Helios☀️
Estaba acostado en el mueble viendo televisión mientras esperaba que Thea se bañara para poder pedir la cena. Yo me ofrecí para preparar unos ricos sándwiches, pero ella se negó dijo que quería pedir algo de comer porque era mi última noche en su mundo y debíamos celébralo con comida deliciosa y no pude oponerme a eso, mañana regresaría a mi mundo y no volvería a probar las delicias de este lugar. Tan solo pensar en la comida se me abría el apetito y Thea seguía sin aparecer. Esa mujer tardaba demasiado, es como un caracol en comparación con las mujeres del templo, ellas son pura eficiencia y rapidez, era desesperante.
—Te bañaste rápido — dijo Thea y me sorprendió porque no había escuchado la puerta de su cuarto.
—Tú te tardas mucho— respondí con un todo antipático. Apagué el televisor y giré para verla.
Tenía su cabello n***o recogido en dos trenzas y ya no estaba húmedo, seguro se lo había secado al terminar de bañarse. Llevaba un suéter color gris, parecía ser una talla errada porque le quedaba grande al igual que su pantalón de tela color púrpura. Esa ropa tan grande la hacía verse graciosa, su cuerpo era tan pequeño y esa ropa tan ancha que parecía que se podía perder ahí adentro y tan solo imaginarlo era gracioso. Aunque también se veía adorable con esas trenzas y la ropa tan amplia. Thea no era tan mala después de todo, al principio la odiaba y me desagradaba su presencia, pero a medida que pasaban los días ella me desagradaba menos, fui descubriendo que es una persona amable y generosa, tiene poca paciencia, pero no es mala y se ha portado muy bien conmigo. Ella pudo echarme o dejarme abandonado a mi suerte y no lo hizo, incluso gastó su dinero para comprarme ropa, zapatos, papel, un cuaderno, bolígrafos y mucho papel para la cámara de fotografías instantáneas. No era su obligación comprar esas cosas para mí y aun así lo hizo porque quería ayudarme y que yo me sintiera más cómodo en su mundo, ese gesto suyo nunca lo iba a olvidar, me aseguraría de darle la misma hospitalidad en mi mundo. Yo sería un buen guía para ella, estaba decidido a hacerla sentir bienvenida y cómoda en el templo, justo como ella me hizo sentir a mí.
—Tierra llamando a Helios ¿me copias? —la escuché preguntar y eso me sacó de mis pensamientos
—¿Qué?
—Te pregunté si estabas de acuerdo con que pida una pizza con tocineta y una con champiñones, pero no me respondiste
—Disculpa, estaba distraído. Eso está bien
—Genial— respondió con una sonrisa y se fue a pedir la comida.
¿En qué momento dejé de verla como una amenaza y comencé a sentir que era inofensiva? Inevitablemente vinieron a mí todos los momentos que he pasado con ella en la tierra, hasta que recordé cuando de verdad sentí que ella era inofensiva. Yo acababa de despertarme de una siesta, escuchaba música y voces fuera de mi cuarto así que salí a ver de qué se trataba. Cuando llegué a la sala la vi de espaldas cantando y bailando mientras barría la sala, se veía tan alegre, despreocupada, feliz y sobre todo inofensiva. Ese día me di cuenta que ella no me haría daño, era imposible que alguien como ella pudiera dañarme.
—En unos 20 minutos llega la comida —dijo Thea mientras se asomaba por la puerta.
Antes de que llegaran las pizzas Thea saco una cerveza de la nevera y le dio un gran sorbo y yo la mira con desaprobación. Ya no me agrada tanto, el desagrado por ella volvió
—¿Quieres? —me preguntó Thea
—No, yo no bebo esas cosas y tú tampoco deberías, eso solo sirve para sacar a relucir lo peor de las personas.
Thea puso los ojos en blanco e ignoró mi sugerencia.
—Ven, sígueme, necesito que me ayudes con algo.
Asentí con la cabeza y me levanté para ir tras ella hasta su cuarto, me detuve en la puerta y me le quedé mirando un poco sorprendido. Ella nunca me permitió entrar a su cuarto porque decía que era un lugar muy privado para ella y no estaba dispuesta a renunciar a su privacidad dejándome entrar.
—¿Qué esperas para entrar? — preguntó impaciente.
—¿No se supone que yo tenía prohibido entrar?
—Exacto, tenías, en pasado. Hoy tienes permiso porque quiero que me ayudes con esto — señaló una pequeña montaña de ropa que estaba encima de su cama.
A decir verdad, ella tenía razón al decir que mi cuarto y el suyo eran iguales, el closet y la cama estaban ubicados en el mismo sitio, la diferencia eran los colores y que Thea tenía muchas más cosas.
