Helios me dijo que antes de regresar a su mundo quería conocer mi lugar favorito y ese lugar es la playa Cabrillo Beach, ubicada en Los Ángeles California a unos 50 o 60 minutos de Pasadena. Debido a que la playa no se encuentra tan lejos de Pasadena planeamos ir el día anterior a su regreso a su mundo. La noche antes de nuestro paseo a la playa organizamos un bolso con todo lo que nos íbamos a llevar, prepare unos sándwiches, guarde unas botanas, protector solar y unas toallas.
Nos levantamos a las 5 a.m., desayunamos, organizamos todo y salimos. Esta vez no llevé mi automóvil, no me gustaba manejar a la playa porque siempre regresaba cansada y con sueño, así que nos fuimos en transporte público. En Memorial Park abordamos el autobús que nos llevaría directo hasta la playa, nos tardamos 55 minutos en llegar porque no había tráfico en la ruta 110. Helios estaba sorprendido, me dijo que ya había visitado el mar, pero todo aquí era distinto.
El océano se veía de un azul turquesa precioso y cristalino, me gustaba esta playa porque los días de semana no hay tanta gente como los fines de semana. Lo primero que hice fue buscar una sombrilla que estuviera vacía para ubicarnos, dejé las cosas en una silla y saqué mi celular y tomar un par de fotografías. El cielo a esta hora de la mañana se ve veía precioso, también aproveché para tomar unas fotos de Helios distraído en la orilla de la playa. Me quité mi vestido rojo de lunares y me quedé con mi traje de baño n***o de dos piezas y comencé a aplicarme protector solar en todo el cuerpo. En el momento en que estaba batallando para poder alcanzar mi espalda llegó Helios.
—Que bueno que volviste, necesito un poco de ayuda con esto —exclamé mientras agitaba el pote de protector solar.
Helios se quedó atónito mirándome, de arriba hacia abajo. Sus ojos estaban abiertos como platos, la sorpresa estaba escrita en todo su rostro, pero no duró mucho. Su mirada atónita rápidamente se convirtió en una mirada fría y hostil.
—¿Qué crees que haces?
—Tratando de aplicarme protector solar para no quemarme, tengo una piel delicada.
—No, me refiero a tu ropa ¿por qué te desnudaste? — preguntó con un tonó hostil mientras me miraba con desaprobación.
—Ah, eso. Esto es un traje de baño, lo usamos para bañarnos en la playa, aquí no nos bañamos con ropa. — señale su bañador —eso que tienes puesto es un short especial para la playa, se supone que te bañas solo con eso.
Helios se quedó en silencio con el ceño fruncido y sus brazos cruzados en su pecho. No le gustó, verme semidesnuda y ahora yo me sentía muy incómoda.
—No era mi intención tratarte así, solo me desconcertó verte así. No es algo normal, tú siempre estás muy tapada.
Cosa que era cierto desde que Helios comenzó a vivir conmigo yo dejé de usar shorts cortos y ropa muy descubierta.
—Está bien, tranquilo.
—¿Qué era lo que querías? — preguntó mientras se rascaba la cabeza, evitando hacer contacto visual conmigo.
—Quería saber si me puedes ayudar a aplicarme esto en mi espalda — dije con timidez mientras agitaba el pote de protector solar otra vez.
—¿Esa es la misma crema que te pones todos los días en la cara?
—Sí y hoy tú también debes usarla. Esto evita que tu piel sufra alguna quemadura por estar tanto tiempo expuesto al sol.
—En mi mundo no tenemos eso, solo nos topamos muy bien y ya.
—Claro, pero aquí como puedes ver, usamos poca ropa. — exclame mientras señalaba mi traje de baño.
—Bien — avanzó hacía mi — ¿cómo te aplico esto?
—Se usa igual que la crema para el cuerpo, solo debes frotarlo. Aplícalo solo en esta parte — dije mientras señalaba la parte alta de mi espalda.
Helios asintió con la cabeza y estiró su mano para que le echara el protector solar. Cuando su mano hizo contacto con mi espalda sentí un escalofrío en todo el cuerpo. Deslizó con mucha facilidad su mano por toda mi espalda alta, se sentía muy bien, su mano se sentía suave y tersa.
