Me puse ropa deportiva y baje al salón donde mis tíos estaban charlando.
Me cuentan cómo los ha ido el viaje, han tenido que ir a visitar una manada, y se han reencontrado con antiguos amigos. Yo nunca voy a ese tipo de cosas, de pequeña, cuando empecé a vivir con ellos insistían en que fuera. Yo aceptaba, no tenía más remedio, pero yo lo sentía como una tortura. Fui varias veces, pero no me sentía en familia, me sentía extraña y todo me recordaba a mi padre y a mi abuelo. Me miraban raro, yo ya no era como ellos. Y tanto ellos como yo lo sabíamos.
Hasta que convencí a mis tíos de no ir a una, me dejaron con mi abuela, y fueron ellos solos. No volví a ir a ninguna. Ellos creían que no me daba cuenta, pero lo hacía, ellos me querían mucho aunque no les gustaba demasiado que fuera. Ellos encajaban, eran una pareja de hombres lobos, mates, y yo era una humana que ni siquiera era su hija. Volvían más felices cada vez que volvían y yo me quedaba aquí, y me acostumbré.
Para mí era mejor así, entre humanos una humana no destaca, entre hombres lobo si, y eso era lo que yo menos quería, para ellos también era mejor. Eran mi familia, y me habían criado como si fuera una hija, pero no lo era, después de todo.
Yo les cuento lo que hice hoy en la universidad. Primero me regañan, y bufan cuando se lo relato todo, pero luego les hace gracia y hasta sueltan alguna risa. El ambiente entre nosotros es relajado y tierno, familiar.
Se ven felices, sentados en un sofá con las manos entrelazadas, se quieren mucho, se quieren desde el primer día que se vieron. Y por un momento me imagino a mí así, con Luke, enamoradísimos y con nuestras manos entrelazadas, sabiendo que pasara lo que pasara, estaríamos juntos, el uno para el otro. No puedo evitar sonreír ante mi pensamiento.
Se que tengo que decírselo, ellos tampoco creían que yo tuviera mate. Pero lo tengo. La Diosa Luna, es muy curiosa para estas cosas.
La Diosa Luna, nuestra Diosa, porque aunque yo ya no sea una mujer lobo crecí entre historias y leyendas suyas. Decían que los hombres lobos nacían con dos almas, pero estas eran separadas y enviadas a cuerpos distintos, esperando en algún futuro encontrarse de nuevo, y la Diosa luna era quien enviaba esas almas a cuerpos distintos. No importaba cuantos problemas hubiera para encontrarse, estas almas siempre se acababan encontrando, y cuando lo hacían era como si volvieses a nacer, estar completo.
Decían que la Diosa Luna, fue la primer mate de un hombre lobo hace millones de años, y que desgraciadamente su hombre murió. Ella a partir de eso decidió que ahora sería ella quien ayudaría a encontrar a tu alma gemela.
No se sabe bien que es cierto en toda la historia, lo único concreto es que si que tenemos mates, pero a veces, es bueno tener tan solo fe.
Hablamos un rato más, y sé que es la hora de hablarle de Luke.
-Tíos, tengo algo serio que contaros.
Ellos me miran atentamente. Esperando que les diga algo, a mí me cuesta articular palabra, y tengo que tomar dos fuertes respiraciones antes de comenzar a hablar, y cuando me decido a hacerlo, lo suelto todo.
-He encontrado a mi mate. -los miro mientras hablo- Y dentro de dos semanas tendré que irme a vivir con él.
Los dos se quedan callados mirándome asombrados. A mi tía se le han abierto exageradamente los ojos y hace varios intentos de hablar, abriendo y cerrando la voz como si fuera un pez. Pero no consigue articular palabra, mi tío, a su lado, esta totalmente callado, incluso dudo que este respirando en este momento.
Chica si es que se los has dicho todo de sopetón.
Es verdad.
-¿Qué..qué? ¿Quién... Quién es? -pregunta mi tía, después de varios segundos de absoluto silencio.
-Su nombre es Luke Smith. Y es el Alfa de los alfas. -digo rápido, sin creerme ni yo lo que estoy diciendo.
La Diosa Luna, es bastante complicada cuando quiere.
Ahora creo que se le va a descolocar la mandíbula de la gran O que han formado sus labios.
-He oído hablar de él. -dice mi tío- dicen que la manada donde él vive es la más fuerte... controla todas las manadas, absolutamente todas. -respira hondo-¿En dos semanas?
