-¿La verdad? No. No quiero conocerte.-le digo fría- Por la simple razón de que me tienes secuestrada y encadenada, abuelo. Él me mira serio. -Bueno dejaré que hables con tu querida madre. -pronuncia con asco. Yo abro la boca, estupefacta. -¿Mi madre? ¡¿Está aquí?! -Pues claro que está aquí. Lleva encadenada en un calabozo desde hace veintiún años. Su voz es tranquila, como si fuera lo más normal del mundo. Lo odio. -¡Eres un maldito! ¡Hijo de puta! ¡Es tu hija! Y aún así la has tenido encadenada veintiún años. -grito, intentando moverme, roja de la rabia. Mi madre, mi madre está aquí, lleva toda mi vida encerrada aquí, con este ser sin sentimientos que por desgracia es su padre, y mi abuelo. -Esa mujer ya no es mi hija. No desde que decidió escaparse con un maldito licántropo.