—Intenta que mi espalda no quede blanca, se supone que si lo aplicas bien se desaparece el color blanco.
—Ok, usaré amabas manos porque dudo que pueda lograr eso con una, la crema es muy espesa.
Puso sus dos manos en mi espalda y comenzó a frotarme, yo no pude evitarlo y cerré los ojos mientras sentía sus manos en mí, eso desató el deseo en mi mente y recordé el sueño que tuve con él. Recordé como se sentían sus manos en mi cuerpo y como me devoraba con su boca.
—Listo, creo que lo hice bien —exclamó y me trajo de regreso a la realidad.
—Gracias — respondí bajando mi cara hacia mi bolso, para evitar mirarlo.
—Es mi turno
—¿De qué? — pregunté confundida
—De que me apliques protector solar o no piensas ayudarme — me explico mientras levantaba una ceja y me miraba con arrogancia.
—Ahh, sí claro, acércate
Helios se quitó la camisa y la puso en la silla que tenía cerca de su mano derecha. Casi se me salen los ojos cuando vi su torso desnudo frente a mí, desde el día que lo vi recién salido de bañarse no había vuelto a verlo semidesnudo y tampoco pensaba en eso porque no quería sentirme incomoda ni andar sonrojada por su culpa. Se veía muy atractivo, como siempre, su pecho ancho con hombros grandes y unos abdominales muy marcados. Thea, para, no puedes bucearlo de esa manera ese hombre es como un monje no le atraen las mujeres, detente antes de que sonrojes. Desvié mi mirada hasta el océano atrás de él para no mirarlo. Él camino hacia a mí y se puso de espaldas a mí—Así está bien o necesitas que me agache porque tú eres muy enana.
Puse mis ojos en blanco —Muy gracioso, yo no soy enana tú eres muy alto. — Apliqué una buena cantidad de protector solar en su espalda y comencé a esparcirlo con mis manos por toda su espalda.
Su espalda es amplia con unos hombros anchos y fornidos, mis manos disfrutaban deslizarse por su piel suave. Aproveché que Helios confiaba en mí y apliqué el protector en la parte alta y baja de su espalda, al terminar con su espalda pasé a sus brazos musculosos, me deleité frotando sus brazos.
—Date la vuelta por favor.
Helios se dio la vuelta y quedó frente a mí, trague pesado, trate de no alterarme y ser muy profesional. Respiré hondo y comencé a aplicarle protector solar en la cara, cuando terminé le dije —Ahora tu aplícate en el pecho, el abdomen y en las piernas.
—Está bien — estiro la mano para que yo le echara protector en la mano.
Cuando Helios se alejó de mí al fin pude volver a respirar bien, me había puesto muy nerviosa tenerlo tan cerca, porque estaba consciente de lo bueno que estaba y con ese bañador muy pocas cosas quedaban a la imaginación. Necesitaba relajarme así que le dije a Helios que se quedara vigilando nuestras cosas mientras yo iba a dar un paseo para tomar unas fotografías. Luego de mi paseo me sentía más tranquila, caminar siempre me ayudaba a relajarme y tomar fotos me ayudaba mucho más, la naturaleza, las olas, las pocas plantas y las personas a lo lejos bañándose en el mar eran los protagonistas de mis fotos el día de hoy.
Helios estaba sentado en una silla bajo la sombrilla, ya tenía su camisa blanca otra vez tapando su sensual torso.
—Hola, extraño.
—Hola, Thea.
—¿Cómo la estás pasando?
—Bien, este lugar es bonito y relajante.
—Me alegro que te guste. — Dejé mi celular en mi bolso —Voy a ir a bañar en el océano y vuelvo ¿Ya te metiste en el mar?
—Sí, moje mis pies en la orilla.
—Voy a ir a bañarme y regreso ¿estarás bien solo?
—Sí, ve tranquila.