-Sí, me tengo que ir en dos semanas. En dos semanas termino este curso en la universidad y él tiene que regresar a su manada.-explico, en dos semanas mi vida cambiará completamente.
-Está bien cielo. Tendremos que aprovechar estas dos semanas contigo. -dice triste mi tía. Ella siempre ha sido como la madre que nunca he conocido.
-Tía no te preocupes, vendré a visitarlos y vosotros también iréis. No voy a desaparecer de vuestras vidas. Además, ya tengo veintiún años, es hora de que me marche de aquí.
Ellos sonríen mirándome. Se que están muy felices por mí, pero también les costará asimilar toda esta información.
Charlamos un rato más y ellos se van a su habitación, están cansados del viaje.
Bajo al sótano, me vendo las manos y me pongo los guantes. Me llevo una hora dándole puñetazos y patadas al saco. Paro cuando de un golpe lo rompo haciendo que caiga de él bastante arena. Perfecto.
Recojo la arena y descuelgo el saco. Tendré que comprar otro.
Hago flexiones, sentadillas y algunas cosas más, no paro hasta que no estoy lo suficientemente cansada, y me duelen todos los músculos de mi cuerpo. Necesitaba esto, no pensar en nada, tan solo en mí y en el ejercicio que hago.
Cuando subo a mi cuarto me doy una ducha y me acuesto.
Al día siguiente
Cuando salgo de la universidad, una hora más tarde por el castigo, me dirijo a mi casa. Allí me cambio por ropa deportiva negra. Agarro el saco destrozada y lo pongo en el maletero de mi coche, voy está vez en coche no en moto, además hace tiempo que no utilizo el coche.
Me dirijo a una tienda, al lado de un gym donde antes entrenaba, aunque hace tres meses que no vengo, por petición de mis tíos.
Compro un saco nuevo, parecido al que he destrozado, y lo llevo al maletero.
Veo a James en una de las salas del gym y decido ir a saludarlo. Entró y observo a mi alrededor, todo esta igual que hace unos meses. Y huele igual de mal que antes, pero eso sencillamente hace que este sea un lugar único, donde vienes y entregas tu cuerpo hasta que estás tan cansado que te duele hasta pestañear. Completamente destrozada por dentro y absolutamente llena por dentro. Saludo a Javi, el recepcionista del gym. Él se asombra y se alegra de verme después de tanto tiempo.
Pasó delante de algunos chicos que están boxeando que me miran con asombro y otros deseo. Es que voy vestida con unos shorts, un sujetador deportivo, una camiseta de hombro caído y unos deportes, todo n***o.
Entre ellos reconozco a Álex, Máximo y algunos chicos más que estaban aquí desde que yo entreno. Que es desde que tenía quince años.
Cuando me ven Álex corre hacia mí dejando a todos -menos los que ya me conocen- asombrados.
-¿Que te trae por aquí princesa del infierno? - utiliza mi nombre de boxeadora mientras me pregunta y me abraza.
-Quería saludar a James. Dentro de dos semanas me voy y quiero despedirme.
-Pues por aquí se te echa de menos...
-Soy única, querido, no es para menos. -él ríe ante mi frase.
Lo abrazo de nuevo, lo he echado mucho de menos.
Me separo de él después de unos segundos y me despido con la mano. Vuelo a ponerme en marcha, y me dirijo donde he visto a James.
Llamo a la puerta y se escucha un pase. Abro la puerta y entró. Dentro está James con cuatro chicos al rededor suya y dos subidos al ring para empezar a boxear.
Todos me miran encargando una ceja o con caras de que hace una chica así en un lugar de boxeo. Parecen algo nuevos, no los recuerdo de cuando estaba aquí
Cuando James me ve se asombra y se acerca con los brazos abiertos para que lo abracé.
-Princesa del infierno, qué bueno verte por aquí. ¿Que te trae... volverás? -pregunta.
Yo niego lentamente con la cabeza.
-Pues venía a despedirme de mi entrenador favorito. En dos semanas me voy.
-¿Te mudas?
Asiento. Él me pone cara de tristeza y yo río ante ello.
-¿James pero que le enseñas a esta muchacha? Creía que solo enseñanzas boxeo. -dice uno de los chicos. Es moreno y de ojos azules. Tendrás dos o tres años más que yo.
-Así es. Solo enseño boxeo. Y ella es una de mis mejores alumnas, -lo miro enarcando una ceja y con los brazos cruzados- bueno la mejor. -yo le sonrió en respuesta a James.
