Regresaron al hotel de noche, pasaban de las diez, Ónix acompañó a Elizabeth a la puerta de su habitación, se recargó en la puerta, mientras ella cruzaba el marco —Descansa, mañana tendremos un largo viaje a casa —dijo la rubia, se acercó y besó los labios de Ónix con suavidad, él sonrió astuto. Ella cerró la puerta. Ónix se quedó ahí, de pie, no estaba dispuesto a irse, ese no era su plan, ya tenía su paso a seguir, y no debía desviarse, todo estaba calculado, en tiempos y con frialdad. Golpeó la puerta con sutileza, esperó que abriera. Elizabeth abrió, su rostro se sorprendió —¿Se te olvidó algo? El hombre no respondió, pero la miraba de una forma extraña, con una sonrisa contenida, Elizabeth sintió temor, le pareció que había algo de malicia en la mirada de Ónix. Caminó ad