—¿Me vas poner a doblar ropa para pagar mi estadía en tu casa? —pregunté mientras caminaba hasta ella
—Esa es una buena idea, no sé cómo no lo pensé antes. Para tu buena suerte eso no es lo que quiero, la verdad quería que me ayudaras a elegir que empacar. No sé qué cosas o cuanta ropa debería llevarme a tu mundo.
—No hace falta que te preocupes mucho por eso.
—Claro que sí, necesito saber qué tipo de se adapta a tu mundo.
—Ninguna, por eso solo deberías llevar tu ropa interior y la ropa que usaras para regresar a tu mundo, más nada.
—¿Pretendes que pase una semana usando las mismas ropas?
—No, yo te voy a dar ropa, así como tu compraste ropa para vestirme acorde a tu mundo yo te voy a vestir acorde a mi mundo.
—Oh ya entiendo, entonces me llevaré un bolso más pequeño —dijo mientras quitaba una maleta pequeña de su cama — y ya te puedes ir de mi cuarto a menos que quieras quedarte a doblar la ropa que no me voy a llevar.
—No, gracias, así estoy bien.
Salí de su cuarto y me regresé a la sala, me quedé viendo televisión hasta que llegó el repartidor con nuestra comida. Thea se tomó unas 3 cervezas mientras cenábamos y charlábamos.
—¿Me harías un favor, Helios?
—¿Qué quieres? — le respondí
—Vamos a ver mi película favorita juntos, tengo tiempo que no la veo y eso sería una forma genial de finalizar un buen día.
—Acepto si me preparas palomitas de maíz.
—Trato —respondió y se fue directo a la cocina a preparar las palomitas.
Su película favorita se llama El cadáver de la novia, una cosa que para mí no tenía sentido. Una película muy extraña, aunque las pocas películas que vi con Thea son todos muy raras, en este mundo se entretienen con cosas sin sentido. Pasé toda la película preguntándole cosas sobre la trama y ella pasó todo el rato bebiendo cerveza, ya llevaba 6. Al finalizar la película ya se le enredaba la lengua.
—Thea, ya deberías irte a dormir y dejar de tomar.
—No tengo sueño, no me mandes a dormir. Yo quiero seguir hablando contigo —hizo un puchero.
—¿De qué quieres hablar? Ya hemos hablado bastante hoy.
—Me quedé pensando en lo que dijiste en la playa sobre el matrimonio y me dio curiosidad. ¿Nunca soñaste con casarte o tener una vida normal?
-No, siempre he vivido en el templo, crecí viendo es estilo de vida y nunca me interesó otra cosa. Soy feliz siendo un investigador y un m*****o del templo, eso me llena y me hace sentir realizado ¿por qué habría de cambiarlo?
—Entiendo
— En la playa me dijiste que todos merecemos amor y tener un compañero qué nos haga el camino por este mundo más sencillo ¿No te gustaría tener eso?
—Ya lo tengo.
—¿Quién?
—Mis hermanos, ellos son mi apoyo, mis compañeros y por su puesto nuestra diosa. Ella nos ama a todos por igual y nos da la fortaleza para seguir adelante. Además, yo elegí un estilo de vida diferente, yo soy un guía yo ayudó a otros a vivir mejor.
—Me parece triste — le dio un sorbo muy grande a su cerveza, para terminarse la lata.
—¿Por qué? — pregunté intrigado
—Porque nunca sabrás lo que se siente enamorarse. Sí, es verdad que enamorarse puede doler cuando todo se termina, pero es una experiencia muy bonita.
—Supongo que no lo sabré, pero como nunca me ha pasado tampoco voy a extrañar. Lo que si me va a doler en que no voy a volver a comer hamburguesas. — respondí con tristeza.
Thea soltó una gran carcajada, al parecer mi sufrimiento la divertía. Se levantó del mueble y se fue a la cocina, a los pocos minutos volvió con otra cerveza en la mano.
—Deberías parar, eso no te hace nada bien. —le aconsejé, pero ella me ignoró —Me voy a mi cuarto a ordenar mis cosas y elegir que me llevaré.
—Okidoki —respondió y levantó su pulgar.
Me fui a mi cuarto a ordenar mis cosas. Medio hora más tarde ya tenía todo organizado y preparado para mañana, cuando salí de mi cuarto para ver si ya Thea se había ido a dormir escuché que había música en la sala, debía seguir bebiendo y cantando, al menos eso pensé, pero no. Thea estaba dormida en el mueble de la sala en una posición que parecía ser incómoda, su laptop estaba encendida y de ahí salía el sonido de la música. Apagué el aparato y recogí las 3 latas de cerveza que vi en el piso y las llevé a la cocina para botarlas, abrí la nevera para ver cuántas cervezas quedaban y así poder calcular cuánto había bebido. Abrí el refrigerador y vi que no quedaba ninguna, lo que significaba que se había tomado las 12 cervezas que compró, con razón se quedó dormida en la sala. Volví a la sala para despertarla y que se fuera su cuarto a dormir. Cuando la desperté se agarró de mi cuello en un abrazo muy raro.