-Está niña no podría con ninguno de nosotros. -dice un chico rubio mirándome fijamente.
-Cuidado con lo que dices Zayne. -dice James.
Tendría que tener mucho cuidado con lo que dice, no es bueno enfadarme, y nadie lo sabe mejor que James.
-Becky, nos harías el favor de machacarlo en el ring, porque si sigue así lo machacaran en cuanto pongo el píe en cualquier otro ring, y tampoco quiero perder a uno de mis chicos -me habla James bajo la atenta mirada de los demás.
Yo lo miro, no dudo en poder machacarlo, pero hace un tiempo que no peleo.
-James, hace tiempo que no subía un ring. -digo yo
-¡Venga! Seguro que no se te ha olvidado nada, ni has perdido fuerza. ¿A que has seguido entrenado princesa? -dice con una sonrisa. Me conoce demasiado bien este cuarentañero.
Me mira con cara de súplica.
-¡Está bien, está bien! -digo- pero no me hago cargo de que salga lastimado él. -señalo a Zayne.
Zayne se sube al ring a esperarme. Me quitó la camiseta quedando en sujetador de deporte. Me hago una cola con mi pelo blanco y me vendo las manos. Posteriormente James me da unos antiguos guantes míos, que pensaba que había perdido y resulta que estaban aquí.
Subo y me pongo el protector bucal al igual que él.
Subo y doy varios botes en mi sitio, calentando un poco.
Empieza la pelea.
Me lanza varios puñetazos y yo los logro esquivar todos. Le doy un golpe crochet en la parte de los riñones. Le pegó un puñetazo en la cara. Él pierde un poco el equilibro pero logra estabilizarse. Se acerca a mi y quiere dar un jab pero lo esquivo antes y solo logra rozarme.
Le pegó dos puñetazos seguidos. Él intenta darme un puñetazo, pero es lento y poco firme. Aprovecho su distracción y le hago un gancho. Zayne está reventado, le sale sangre de la nariz y el ojo se le está poniendo morado.
Él me pega un puñetazo en la barriga y se me corta la respiración por unos tres segundo cuando me recupero. Me acerco a él y le hago un gancho. Por último le pegó un puñetazo el las costillas cayendo lo al suelo y dejándolo medio inconsciente.
Bajo del ring, y me quitó los guantes, las vendas y por último el protector bucal.
Me dirijo a James y los demás chicos que me miran asombrados.
-Madre mía Becky. Antes boxeabas bien ahora eres la hostia.
-Gracias, James, he estado practicando mi técnica, justo he venido aquí porque necesitaba un nuevo saco de boxeo, me he cargado el mío.
-¿Me harías un pequeño favor? -me pregunta.
Asiento poco convencida.
Haber lo que nos pide.
-Dentro de justo dos semanas tengo que participar en una apuesta. Un enemigo mío en boxeo dice que mis alumnos no están preparados para pelear contra los suyos... y es verdad, ellos son demasiado buenos para mis alumnos.
-Continua... -le pido yo.
-Estos -dice señalando a los chicos- no están preparados. Se creen que son los reyes del mundo y no lo hacen bien.
-Ee! -escucho decir a todos los chicos, quejándose, y por lo poco que he visto se que James dice la verdad, cuando reciban una buena paliza se enteraran de una vez lo que es el boxeo.
-Déjame ver si adivino. Se creen que son muy buenos y no se lo toman en serio, yo sí que me lo tomo en serio, y ya llevo bastante tiempo en esto. Quieres que peleó yo ¿Verdad?
-Si... Por favor Becky!! Te irás de aquí con una pelea ganada y sé que te encanta el boxeo.
No tiene porque convencerme, quiero hacerlo, nunca quise dejar de pelear.
-Está bien. -respondo. Me iré con un buen recuerdo.
-Genial.
Yo sonrío. Me encanta pelear, y se que una última pelear me vendría genial. No me cuesta nada hacer esto por James.
-¿Mismo sitio de siempre? -preguntó.
Asiente.
-Se más duro con estos chicos, James. Así no aprenderán nada.
Me despido y salgo de la habitación. Me despido de Álex, y le digo lo de la pelea, por supuesto, dice que asistirá.
Salgo del gym y me dirijo a mi coche.
Pues dentro de dos semanas tendré mi última pelea clandestina. Si, las peleas que él hace son clandestinas. James, es bueno, pero tiene algún trapo sucio escondido. No sería James si no fuera así.
Arranco él coche y me dirijo a clase de karate.