Al llegar a la universidad, solo respiré hondo y reí al recordar aquel beso fugaz que un completo extraño había robado en mi mejilla, terminando por toparme con Kelly, quien rápida no dudaría en interrogarme al verme sonriente.
—¡Oye, oye! ¿Y esa sonrisa? No sonríes a menudo, deberías hacerlo. —avisó pasando sus brazos por mis hombros. —Que guapa andas hoy, eh.
Yo reí inevitablemente, quitando su brazo de mis hombros y girando hasta verla. Su camisa era corta en el abdomen, sin mangas, pecho descubierto y jeans rasgados.
—Oh vamos, Kelly, ¿cómo demonios presentarás una exposición vestida así? —cuestioné. —Estudiamos medicina, no baile. —reclamé.
Ella quitó las gafas de su cabeza y rápidamente las puso sobre mi rostro, acercándose hasta apretar mis mejillas y reír.
—¿Apoco está prohibido que existan doctoras un poco cool y rebeldes? —preguntó. —¡Oh vamos, por Dios! La universidad se está robando los mejores años de nuestra vida. Que estemos estudiando no significa que debamos perdernos la vida que tenemos allí fuera. —pidió. —¡Por poco lo olvido! —gritó al recordar. —Ya tenemos plan para hoy, y no, no aceptaré un no como respuesta. —advirtió.
Quité los lentes de mi rostro y los regresé sobre su cabeza, deteniendo mi paso y mirándola de manrra acusadora. —Tenemos examen la semana que viene, Kelly. ¡Estamos en finales! ¡Tomate ésto en serio! —pedí.
Ella suspiró con cansancio. —¡No seas aguafiestas, Tara! Siempre haces lo mismo, te enfeascas en estudiar, estudiar y estudiar. ¿Cuando comienzas a vivir? ¿Cuando bebes por diversión? ¡¿Cuando tendrás sexo!? —gritó.
Rápidamente me acerqué hasta cubrir su boca con mi mano, poniendo mis ojos en blanco ante el ruido de lo que decía. —¡Kelly, por Dios! ¡Deja de gritar esas cosas! El instituto no tiene porqué saber que hace mucho no tengo sexo. —reproché. —Después de todo, no es nada relevante. Mejor puedo enfocarme en la universidad, algo que realmente amo, sin ningún tipo de distracción. —aclaré.
Ella rió. —Iremos a un bar, beberemos mucho y volverás a casa con un hombre, el cual no conozcas y tendrás sexo. —avisó. —Siempre teniendo cuidado. —recalcó.
—Kelly, no puedo. Yo no hago esas cosas. —reproché haciéndola a un lado. —Yo sí tomo en serio el hecho de querer graduarme de lo que más amo. Tus padres pueden darte la oportunidad de estudiar las veces que quieras, mis padres ya se están quedando sin fondos para pagar mi carrera. También debo encontrar trabajo, pronto. —informé.
—Lo siento... —susurró Kelly mirándome con pena. —No sabía sobre tus padres, no me habías dicho.
—No importa, lo arreglaré. Conseguiré empleo, puedo con eso. —solté sin más. —Vamos, llegaremos tarde. Ésta exposición es importante.
Caminamos en silencio, probablemente ella sintiéndose realmente gracias a las diferencias económicas que teníamos. Pero su padre, quien habría sido un gran empresario desde muy temprana edad, le había dado absolutamente todo, Kelly no sabía siquiera que era tomar el autobús.
—Pero oye, ¿por qué sonreias cuando te ví? —preguntó una vez entramos hasta aquella aula. —¿Algo pasó?
No pude evitar revordar y reír. —Sí, algo pasó. Pero promete que no haras un escándalo con esto. —pedí.
—¡Dime! ¡Ya estoy emocionada! —chilló.
—¡Kelly! —reclamé. —Venía en el autobús en la mañana de camino aquí, un chico iba de chaqueta, algunos tatuajes, ojos azules... —intenté recordar. —Tomó el último asiento libre y me tocó ir de pie. Gracias a un bache caí sobre él, dijo llamarse Zack. Era guitarrista. —expliqué. —Cuando se puso de pie para bajar del autobús, me robó un beso en la mejilla. —susurré.
—¡Tara! ¡Ésto es lo más emocionante que te ha pasado en meses! ¿Por qué no habías dicho nada? ¡Por favor dime qué le diste tu nombre, dirección o número de teléfono! ¡Algo para que te encuentre! —gritó.
—Oh vamos, Kelly. ¿Cómo iba a darle mi dirección a un completo desconocido? —pregunté. —No eres muy inteligente que digamos. —reproché.
—¡Ésto es una señal, sin dudas ws una señal! —gritó. —Hoy saldremos, Tara, no acepto un no como respuesta. Quizás en el bar consigas empleo, solo juega a tu suerte. —recordó.
Resoplé. —Bien, lo haré solo por el posible empleo y con una condición.
—La que sea.
—Si no consigo empleo allí, me ayudarás mañana a encontrar alguno. Sea de mesonera, recepcionista, asistente o bartender. —avisé.
Ella asintió rápidamente. —¡Claro que sí! —dijo al dar un pequeño salto sobre su asiento.
—¡Monroe! —llamaron la atención de Kelly.
Giré hasta buscar de dónde provenía aquella voz, venía desde el escritorio, era el profesor.
—¿Si? Dígame profesor. —preguntó Kelly de manera inocente.
—¿Qué cree que es eso que trae puesto? Busque con qué cubrir su cuerpo o saldrá de mi clase, ganándose un enorme cero en la nota final. —avisó.
—Te lo dije. —susurré a su lado.
Me miró de manera acusadora. —Dame acá. —pidió al tomar una chaqueta que traía entre mis brazos. —Te la devuelvo luego. —avisó.
No pude evitar reír mientras observaba cómo cubría su cuerpo. —En el bar, siete de la noche, paso por ti. —recordó.
—Ni modo que yo te busque a ti, tu eres la del automóvil. Yo soy la del autobús. —recordé riendo.
Me miró seriamente. —Tu eres la que recibe besos robados. —avisó.
—¡Al fondo, Davis, Monroe, dejen de hablar o se irán de mi clase! —reclamó el profesor. —Ya que amanecieron tan conversadoras, ¿por qué no son las primeras en ponerse de pie a exponer? —preguntó.
Kelly puso sus ojos en blanco negando a mi lado. —No he estudiado bien, estudiaría mientras los otros pasaban. —susurró entre dientes.
—¡Monroe, está casi reprobada en mi clase, sería bueno que pase ahora antes de que deba cursar mi clase una segunda vez! —advirtió.
Pasó sus manos sobre su cabeza. —Déjamelo a mi, hablaré todo hasta que él ya se canse y nos ponga la misma nota a ambas. Vamos, confía en mí. —avisé poniéndome de pie.
—Por eso somos mejores amigas. —susurró a mi lado al entrelazar nuestras manos.
No pude evitar sonreír dejando caer mi cabeza sobre su hombro. Éramos polos opuestos, ella me llevaba a su mundo y con suerte, yo lograba darle un poco del mío.