Astlyr Me separé después de Benjamin y me senté sobre la colchoneta, a su lado. Mi mirada fue a parar por sí sola a mis piernas, sobre las cuales entrelacé mis manos. En mi mente seguía repitiéndose aquel momento, como tantas veces… La hoja de la daga enterrándose en mi pecho, con la sangre de Benjamin en ella. —No puedo sacarme estos recuerdos de la cabeza, Benjamin —murmuré, con la voz atormentada—. Pasé mucho tiempo sin dormir, porque cada vez que cierro los ojos todas esas imágenes vuelven. Justo ahora, me acaba de pasar. Es un infierno. Sabía que tenía que hablar de ello, soltar todas esas emociones que se transformaban en el intenso nudo que estrangulaba mi garganta, pero eso no significaba que fuera sencillo. Él tardó algunos instantes en responder y, cuando lo hizo, percibí en

