POV EMILY Lo primero que noté fue la mano bajo mi camisa. A continuación, la dura longitud presionada contra mi trasero. Todavía aturdida -porque vaya si el buen sexo tenía un efecto positivo en mi capacidad para dormir como muerta-, tardé un segundo en darme cuenta de la posición en la que habíamos acabado. Pero esta vez, pensé con una sonrisa soñolienta, podríamos empezar el día de forma muy, muy diferente. En nuestra casa. En nuestro dormitorio. En nuestra cama. Siempre había querido hacer eso de arquear la espalda despreocupadamente y apretar el trasero contra el marido dormido detrás de mí, solo para ver qué hacía. Sobre todo, si ese marido caliente y dormilón se tomaba como misión personal darme un orgasmo por cada uno de los días que habían pasado juntos sin tocarme. La noc