El agua estaba un poco fría para mi gusto, pero igual me metí corriendo para evitar sentar tanto frío y luego me sumergí por completo y comencé a nadar. No sé cuánto estuve bajo el agua, correr me ayudó mucho a aguantar la respiración, así que nadé un buen tramo. Cuando saqué la cabeza para agarrar aire abrí los ojos y miré hacia la orilla buscando con la vista a Helios, quería asegurarme que estuviera bien. Lo vi de pie mirando en la dirección en la que me había sumergido, supuse que me estaba buscando al menos me gustaría creer que si tiene un corazón que puede sentir cariño y le preocupa que yo me ahogue. Le hice señas con mi mano y cuando me vio se regresó a su silla y se volvió a sentar. En el momento que sentí que ya era suficiente regrese a donde estaba Helios, saque mi toalla, me puse mis lentes de sol y me acosté a llevar sol.
—¿Qué haces? No deberías dormir la siesta debajo del sol, te vas a quemar mucho
—No voy a dormir la siesta, solo voy a tomar sol un rato.
—¿Por qué?
—Para broncearme
—Ummm, bueno yo voy a ir a dar un paseo.
—Ten mucho cuidado, no te alejes mucho, no te vayas a perder. — mis palabras fueron un chiste para él. Dio una gran carcajada y se fue a caminar por la orilla de la playa.
Helios se fue un buen rato a pasear, mientras él no estaba yo disfruté de estar acostada llevando sol, me tomé un par de selfies y luego abrí unas botanas. Mientras estaba comiendo regresó Helios.
—¿Trajiste la cámara instantánea?
—Sí ¿por qué?
—¿Me la prestas para tomar unas fotos del lugar?
—Sí, claro — Me levanté y saqué la cámara de la cartera para entregársela a Helios.
—Gracias, voy a tomar unas fotos y luego te la traigo.
—Está bien
Helios se volvió a ir y regreso con hambre, comimos unos sándwiches y charlamos un rato, sobre las cosas que más le habían gustado de mi mundo. Por su puesto en primer lugar estaba la electricidad y todos los aparatos electrónicos, en segundo lugar, las hamburguesas, en tercer lugar, los zapatos deportivos, ya se había acostumbrado a ellos y decía que eran más cómodos que los zapatos de su mundo. En último lugar estaban las fotografías instantáneas, eran el complemento perfecto para sus investigaciones, tomar una foto era mucho más sencillo que dibujar una figura y tratar de explicarla. Lo que no le gustaba de este mundo era la cantidad de sonidos atormentantes y el humo de los automóviles.
—Hace mucho calor, voy a ir a bañarme otra vez. — dije mientras me quitaba el vestido crochet blanco que me había puesto unas horas antes.
—Bien, no te vayas tan lejos. No nades en lo hondo.
—¿Por qué? Acaso te preocupas por mí, Helios — exclame con un tono burlón.
—Claro que me preocupo por ti, tonta. Si te ahogas no sé cómo regresar solo a casa. Trate de prestar atención al camino, pero estamos muy lejos para que pueda lograrlo solo.
Puse los ojos en blanco ante su respuesta —Yo creía que ya te agradaba y por eso te preocupabas por mí— exclamé fingiendo una expresión de tristeza y frotando mis ojos como si llorara.
—Lo último que se pierde es la fe, quizás algún día me agrades — luego sonrió con malicia, me pico el ojo y se puso los lentes de sol que le había prestado en la mañana.
—No te tolero, mejor me largo.
No me respondió, se limitó a agitar su mano para despedirme. Yo caminé hasta la orilla de la playa y entré lento en el agua. A esta hora la temperatura del agua estaba mucho más agradable, no se sentía tan fría como en la mañana, quizás solo era yo que tenía mucho calor. Unos minutos más tarde Helios se quitó la playera y comenzó a caminar hacia la orilla, yo me acerque para invitarlo a bañarse un rato, no lo había visto bañarse en el mar y sería un desperdicio que se regresara a casa sin bañarse, aunque sea una vez.
—Ven a bañarte, el agua esta deliciosa. —lo invité
—No, gracias.
—¿Por qué? — pregunté mientras salía del agua para acercarme a él.
—No soy bueno nadando y no quiero morir ahogado en este mundo.
—Oh ¿por qué no me dijiste?
—Nunca preguntaste si yo sabía nadar.
—Asumí que si sabias porque eres don perfecto.
—Yo no soy perfecto — se quejó al mismo tiempo que fruncía el ceño.
—Ven a bañarte, puedes meterte en la parte baja, además esta playa no tiene un oleaje fuerte. Yo estaré a tu lado en todo momento, no dejaré que te pase nada.
