Julián se quedó pensando del otro lado de la puerta. Sé fue temprano esa mañana dispuesto a todo, lo que no espero fue que luego de sus palabras y observar las cámaras de seguridad, su calma iba a ser total. Algo que contrastaba con los movimientos de Elena: nerviosos, erráticos, desesperados. ¿Acaso temía tanto lo que pudiese encontrar? —Elena, entra —ordenó Julián por el intercomunicador. Cuando ella entró, radiante en un vestido de sastre que costaba más que la vida de cualquier empleado, Julián no se levantó. —¿Qué pasa, cariño? —Dime algo ¿Cómo me enamore de ti? —Julián estaba dispuesto a sacar la verdad, aunque fuese lo último que hiciera. —Bueno, me encontraste mal por mi marido… —¿Cómo es posible? Mi accidente paso antes de que Valente muriera. —No hablo de su muerte, él m

