Capítulo 7

1368 Words
Astlyr Había estado un buen rato en el club y Kalen Solheim todavía no aparecía. Comenzaba a impacientarme. Algo me decía que él iba a estar ahí, un imbécil como él no desaprovecharía una oportunidad como esa para conseguir alguna nueva presa. «Pero, ¿qué había de mí?»  Me estaba costando cada vez más mantenerme lúcida. Podía distinguir los latidos de mi corazón entre todos los demás; cómo estos marcaban un ritmo más lento y profundo que el resto, siendo envueltos por cada respiración, cada aroma, cada pulso. Nada me había costado tanto autocontrol en mi vida como aquel momento. Me obligaba a mí misma a no sucumbir. Porque, si lo hacía, no habría vuelta atrás. Cerré los ojos por un instante y respiré con lentitud, intentando calmarme. Fue cuando sentí cómo el rastro de unos dedos cálidos se deslizaba por mi piel, desde el antebrazo, hasta llegar a mi muñeca. Finalmente, me tomó de la mano con una suavidad que me resultó extrañamente familiar, provocando que mi piel se erizara. Me di la vuelta, confundida, no solo por aquel contacto, sino por lo que me produjo. Debí haber reaccionado de manera distinta, molestarme o, cuando menos, sacudir mi mano. Pero no lo hice. Y, pronto comprendí la razón. Sentí mi corazón detenerse por un instante cuando descubrí los ojos negros de Benjamin detrás del antifaz que llevaba puesto, igualmente, del mismo color. Aunque ocultara la mitad de su rostro, pude reconocerlo de inmediato, no solo con mis ojos, sino con cada fibra de mi ser. Mi mano cosquilleaba como si hubiese fuego ardiendo en mi sangre, justo en la zona que estaba en contacto con su piel. Mi corazón había pasado de latir lentamente, a hacerlo con suma rapidez, causando que un remolino diera vueltas en el centro de mi pecho. Incluso, creí que mis piernas fallarían en cualquier momento. Fue la primera vez en mucho tiempo en la que me sentí tan vulnerable. Me sentí humana. No comprendía cómo fue que pasé por alto su presencia. Había estado tan concentrada buscando a Kalen, que no me di cuenta de que Benjamin estaba ahí también. Y ahora no sabía qué hacer. Estaba paralizada, sumergida en la profundidad de esos ojos negros que calaban en los míos, como si pudieran descubrir todos y cada uno de mis secretos. Sentí que todo giraba a nuestro alrededor cuando Benjamin me atrajo hacia él y colocó su otra mano en mi cintura. Aquel ardiente cosquilleo se expandió por la piel descubierta de mi espalda y se convirtió en una explosión dentro de mi pecho. Entreabrí mis labios, pero de ellos no salió ninguna palabra. En cambio, deslicé la mirada hasta los suyos. Y, cuando volví a mirarlo a los ojos, aun con los oscuros que estos eran, noté cierto brillo en ellos. «¿Quería jugar conmigo? ¿Eso era lo que quería?» Porque yo también podía jugar. Guiada por el ritmo de la música, deslicé una de mis manos por su pecho hasta llevarla su hombro y comencé a moverme lentamente, sin dejar de mirarlo a los ojos, siendo rodeada por su masculino aroma y por sus latidos, que tampoco eran indiferentes a mí. Benjamin me siguió el ritmo y sus dedos recorrieron mi espalda con una lentitud fatal, acercándome un poco más hacia él, hasta que no hubo ninguna distancia entre su torso y el mío. Incluso bajo la tela de su camisa negra, logré apreciar la firmeza de sus músculos. —No deberías estar aquí —murmuró. Aun con la música, pude escuchar su voz perfectamente. «Quizá era por lo cerca que estábamos.» Me revolvió tantas sensaciones escucharla de nuevo. Hasta ese momento, no sabía cuánto la había echado de menos. —Y tú tampoco —contesté, por lo bajo. El pelinegro entornó los párpados ligeramente, como si no comprendiera del todo mis palabras, acentuando lo espesas que eran sus pestañas. Entonces, añadí algo más: —Todos en este pueblo odian a los Landvik. Benjamin no respondió nada. Tan solo, siguió mirándome, mientras nuestros cuerpos