Qu fácil lo haces ver! —digo riendo, ella siempre veía todo fácil, no se detenía a pensar en los pro y contra de las acciones—. Además estás loca, apenas nos conocimos ayer —digo.
—Si pero ya tuvieron sexo, hoy fueron a tomar café —dice.
—¿Qué tiene? —
—Para la mayoría de los hombres aquí, cuando invitan a tomar un café es para conocer más a la mujer que les interesa —dice, yo ruedo los ojos.
—Nena, seremos socios, obvio tendremos que conocernos un poco —ella enarca una ceja.
—¿Vas a tomar café con todos tus nuevos inversores? —pregunta, yo niego—. Eso creí, no te engañes Agatha, estás en la ciudad del amor, además del sexo, los franceses son apasionados e intensos, aprovecha —
Aprovecha, parecía muy fácil, pero yo sabía una cosa, los sentimientos eran engañosos, nosotros éramos socios, y no podía haber otro tipo de relación más que esa, yo luego me iría, no me quedaría por siempre aquí, quizás no deberíamos vernos tanto.