—Sí, sí, seguro solo dices eso para engatusarme y hacer que me meta al agua contigo para que cuando estemos lejos de la orilla puedas deshacerte de mí sin levantar sospechas.
—No seas ridículo, si quisiera deshacerme de ti te habría dejado en la biblioteca y no habría regresado por ti o te habría abandonado en cualquier lugar el día que salimos a pasear por la ciudad. Aun no conocías las calles, jamás habrías encontrado el camino de regreso a mi casa.
—Buen punto.
—Vamos, confía en mí. —dije con una sonrisa mientras le extendía mi mano a Helios.
Dudo unos segundos que para mí se sintieron eternos, me tomo la mano con mucha fuerza.
—Más te vale no dejarme morir, si me pasa algo te arrepentirás. —exclamó mientras me lanzaba una mirada asesina.
—Sí, me imagino que si te dejo morir ahogado tu fantasma me atormentara el resto de mis días.
—Sí o hasta que logre rencarnar y pueda vengarme de ti.
—Eres muy cruel para ser un monje sacerdote.
—No soy un monje ni un sacerdote, no seas tonta. Mejor vamos al agua antes de que me arrepienta de confiar en ti. — dijo mientras comenzaba a caminar hacia el agua agarrado de mi mano con delicadeza.
Yo solo me reí y comencé a avanzar con él. Helios se detuvo cuando el agua le llego a las rodillas.
—Creo que hasta aquí está bien — dijo con cara de preocupación.
—No seas gallina, vamos a avanzar un poco más. — Le respondí mientras seguía avanzando y trataba de jalarlo en mi dirección para que siguiera avanzando.
No me respondió, pero apretó su agarre en mi mano y comenzó a avanzar. Nos adentramos en el agua hasta que sus piernas y caderas estaban totalmente tapadas por el agua. Él estaba bastante tenso así que, para distraerlo, comencé a echarle agua con las manos para que se mojara todo su cuerpo. Eso funcionó quizás demasiado bien para mi gusto.
—¡Thea! —gritó enojado cuando comencé a mojarlo
—Tienes que mojarte por completo — respondí entre risas
—Me las vas a pagar, enana maligna — dijo mientras me lanzaba una mirada asesina.
—Auch, eso duele, no soy enana ni maligna — me queje al tiempo que ponía una mano en mi corazón para fingir que estaba herida.
Helios comenzó a reírse e inicio su venganza. Con ambas manos me echo agua en la cara, yo inicie a correr en dirección de la orilla para alejarme de él. Helios me persiguió echándome agua, hasta que vi que era inútil huir de él y me detuve y respondí echándole agua. Estuvimos un buen rato divirtiéndonos, hasta que Helios decidió que era hora de ponerle fin a la guerra. Sin aviso corrió hasta mí y, con lo grande que es ese hombre me alcanzo en un instante, me cargó y me puso sobre su hombro derecho como si yo fuera una chaqueta que te cuelgas de medio lado y se adentró hacia lo hondo.
—¿Qué rayos haces? ¡BAJAME! — grité y pataleé, pero Helios siguió caminando como si nada
—Estoy poniéndole fin a tu guerra de agua —dijo con arrogancia.
—Te aprovechas de que eres una bestia gigante.
—Sí — me respondió con satisfacción —Ahora cierra la boca y tapate la nariz.
En ese momento el agua ya le llegaba más arriba de las caderas, se detuvo, me agarro con ambas manos y me lanzo al mar. Me levante con todo el cabello tapando mi cara, con las manos me quite el cabello de los ojos y pude ve a Helios burlándose de mí.
—Eres un idiota — dije lanzándole una mirada indignada.
—No lo soy, solo estas molesta porque gane.
—Ni li si sili istis milisti piqi gini — respondí burlándome de sus palabras.
Helios puso los ojos s en blanco y me dio la espalda, yo aproveché que estaba distraído y me impulse hacía él con todas mis fuerzas, lo abrace por la espalda y nos empuje hacia el agua. Ambos caímos al agua, sin soltar a Helios me hundí con él unos segundos y luego nos impulsé hacia arriba, no quería ahogarlo solo vengarme. Al salir a la superficie lo solté y pude escucharlo quejarse.