se movían al compás de la música. Y si antes creí usar toda mi fuerza de voluntad para no atacar a nadie, ahora debía usar todas esas fuerzas estando ahí con él, así. Sus ojos negros recorrieron mi rostro, como si quisieran quitarme el antifaz que llevaba puesto para poder observarlo por completo. Y la profundidad de su mirada, combinada con las caricias de su mano en mi espalda, tenía mi cabeza dando vueltas. —¿Dónde has estado todo este tiempo? —preguntó. Tragué pesado y no respondí a su pregunta. En cambio, me di la vuelta y esta vez permití que sus brazos me envolvieran, mientras pegaba mi espalda a su pecho. Una de mis manos ascendió hasta su cuello y recosté la cabeza de su hombro izquierdo. Después enterré mis dedos en su pelo sedoso. Seguíamos bailando a nuestro propio ritmo, como si no hubiese nadie más ahí, que nosotros dos. En aquellos meses, jamás creí que sentiría el calor de su cuerpo arropándome de esa forma. Después de tantos días fríos, se sentía completamente bien. —Astlyr —susurró él, cerca de mi oído. Mis ojos se cerraron por sí solos—, no puedes seguir lastimando a más personas de esa manera. Tardé algunos momentos en responderle. Mi mente seguía presa de la forma en la que él pronunciaba mi nombre. —No estoy aquí por ellos —murmuré, girando mi rostro para darle una vista parcial de mi perfil—, y tampoco por ti. —¿Segura? —Su voz y su aliento provocaban cosquillas en mi oído. Moví la cabeza en un leve asentimiento. Tenía la garganta seca. —Entonces, ¿por qué no eres indiferente a esto? —preguntó. —Tú tampoco lo eres —susurré. —¿Esa es tu forma de admitirlo? —Tal vez… Mis ojos volvieron a cerrarse cuando lo escuché sonreír. Ni siquiera el ritmo de la música era tan fuerte como nuestros corazones latiendo al mismo tiempo. —Un «tal vez» no es un «sí» —dijo él. Mordí mi labio inferior. —Tampoco es un «no». «¿A qué estábamos jugando? ¿Qué era todo eso?» No lo sabía, pero sentía que estaba a punto de perder la cabeza; más de lo que ya lo había hecho. Volví a girar sobre mis pies, aún encerrada en sus brazos. Y, levanté la mirada hacia esos ojos que clamaban por atraerme a la profundidad de su abismo. —Estoy aquí por Kalen —susurré, finalmente. Nuestras narices rozaron muy sutilmente y percibí la calidez de su aliento descansar en mis labios. Era una agradable mezcla de menta y alcohol. Pero eso no fue lo único que percibí. Mucho más lejano, alcancé a sentir el olor de Kalen. «Estaba ahí.» No podía seguir ahí con Benjamin, necesitaba distraerlo de alguna forma para poder apartarme y buscar a Kalen. De ninguna manera, podía perder la oportunidad que tenía. Y la única idea que se me ocurrió, fue besarlo. Uní mis labios a los suyos, sintiendo que todo ese calor que antes recorrió mis venas se magnificaba, evaporándose por los poros de mi piel y consumiendo cada centímetro de mi cuerpo. Las manos de Benjamin envolvieron mi espalda con necesidad y mis dedos acariciaron su cabello espeso, mientras nuestras bocas se unían en el desespero de volver a encontrarse luego de aquel tiempo. Mordí su labio inferior, mientras inclinaba más la espalda hacia atrás, atrayéndolo hacia mí y disfrutando cada contacto que hacía su cuerpo con el mío. Entonces, sus manos descendieron y sus dedos recorrieron el borde de la tela que rodeaba mi cintura, perdiéndose bajo ella, mientras su pecho firme me recibía. Nuestras lenguas se fundieron en una intensa batalla, en la que ninguno de los dos ganaba. Ambos perdíamos. Siempre perdíamos. Me separé de él bruscamente, buscando mi poca cordura, dondequiera que la hubiese dejado. Ambos respirábamos con dificultad y nuestros corazones latían como el poderoso estruendo de una implacable tormenta. Vi sus ojos negros por última vez, antes de que las luces de club se apagaran. Y cuando todo se sumió en oscuridad, me alejé de él.
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