—Cuanto tiempo sin verte, extraño —dijo mientras me abrazaba.
Definitivamente está borracha, ella nunca invade mi espacio personal, ni tiene contacto físico conmigo.
—Sí, sí, hora de dormir borracha. —dije mientras me soltaba de su abrazo y traté de levantar.
—Espera, tengo que contarte que soñé contigo. —dijo mientras se sentaba, yo me senté a su lado para escucharla.
—¿Hoy?
—No, cuando invidiste me casa. Me agaarte así con una mano— y puso su mano derecha alrededor de mi cuello sin presionar — Yo pensé que me ibas a matar, pero no, solo te aprovechaste de mí.
—¿Cómo así?
—Me besaste y trataste de hacerme tuya, pero no paso.
Yo me reí y no le respondí nada.
—No te rías, es muy serio, Helios.
—Ya, lo siento, no me voy a reír más, vamos a dormir.
—No quiero.
—Vas a irte a dormir por las buenas o por las malas, Thea. No me hagas perder la paciencia.
—No voy a dormir y no me puedes obligar.
—A dormir ¡ahora! —le ordene.
Thea negó con su cabeza y sonrió. Y no iba a seguir perdiendo tiempo discutiendo con una borracha, me levanté y la cargué hasta su cuarto. En el camino me insultó y se quejó de mi todo lo que pudo. La lancé en la cama y ella se levantó, con una agilidad que no sé de dónde sacó en ese estado, saltó sobre mí y se amarró a mí con brazos y piernas.
—No te vayas, Heli, no me dejes sola. No quiero estar sola, por favor. —Susurró en mi oído.
Se escuchaba frágil, eso me hizo sentir algo extraño en la boca del estómago, fue algo que nunca había sentido y no supe explicar, pero me sentí triste.
—Está bien, no me voy a ir.
—Si te suelto me prometes que no te vas a ir.
—Sí, te juro que no voy a salir corriendo.
Thea, me soltó y yo me di la vuelta para verla. Tenía los ojos vidriosos y el rastro de una lágrima se veía en su mejilla, no me equivoqué ella estaba triste. Verla así me hizo sentir mal, ella siempre estaba sonriendo, ella emanaba una energía tan bonita que la tristeza en definitiva no le queda bien.
—¿Qué sucede? ¿por qué estás triste?
—No quiero que te vayas, no quiero estar sola.
—Está bien, no te voy a dejar sola, me quedaré contigo hasta que te duermas ¿te parece?
—Okeisi— respondió, se sentó en la cama e hizo señas para que yo me sentara con ella.
Me senté a su lado y ella se quedó mirándome fijamente a los ojos de una manera que me hizo sentir muy extraño, estiro su mano y tocó mi cabello, eso la hizo sonreír.
—Tenía muchas ganas de tocar tu cabello. Parece oro y quería ver si se sentía como el oro, aunque nunca he tocado oro y no puedo compararlo.
Yo me reí al escucharla decir esas cosas sin sentido. Luego soltó mi cabello, bajo el brazo y con su dedo meñique toco mi brazo, como mi estuviera comprobando algo. Se río y apretó mi brazo con su mano completa.
—Upsi, también quería ver si tus brazos son tan duros como parecen y si tienes una piedra por brazo, buen trabajo cargando papas, sigue así. —levantó ambos pulgares y luego se acostó en su cama.
Me sorprendió y me incómodo que me tocara así sin aviso, yo no supe que hacer ni que decir, además que está muy borracha para poder razonar con ella.
—No me puedo dormir, Heli, hazme piojitos.
—¿Qué es eso? —pregunté confundido.
—Esto — ella se levantó hacía mí y con su mano comenzó a rascarme con mucha delicadeza la cabeza, como si acariciarla mi cuero cabelludo, lo hizo unos segundos y luego se acostó. —¡HAZMELO! — demandó en tono enojado.
—No gusta que me den órdenes de forma tan grosera.
—Házmelo ¿por favor?
—No, te haré eso.
—Si no me lo haces no puedo dormir, por favorcito.
—Bien —respondí derrotado. Si no hacía lo que pedía nunca se iba a dormir.
