El silencio en la mansión Blackwood después de que los invitados se marcharan era sepulcral, roto solo por el eco de la lluvia contra los ventanales. Julián estaba de pie en medio del salón, rodeado de copas de cristal a medio vaciar y restos de una opulencia que ahora le revolvía el estómago. —¿No crees que has sido un poco exagerado? Su padre hablo desde su espalda y Julián solo apretó los labios. —¿Con Elena? No quería ni hablar de ella, pero al parecer su padre estaba deseando molestarlo. —No. Creo que no lo manejo con altura —suspiró mientras se encendía un puro. —¿Entonces? —Creo que es importante que respires antes de continuar con lo que sea que quieras hacer ¿Por qué esa chica quería la plata en efectivo? Julián miró de nuevo hacia afuera. —Su hijo esta enfermo, tomo

