Mi intención era levantarme temprano, para bañarme antes de que Helios pasara a buscarme, pero no quería levantarme tan temprano.
Estaba oscuro, estaba segura que aún era de noche pero escuchaba quejidos, murmullos y una voz a lo lejos que contaba y exigía repeticiones. No sabía si era parte de mi sueño o que cosa estaba pasando, tenía mucho sueño para averiguarlo así que decidí ignorar todo ese alboroto y tratar de dormir, pero no se detenía así que abrí los ojos y me senté en la cama.
No era de noche como yo pensaba, ya era de día, quizás de madrugada porque apenas se notaban los rayos del sol. Ahora que estaba sentada en la cama podía procesar mejor lo que pasaba, las voces se escuchaban cerca de la ventana, eso quiere decir que el alboroto era en el jardín exterior, decidí averiguar que pasaba. Camine hasta la ventana y abrí las cortinas, en el jardín estaba un grupo de 10 hombres acostados en el suelo y uno de pie, parecía que les estaba dando órdenes. El hombre que estaba de pie lo reconocí con facilidad, una cabellera color oro, espalda ancha, grandes brazos y grandes piernas. Helios, ese era el hombre que me iba a mandar derechito al infierno, un hombre tan guapo que desearlo era un pecado.
Abrí las ventanas para escuchar bien que estaban haciendo.
—¡Cinco veces más! — gritó Helios
Los muchachos que estaban en el suelo comenzaron a hacer flexiones.
Así que me mintió, ese cuerpazo no es de cargar sacos y agua, si hacen ejercicios, al menos él está entrenando a este grupo.
Helios sintió el peso de mi mirada sobre él y se dio la vuelta, su mirada se encontró con la mía y bajo su cabeza en señal de saludo, yo hice lo mismo. Él volvió a concentrarse en lo suyo, yo me quedé unos minutos más asomada en la ventana observadolo.
Me gustaba mucho Helios y no podía engañarme, al principió me gustó físicamente, pero ahora era más que eso, haber pasado tanto tiempo con él me había afectado. Él podía ser peor que un dolor de muelas cuando quería, pero también era muy agradable, conversar con él era maravilloso y salir a pasear con él era mil veces mejor. Estos días me había acostumbrado a su compañía y pensar que cuando esta semana terminara no lo volvería a ver nunca más me rompía el corazón. Tenia muy claro que entre nosotros jamás podría pasar algo, él me había explicado muy bien que en este lugar estaba prohibido amar, al menos el amor romántico de pareja, eso era algo que él jamás conocería, pero yo no podía controlar mi corazón ni mis sentimientos. El corazón tiene vida propia y sabe lo que quiere y el mío quiere a Helios.
No pienses en él, es un hombre dedicado a su diosa, jamás podría amarte a ti así que olvídate de él. Mejor ve a bañarte, así cuando ese idiota llegue ya estas lista, entre más rápido termine esta semana mejor.
Bañarme fue una pesadilla, el agua estaba helada y la peor parte es que se me congelaba el cuerpo porque no tenía una caída de agua constante, yo tenía que echarme agua con un potecito, me sentía en la prehistoria. Tan solo pensar que tenía que cargar agua para poder bañarme cada día hacia que se me quitaran las ganas de bañarme, seguramente cargar agua era peor que bañarse con agua fría.
Toc-toc
—¿Sí? — pregunté.
—Ya es hora de desayunar, apresúrate.
Reconocí ese tonito arrogante apenas dijo la primera palabra, era Helios.
—Ya voy, dame unos minutos. — mentí para molestarlo, ya me había terminado de vestir hace unos minutos, pero quería hacerlo esperar.
—Voy a contar hasta diez, si no sales cuando llegue a diez te voy a dejar y tendrás que encontrar tú sola el camino a la cocina. —dijo Helios bastante irritado.
—Eso es muy poco tiempo — respondí.
—Uno, dos, tres, cuatro... — comenzó a contar muy rápido.
Abrí la puerta de golpe
—Eres muy molesto ¿lo sabias?— pregunté.
—Buenos días, Thea, aquí tienes tres cambios de ropa. — estiro las manos y me dio tres túnicas color hueso muy bien dobladas.
—Gracias.
