POV LIAM ―Por favor, deja que te ayude ―le dije, con los ojos tapados porque era lo que me había pedido. ―Nop. ―Ella gruñó. El sonido de algo deslizándose escaleras arriba a un ritmo glacial me hizo apretar la mandíbula―. No quiero arruinar la sorpresa. ―Otro gruñido―. Ahh, ya está. Lo tengo ―dijo apretando los dientes. No tardé en darme cuenta de que Emily Anderson no sabía estarse quieta. En cuanto cruzó las puertas de mi casa y depositó sus cosas en la habitación de invitados, se puso manos a la obra. Durante cinco días, aparte de cuando me pateó el trasero en un partido de fútbol, había trabajado casi sin parar. En la habitación de Olive. Organizando mi despensa. Limpiando la nevera. Ahora había cubos. Cubos y bandejas circulares que giraban, y yo no entendía nada, pero ella parecí

