Astlyr Habían transcurrido algunos días más y no podía decir que me sentía tranquila, precisamente. Desde lo que sucedió con aquella mujer en el pueblo, no tenía la menor idea de qué esperar. Además, mi tensión aumentaba por el hecho de que estaba intentando adaptarme a esta nueva vida. Pero eso era algo que estaba lejos de ser sencillo. Necesité más del veneno de Erea la mañana de aquel día y en ese momento, cuando ya estaba oscureciendo, me encontraba sentada en el jardín observando las dos pequeñas heridas que dejó en mi muñeca. Desconocía por cuánto tiempo sería dependiente aquella sustancia y el hecho de no poder ir al pueblo para seguir practicando cómo estar cerca de los humanos no mejoraba las cosas. De pronto, sentía que todo no hacía más que complicarse. Justo en el punto en

