Han pasado varios años desde que la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin. Will y yo, después de haber sobrevivido a aquel oscuro período, habíamos encontrado un refugio de paz en medio de la posguerra. Las condiciones económicas eran nefastas, y la vida cotidiana aún era un desafío, pero habíamos aprendido a apreciar las pequeñas alegrías que la vida nos ofrecía. Nuestro hogar modesto se encontraba en un barrio de una ciudad que había sido gravemente afectada por la guerra. Las calles mostraban las cicatrices de los bombardeos, pero aún así, el espíritu de la comunidad se mantenía firme, y la esperanza se aferraba a nuestros corazones. Will, mi amado esposo, había sido mi roca durante esos tiempos difíciles. Era un hombre fuerte y valiente, y su amor y apoyo habían sido mi mayor consuel
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