—Mala perdedora — se giró y me abrazo para hundirse conmigo en el agua.
Al volver a la superficie me soltó.
—Me caes mal ¿lo sabes? —dije con sarcasmo
—Sí, lo sé — me respondió con una sonrisa, como si estuviera orgulloso de eso.
Yo, muy madura, le saqué la lengua y me acosté en el agua sobre mi espalda para poder flotar. Sentí la mirada de Helios sobre mí, pero lo ignoré y cerré los ojos para relajarme. Mi intento de relajación falló cuando escuché la voz de Helios cerca de mi oreja izquierda
—Yo quiero hacer eso, enséñame.
—No — respondí sin abrir mis ojos.
—No seas rencorosa, Thea, enséñame —demandó
—Nope
—Sí
—No
—Sí — exclamó con mucho entusiasmo — enséñame o voy a pasar todo lo que queda de día atormentándote.
Abrí los ojos de golpe y me levanté mientras respondía —Ok, no hace falta que te pongas extremo.
Nos movimos un poco en dirección a la orilla para yo poder estar cómoda de pie y poder ayudarlo a flotar, después de explicarle cómo hacerlo se acostó y yo sostuve su cuerpo con mis manos mientras flotaba. Mientras lo sostenía baje la cabeza y me detuve a observarlo, Helios tenía los ojos cerrados, parecía que estaba durmiendo. Su cabello dorado se había oscurecido por el agua, su rostro se veía mucho más hermoso que nunca porque sus facciones estaban relajadas, verlo tan relajado me transmitía tanta paz que no pude evitar sonreír. En ese instante Helios abrió los ojos y nuestras miradas se encontraron, sus hermosos ojos azules estaban mirándome fijamente con mucha intensidad. Me veía totalmente distinto, su mirada siempre era intensa, pero estaba acompañada de mucho odio o rabia, en algunos casos desagrado o mucha indiferencia como si existiera un muro invisible entre nosotros y nunca pudiéramos acercarnos.
—¿Por qué me miras? — pregunto y arqueo una ceja.
—Porque sí, para eso son los ojos para mirar y tú estás en mi campo visual. —respondí y miré hacia el mar, para cortar con el contacto visual.
—Que feo que respondas así, tienes que ser más respetuosa, con ese comportamiento nunca encontrarás un esposo. —volvió a cerrar los ojos
—¿Y quién te dijo que quiero un esposo?
—No hace falta que me lo digas, todas las mujeres quieren uno
—Quizás yo no
—No te creo
—No me creas — respondí y suavemente fui alejando mis manos para que Helios flotara solo. Sin darse cuenta ya estaba flotando solo.
—Si no quieres un esposo ¿Qué quieres?
—Un perro
—¿Prefieres un perro a un esposo?
—Sí, los perros son lindos, tiernos, amorosos y nunca te van a mentir diciéndote que quieren tiempo a solas, tampoco te van a engañar con otra mujer más hermosa o joven.
Helios se levantó, cruzo los brazos en su pecho, arqueó una ceja y se quedó unos segundos mirándome.
—¿Qué? Es cierto, los perros son mejores.
—No todos los hombres son mentirosos, hay buenos hombres que valen la pena.
—En tu mundo
—Sí, es cierto, la mayoría de los hombres en mi mundo son honestos, honrados y buenos esposos, sin embargo, existen hombres malos. Así es el mundo, no existe luz sin oscuridad, no hay bondad sin maldad. Solo debes elegir bien.
—Tienes razón, pero eso no cambia el hecho de que prefiero un perro — le pique el ojo
Pasamos un buen rato hablando en el agua, decidimos salirnos cuando teníamos los dedos arrugados como pasas. Nos sentamos juntos en la orilla de la playa a contemplar el atardecer porque Helios recordó que es una de las cosas que más me gusta hacer y justo hoy el cielo se lució con unos tonos naranjas, rosados y lilas. Era un espectáculo muy hermoso.
—Gracias —dijo Helios y me sorprendió
—¿Gracias por qué? ¿Por no ahogarte? — pregunté un poco confundida
—No, tonta. Gracias por haberme mostrado tu lugar favorito, este es un lugar que vale la pena visitar.
—Oh… de nada — sonreí
—¿Puedes prestarme la cámara para tomar una foto? Quiero conservar este atardecer.