Deje los vestidos sobre la cama
—¿Hoy si podré tomar fotos?— le pregunté a Helios.
—Sí, pero no traigas el bolso, yo traje esto para que guardes las cosas sin llamar tanto la atención — dijo señalando un bolso de este mundo, que parecía una tela doblada con tiras.
—Exceltene — respondí y guardé mi cámara instantánea y mi celular.
Salíamos de mi habitación y nos fuimos a desayunar.
Después del desayuno nos fuimos a los jardines para que yo pudiera fotografiarlo, tenía que ser rápido porque Helios tenía trabajo pendiente y yo tenía que acompañarlo a todos lados. Del jardín nos fuimos al pozo de agua para comenzar a cargar agua, Helios llevó agua a su habitación y yo a la mía, fue agotador, quedé sudada y empegostada por el esfuerzo, tuve que hacer tres viajes para reponer el agua que use en la mañana.
Después de la tortura de cargar agua nos fuimos a la cocina a colaborar, a mi me tocó pelar papas, cosa que fue un desastre porque no sé pelar papas con un cuchillo, estoy tan acostumbrada al pela papas que con la concha quité casi media papa. Helios se enojó y me puso a picarlas mientras que él se encargó de pelarlas. Al finalizar nos fuimos al jardín interior, esta semana le tocaba a Helios encargarse de supervisar el mantenimiento del jardín, yo aproveche de tomar fotos de la fuente y el edificio mientras él daba órdenes a las mujeres que estaban en el grupo de jardinería.
Todo marchaba bien, yo estaba perdida en mis pensamientos cuando escuché el alboroto.
—¿Cómo es posible que seas tan descuidada? — preguntó Helios muy enojado.
La muchacha a la que estaba regañando tenía unas tijeras grandes de jardinería rústicas, su ropa era igual a la mía, tenía su cabello marrón recogido en un cola de caballo, su piel blanca se veía un poco enrojecida por el sol o quizás porque Helios la estaba regañando.
—Lo siento, fue una equivocación —respondió la muchacha.
—Sí, ya lo sé y no es la primera vez. Te dije que no cortaras los tallos, tienes que encargarte de podar la parte se arriba de los arbustos, más nada y ahora cortaste el arbusto de raíz. Entiendes que esta es una equivocación que no puedo dejar pasar, es un error que jamás debe repetirse, arruinaste un arbusto entero. — se quejó Helios, claramente enojado.
—Lo lamento mucho, señor, esto no se repetirá.
—Mereces ser castigada por esto, el gran sabio no estará feliz al ver lo que sucedió con los arbustos. Es inaceptable que no sepas seguir órdenes.
La muchacha no respondió, solo se quedó con la cabeza baja y las tijeras en la mano.
—Baja las tijeras y arrodíllate — exigió Helios.
La joven asintió e hizo lo que Helios pidió, dejó las tijeras en el suelo y se arrodilló frente a él.
Mi vientre se apretó al verla hacer eso, ya sabía lo que iba a pasar, él se la iba a follar. La idea de ver su arma expuesta me excitaba, se me aceleró el corazón al ver como Helios levantaba su túnica y sacaba su m*****o.
Helios la agarró por su cola de caballo y la obligó a mirarlo, ella no dijo nada solo abrió su boca y comenzó su "castigo". Ella inmóvil concentrada en lo que estaba pasando y Helios, como siempre frío y distante, como si estuviera haciendo cualquier cosa menos sexo oral. Era algo bastante inusual de ver, pero al mismo tiempo excitante.
Después de una rápido asalto a la boca de la joven Helios le pidió que se levantara y caminara hasta la pared, ella obediente se levantó y caminó hasta la pared, ahí puso sus manos en la pared y dejó su trasero levantado, listo para recibir lo que Helios tenía para darle.
Quizás para él esto era cualquier cosa pero su amigo estaba firme y duro listo para la acción. Yo seguía de pie en el mismo sitio con mis ojos fijos en Helios, recorriendo su cuerpo y deleitandome con su masculinidad. Mi cuerpo ardía en llamas, mi vientre estaba apretado y las ganas de tenerlo entre mis piernas me quemaban por dentro, moría por sentir su erección dentro de mi.
