Narra Maricela
Antes de llegar a casa, pasé a una farmacia y comprar un anticonceptivo de un día después, lo que menos quiero es embarazarme de ese desgraciado. Salgo de ahí y me voy a mi departamento, ahora por su idiotez y su culpa, me tendré que ir de aquí y cambiar de trabajo, incluso de ser necesario, irme a otro país. Aquí sólo me llevo puras decepciones. Primero Damián quien nunca dejó de amar a su ex quien sólo se burló de él, y ahora Román que se hizo pasar por un amigo y que tenía novio sólo para acercarse a mí y… ¡Dios! No lo quiero ni recordar, tan sólo de hacerlo me produce nauseas.
Ya ni siquiera pude irme a ver a mis padres y hermana, les tuve que poner de pretexto que me habia dormido hasta tarde por trabajo, al menos lo entendieron.
Estaba tan concentrada en mi búsqueda de trabajo, cuando el sonido del timbre me saca de mis pensamientos.
Me levanto de mi sillón y aprovecho para estirarme como lo hace un gatito.
Sin mirar de quien se pueda tratar, abro la puerta y es la persona a la que menos quiero ver.
—Pero ¿Qué demonios haces aquí? —Estoy enfadada con este imbécil.
—Por favor, no te enfades conmigo, yo realmente estoy enamorado de ti. —Dice poniéndose de rodillas y la verdad esto es muy embarazoso.
—Quieres de dejar de hacer eso, sólo haces el ridículo. —Trato de hacer que se levante y que ninguno de mis vecinos nos vea.
—No lo haré, hasta que digas que me perdonas. —Tiene que ser una bendita broma.
—Román, por favor. —Suspira derrotado y termina haciéndolo. Lo invito a pasar y toma asiento y hago lo mismo.
—No te voy a perdonar, lo que me hiciste no tiene perdón. —Y debe de saberlo muy bien.
—Lo sé, pero fuiste tú quien me besó y pues… —Lo interrumpo.
—Me niego a creerlo. Es decir ¿Por qué lo haría? —No puede estar hablando en serio.
—Porque pensaste que era tu ex. —Lo dice con seriedad y yo abro los ojos con exageración.
—¡¿Qué?! No puedes estar hablando en serio. —Me levanto como resorte y camino por toda la sala.
—Aunque me duela, es la verdad. —Lo miro sin poder creer lo que acababa de decir.
Me acerco a la puerta y la abro.
—Vete. —Le digo sin mirarlo. Él simplemente lo hace.
—Sólo ten en cuenta que realmente te amo, en cambio él, sólo se burló de ti. —Cierro la puerta y me dejo caer lentamente pegada a la pared.
¡Dios mío! No pude haberlo hecho y menos pensando en Damián, digo, aun lo amo, pero…
¿A quien quiero engañar? Me duele todo esto, Hilda me jura que él me ama, pero me demuestra lo contrario. ¿Qué hago?
¿Y si realmente me ama? Lo único que quiero es no llevarme más decepciones.
…
Estoy frente a la puerta de su departamento, con los nervios a todo lo que dan. Justo cuando iba a tocar, se abre la puerta y es esa mujer. Siento como amenazan las lagrimas de mis ojos.
—¿Qué haces aquí? —Me pregunta con cierto odio en su voz.
—Yo… —Sale Damián cargando a su hijo, quien, por cierto, se ve muy feliz, pero al verme, cambia su expresión a una fría. Hasta sentí que me congelaba.
—¿Nos vamos? —Me ignora y pasan por mi lado. Mercedes me da una sonrisa maliciosa antes de subir al ascensor.
Que idiota fui al venir aquí con la esperanza de aclarar las cosas con él, pero al parecer todo era verdad.
Narra Damián
No he podido concentrarme mucho en el trabajo como últimamente, he estado tentado en buscar a mi hermosa Marisela, sin embargo, ella me dejó muy en claro que no quería saber nada de mí.
Pero no me importa, sé que aun me ama y lucharé por ella.
—Hola. —Mercedes entra a mi oficina.
—¿Qué haces aquí? —Pregunto sin comprender su vista.
—¿Sabes? Extraño ser tu asistente. —Tiene que ser broma.
—Te hice una pregunta. —La miro con cierta molestia y ella bufa.
—Quería venir a agradecerte por pasar tiempo con nuestro hijo. —Esta mujer me desespera.
—No era necesario venir. Pudiste enviar un mensaje. —Lo que menos quiero es verla tan seguido.
—Damián, por favor, sabes que te amo y… —La interrumpo.
—No lo vuelvas a decir. Porque no te creo. —Y es la verdad.
—Algún día te darás cuenta de que es verdad y volverás a mí. —Si darme oportunidad de reaccionar, se acerca a mi y me da un beso en los labios. Pero ¿Qué le pasa?
Sale de la oficina y me siento en el sillón.
¿Volver con ella? Ja, ni que estuviera loco.
Estaba por salir a comer junto a mi padre e Hilda, cuando veo que me llega un correo electrónico. Lo abro, debe ser algo importante.
Mas no es así, son fotos y videos de Maricela teniendo intimidad con quien sabe quién, y eso hace que algo dentro de mí se derrumbe.
—Desgraciada, no sé si eres peor que Mercedes. Que rápido me olvidaste.
Me levanto y tiro cosas a mi paso al salir de la oficina.
—¿Qué te ocurre? —Me pregunta mi padre al verme, pero lo ignoro.
Llamo a Mercedes y la invito a mi departamento para esta noche y junto con mi hijo.
…
Aun no puedo creer lo que vi.
—Apúrate… —Meche le habla a Josh y sale corriendo, pero me abraza a mi y yo lo cargo.
—Me voy a adelantar. —Abre la puerta y la escucho hablando con alguien.
Salgo y es esa mal… La miro con frialdad y la ignoro al pasar junto a ella. No entiendo que viene a buscarme.
Tal vez restregarme en la cara lo mucho que se ha burlado de mí. No quiero volver a verla. Sólo me ha decepcionado una vez más.