—Sí, claro. Está en mi bolso, ve a buscarla rápido.
Helios se levantó de la arena y corrió a buscar la cámara instantánea mientras yo disfrutaba la hermosa vista. No deje de ver el hermoso atardecer, pero supe que Helios estaba atrás de mi tomando fotos porque escuchaba el sonido de la cámara.
—¿Thea, puedes tomarme una foto?
—Sí, claro
Me levanté y le tomé una foto a Helios con el hermoso atardecer de fondo. Levante mi pulgar para indicarle que ya había tomado la foto y cuando llego hasta donde estaba yo le pedí que sonriera y tome una foto de nosotros dos.
—Me desagradas, pero quiero tener un registro del extraño, mandón y preguntón que vino de otro mundo y se quedó en mi casa. — dije para molestarlo
—Toma otra, así ambos tendremos un recuerdo del encuentro de nuestros mundos
—Buena idea.
Después de tomar muchas fotos tanto con la cámara como con mi celular, decidimos regresar a casa. En el autobús de regreso a casa Helios se quedó dormido a los 5 minutos que arrancamos y yo me puse a escuchar música, en algún punto se despertó y me quitó un audífono y se lo puso para escuchar lo mismo que yo.
Sobrepasamos la escala de todos unidos
Latidos unidos, tu pecho conmigo
Tú le llamas paz, yo le llamo amor
Uh oh, uh oh, uh oh
Sientes que tu piel se eriza
Tu cuerpo se paraliza
Si te tomas de mi mano
Solo confía en puesto que nada nos sale mal
Si estamos juntos
Helios me miro y levanto una ceja
—¿En serio?
—En serio ¿qué?
—¿En serio llaman a esto música?
—Sí, no a todo el mundo le gusta lo mismo, aquí hay ritmos y estilos muy variados.
Helios soltó una pequeña risita
—Cállate, tú no eres de este mundo, no puedes juzgar mi gusto musical — dije mientras cruzaba mis brazos y fingía estar indignada.
—Tienes razón. Ya decía que no todo en este mundo podía ser tan bueno.
—Idiota.
—Ya, ya. No te estoy juzgando. Escuchare en silencio.
Helios no escuchó mucho porque se volvió a quedar dormido y esta vez yo lo desperté cuando llegamos a nuestra parada. En el trayecto desde la parada hasta mi casa entramos a una tienda para que yo comprara unas golosinas para llevarnos al mundo de Helios, yo aproveché y compre unas cervezas, cosa que no le gustó mucho a él porque decía que las mujeres no deben beber esas cosas tan dañinas. Al llegar a casa cada quien fue a un baño distinto para quitarnos el agua salada, cuando finalizamos nos reunimos en la cena para discutir que pediríamos para la cena. Pizza fue la elección de la noche, pedimos dos pizzas medianas de distintos sabores, yo saqué mis cervezas y comencé a beber. Terrible error, debí escuchar a Helios cuando estábamos en la tienda y me dijo que no comprara esa cosa del demonio.
Al día siguiente amanecí con un dolor de cabeza horrible y sin saber cómo llegué a mi cuarto. Me senté en la cama desorientada, viendo a todos lados, tratando de recordar que pasó ayer, pero solo recordaba fragmentos. Mi memoria recordaba cenar pizza con Helios, beber mucha cerveza, hablé con él y quizás vimos una película, después de eso nada. No sé en qué momento me dormí, quizás me acosté a dormir después de eso y ya. Es hora de buscar mi celular para hacer control de daños y verificar que no hice nada estupido anoche.
Mientras buscaba mi celular al mejor estilo de los flojos, es decir solo tocando todas las superficies alcanzables sin moverme, vi una franela que no era mía.
¿De quién es esto y porque esta en mi cama? Agarro la camisa para verla bien, la estiro y la observo bien, es una franela gris que tiene escrito I LOVE CALIFORNIA. Al instante viene a mi un flashback de anoche, esta es la ropa de Helios, esta franela la tenía puesta anoche. ¿Por qué la ropa de Helios está en mi cama? ¿ Cómo llegó su ropa hasta aquí? ¿Qué hice ayer? ¿Por qué no recuerdo nada de esto? ¡Maldita cerveza!