Helios pegó la cara de la muchacha contra la pared y le dijo algo en el oído, como respuesta ella abrió más las piernas. Él levantó su falda y con la mano derecha sujeto su trasero y con la otra dirigió su proyectil directo a su hendidura y comenzó el asalto a su cuerpo.
Yo estaba hipnotizada viendo como Helios la penetraba sin parar, sintiendo como mi cuerpo ardía de deseo, yo quisiera estar en su lugar y sentirlo a él dentro de mí, pero no tenía esa suerte. Estaba tan excitada, emocionada viendo, quería verlo acabar dentro de ella e imaginarme que era yo, pero justo cuando creí que se pondría mejor Helios se detuvo, lo sacó con un movimiento brusco y se lo guardó en su túnica.
—Vuelve a trabajar y no quiero ver más errores. — dijo Helios.
La chica se incorporó, se arregló la ropa y bajo su cabeza en señal de obediencia y se fue a buscar las tijeras que había dejado en el suelo, las tomo y volvió a trabajar en los arbustos como si nada hubiera pasado.
Yo estaba atónita por lo que había visto, Helios seguía como si nada dando órdenes a las demás muchachas y pareció recordar mi presencia, comenzó a mirar en todas las direcciones y cuando sus ojos me encontraron comenzó a caminar en mi dirección. Mi mirada seguía fija en él, recorriendo su cuerpo, viendo como la erección que estaba atrapada entre su ropa disminuía de tamaño.
—¿Estás bien? ¿te sientes mal? — me preguntó preocupado.
—Estoy bien ¿por qué? — respondí confundida.
—¿Segura? tienes toda la cara roja y pareciera que te costara respirar. —respondió Helios.
En ese momento me hice consciente de mi cuerpo, aún estaba agitada por lo que acababa de ver, me había excitado al ver a Helios follandose a esa muchacha, fue breve, pero muy intenso para mi y no me había recuperado de esa escena.
—Estoy bien, de verdad, esto es solo por la impresión. — respondí evadiendo su mirada.
—Ah, ya veo, estas incómoda. Lamento que tuvieras que ver eso, pero así son las cosas aquí.
—Sí, sí, ya sé que aquí todo es distinto, ahora déjame a sola un momento, por favor. — le pedí.
—Te daré espacio, solo no te alejes demasiado. — dijo y se alejó de mi, volvió al sitio donde estaban las muchachas podando los arbustos.
Caminé hacia el lado contrario y me senté en el banco que estaba más alejado de ellos, necesitaba calmarme, aún sentía que mi vientre estaba apretado y caliente. Cerré los ojos y comencé a respirar lento y pausado, pensé en cosas tristes. Perritos abandonados en la calle, gatitos maltratados, escenas tristes, el final del estupido libro que me destrozó el corazón. Funcionó.
Abrí los ojos y sentí que mi respiración estaba tranquila y constante otra vez. Me quedé sentada en ese banco apreciando las flores y el hermoso todo azulado del cielo, que lindo y pacífico es este lugar. Después de pasar varios minutos viendo las nubes comencé a sentir como el sueño se apoderaba de mi y mis ojos comenzaron a cerrarse, no luché, deje que el sueño se apoderara de mi, fui cayendo lentamente y justo antes de que la oscuridad se apoderara de todo lo escuché llamarme a lo lejos.
—Thea.
—Thea.
Cada vez se escuchaba más cerca
—¡Thea!
Abrí los ojos y Helios estaba caminando hacia a mi con cara de mala leche, seguro estaba molesto. Me levanté y caminé hacía él antes que comenzara a regalarme.
—Tengo rato llamándote ¿Qué estabas haciendo? —preguntó Helios irritado.
—Me quedé dormida. —respondí con sinceridad.
Levantó una ceja
—Vamos, tenemos mucho que hacer, no hay tiempo para dormir, deja eso para la noche.
El resto del día fue aburrido, del jardín fuimos a la oficina de Helios, él tenía pendientes que resolver, cosas que escribir así que me dejo sentada en el pequeño sofá de su oficina con una pila de libros para que me distrajera mientras él trabajaba, de ahí nos fuimos a almorzar, después de regreso a la oficina y luego a mi habitación a dormir.