Nunca había acariciado el cabello de una mujer, al menos no con delicadeza, solo lo he jalado durante los castigos en el templo y eso no se acerca a lo que estaba haciendo ahora. El cabello de Thea estaba atado por las dos trenzas así que lo que hice fue acariciar con cuidado la parte de arriba de su cabeza, como si le hiciera cariño a un gato. Fue muy extraño al comienzo, pero después se volvió agradable, su cabello se sentía muy suave y todo en su cuarto olía muy bien, excepto ella que apestaba a cerveza. Mientras acariciaba su cabello para que se durmiera no pude evitar detallarla, tenía unas cejas con una forma delgada y muy marcada, unas pestañas muy oscuras, una nariz pequeña, y unos labios rosados delgados pero muy bonitos. Sus manos pequeñas en comparación a las mías, pero muy cálidas y suaves, al menos eso sentí en la playa cuando agarro mi mano. Su cuerpo, tapado con esta ropa que la hace parecer diminuta, se ve tan diferente cuando no tiene ropa. Es delgada pero no tanto, tiene unos senos pequeños, una cadera pequeña y ligeramente marcada con un trasero redondito, sus piernas tonificadas, seguro porque le gusta correr. Es una mujer bonita, seguro conseguirá un esposo rápido, aunque diga que no quiere, aunque no con ese tono de voz tan grosero con el que habla no le será fácil.
Después de unos minutos bastante largos Thea se quedó dormida, al menos eso pensé, con mucho cuidado me levanté de la cama. Thea se movió rápido y me agarró la mano con mucha fuerza.
—No me he dormido
Suspiré irritado y me volví a sentar a su lado.
—¡Acuéstate conmigo! — exigió Thea
—No— respondí exasperado
Se levantó y se lanzó sobre mí. Thea se amarró a mi cuerpo como si ella fuera una serpiente enrollada sobre su presa.
–¿Por qué no lo haces conmigo? —Preguntó en un susurro.
—¿De qué hablas? — pregunté confundido
—De acostarte en la cama conmigo, solo vamos a dormir no debes tenerme miedo, no te haré nada indecente, aunque es un desperdicio con ese cuerpazo que te gastas, sería más divertido que dormir. — soltó una pequeña risa — prometo no ultrajar tu castidad. — volvió a reírse.
—No duermo con mujeres
—¿Duermes con hombres?
—Tampoco, no duermo con nadie, duermo solo, es parte de las reglas.
—Que aburrido eres
—Suéltame, Thea —exigí.
Thea ignoró lo que le ordene y pego su nariz a mi cuello y comenzó a olfatear.
—Hueles rico.
—Thea, suéltame, no te quiero lastimar. Si no me sueltas por las buenas lo harás por las malas, ya estoy perdiendo la paciencia.
Si Thea fuera una mujer como las del templo esto no habría sucedido. Las mujeres de mi mundo son decentes y obedientes, conocen los límites y no hacen cosas tan estúpidas como las que hace Thea. Esta mujer me está volviendo loco, quiero lanzarla por la ventana.
—Ya sé, dame tu camisa y te suelto.
—¿Qué? ¿Por qué haría eso? — pregunté confundido
—Quítate la camisa y dámela —exigió Thea
—¿Para qué quieres mi camisa?
—Como no te quieres acostar conmigo me acostaré a dormir con tu camisa.
—¿Y si no quiero darte mi camisa?
—Voy a atormentarte toda la noche y no te dejaré dormir
—¿Si te doy mi camisa me dejarás ir?
—Prometo sí
—Ok, suéltame y te la doy
—No me vas a engañar, cuando te suelte te irás
—¿Cómo me voy a quitar la camisa si estás montada encima de mi camisa?
Como respuesta a mi pregunta soltó mi pecho y me abrazó del cuello, soltó sus piernas y me habló al oído —Ya puedes comenzar a desnudarte — rozó el lóbulo de mi oreja con sus labios al hablar.
Sentir sus labios rozando mi oreja combinado con el tono gutural hizo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo, las orejas se me calentaron, cosa que nunca me había pasado. Era una sensación muy extraña, pero placentera.
—Te estas tardando mucho, tengo sueño, apresúrate, dame la camisaaaaa.
—Ya voy — respondí enojado. Comencé a quitarme la franela lentamente, cuando mi abdomen quedo completamente expuesto Thea me soltó y agarró mi franela y comenzó a jalarla para ayudarme a terminar más rápido. Me arrancó la franela de las manos apenas me la quité, la pego a su cara e inhaló profundo.
—Que rico huele —la quitó de su cara, se volvió a acostar y la abrazo. —Ahora lárgate de mi cuarto, no puedo verte sin camisa, tu cuerpo es una tentación y no puedo cometer el pecado de desear a un monje.
—¡No soy un monje! — dije enojado.
—Da igual, seas lo que seas verte desnudo hará que me vaya al infierno. ¡Adiós, Heli!
—Hasta mañana, borracha.
Me levanté de la cama y avancé hasta la puerta, me di la vuelta y la observé unos segundos. Thea seguía abrazando mi franela con los ojos cerrados. Se ve linda e inofensiva, pero ella es todo lo contrario.