Romero me observó fijamente, terminando por estallar de la risa ante mi rostro. —¿Usted? —preguntó burlándose. —Señor Williams, perdóneme recordarle, abandonó a su familia por irse tras un sueño ridículo de tocar guitarra. ¿Cree que aceptaría dejarle a mi hija y mi empresa luego de eso? —cuestionó. —Es probable que una mañana se levante y también quiera abandonarlos. —avisó. —Mi respuesta es un definitivo no. Después de todo, Izan y Emmy no solo están comprometidos, están esperando un hijo que reafirmará esa unión. —insistió. Suspiré. —Usted fue claro, señor Romero, hace mucho no sabe de mi, he cambiado lo suficiente para hacerme cargo de la empresa de mi padre, así como lo haría de mi esposa y del que podría ser mi hijo. —dije firme. —Y para ser aún más solidario, cómo ofrenda de paz, l