Creí que me costaría dormir después de todo lo que había visto hoy, pero no fue así, el cansancio pudo más y caí profunda en la oscuridad.
Los días pasaron y cada día era igual, despertar, ver a los hombres entrenando, bañarme con agua fría, ir a comer, ir al jardín, ir a la biblioteca, ir a la oficina de Helios, ir a comer, volver a la oficina, otra vez ir a comer y luego a dormir. Lo interesante del día es cuando alguna chica cometía un error que mereciera una castigo, me había vuelto una pervertida, me encantaba ver el momento en que castigaban a alguien, ver eso era excitante y era mil veces mejor cuando Helios era el que daba el castigo. Me encantaba ver como las follaba con tanta frialdad, como si estuviera bebiendo una taza de café, era tan adictivo verlo que cuando nos quedábamos a solas en su oficina no podía concentrarme en leer sino que pasaba la tarde fantaseando con él dentro de mí.
Ya quedaban tan solo 2 días para irme, pero no quería pensar en eso, no quería alejarme de Helios, quieria más de él.
—Helios ¿puedo hacerte una pregunta íntima? — le pregunté.
Helios dejó de escribir y me miró intrigado
—Supongo que sí, ya casi te vas así que puedes preguntar lo que quieras. — respondió.
—Mi pregunta es sobre los castigos...
—Ajá — dijo Helios mientras levantaba una ceja.
—¿No te sientes inconforme?
—¿Inconforme con qué?
—Pues sexualmente, me di cuenta que tu m*****o siempre está erecto y aún así terminas antes de poder eyacular. Me da curiosidad si eso no es frustrante.
—No, la verdad no, ya estoy acostumbrado. Yo no lo hago por placer por eso no llego al clímax, además si lograra eyacular sería un problema porque quiere decir que estoy haciendo mal mi trabajo y en lugar de hacer mi trabajo estoy enfocandome en mi placer. Sí, es normal que tenga una erección porque así trabaja el cuerpo humano, físicamente debo excitarme para hacer lo que tengo que hacer, pero al terminar mi labor poco a poco me relajo para que pase la erección.
—Oh, creo que ya entiendo. Es decir, que no lo disfrutas.
—No, pero es lo que tengo que hacer, es parte del trabajo.
—¿Alguna vez haz besado a alguien en la boca? — pregunté, tenía mucha curiosidad.
—No, eso no se puede hacer aquí. — respondió muy serio.
—¿Por qué?
—Porque los besos son una muestra de afecto y pasión en una pareja y aquí no queremos desarrollar esa clase de sentimientos con nuestras aprendices, ellas solo vienen a este lugar a aprender, crecer y ser mejores, no a estarse besuqueando con sus profesores. Sus labios son sagrados y son solo para sus esposos.
—Ummmm¿ y nunca te has sentido excitado?
—No.
—No te gustaría enamorarte de una mujer.
—No y aúnque quisiera no podría, yo hice un juramento. Hace años juré en el santuario que entregaría mi vida para servirle a mi diosa. Enamorarme sería una traición, rompería mi juramento si cedo ante esos sentimientos y placeres carnales.
—Ya entiendo. — respondí con tristeza.
—¿Eso era todo lo que querías preguntar?
—No, también quiero saber por qué no dejas que Eros hable conmigo. Él es muy amable y siempre que se acerca a mi para conversar me alejas, dices que tenemos mucho por hacer y lo dejas com la palabra en la boca, me parece muy grosero de tu parte.
—Es cierto, siempre tengo mucho que hacer y no quiero perder mi tiempo mientras hablas con Eros. Él habla demasiado y no estoy dispuesto a malgastar una hora o más, si tanto deseas hablar con él hazlo en tu hora del almuerzo. — dijo enojado.
—No es para que te molestes, solo tenía curiosidad.
—No estoy molesto, ahora no preguntes más tonterías que tengo mucho que hacer. — se quejó y volvió a mirar sus papeles.
Nombrar a Eros hizo que se molestara, pero ¿por qué? ¿qué habrá pasado entre ellos para que reaccione así? supongo que hoy no lo averiguaré.
Al regresar a mi cuarto encontré al gran sabio Artemis parado frente a mi puerta esperando por mi.
—Thea, que bueno verte, te estaba esperando. Quiero hacerte una propuesta.