Narra Marisela
¿En que estaba pensando cuando tomé la decisión de ir a buscarlo? Fui una tonta al pensar que todo podría tratarse de mentiras de esa mujer, pero no fue así y eso me pone aun peor. Lo mejor sería irme de la ciudad, regresar con mis padres y dejar todo esto atrás para nunca mas volver.
Me recuesto en mi cama y la verdad ni sueño tengo.
Cierro los ojos para no pensar en nada, sin embargo, de repente el sonido de un mensaje llega.
Desconocido: Te dije que Damián me ama a mí, no seas ingenua.
Yo: Por mi quédatelo. Son tal para cual.
Le respondo, aunque me duela decirlo. No quiero saber nada de esos dos.
Desconocido: Pero que considerada eres.
Idiota. Mejor ignorarla.
Quito el chat y entro a mi carpeta de fotos, en donde aun estaba conservando algunas de ella con Damián. ¿realmente me amaba? No lo creo, creí que era diferente, pero no fue así.
Selecciono esas fotos y le doy eliminar, la a**p me pregunta si estoy segura y sé que no habrá vuelta atrás, así que le doy que sí. Y con ellas se van mis ultimas esperanzas de que todo podría ser un malentendido.
Apago el aparato y cierro mis ojos.
…
Los días pasan y agradezco que no he visto para nada a Román, y espero que así siga, hasta el día que me vaya de aquí.
Tocan a mi puerta y pido que pasen. O al menos eso pensaba.
—¿Qué quieres? —Trato de no mirar a ese desgraciado que se aprovechó de mí.
—El sr. Cortes quiere que lo acompañes a una comida de negocio. —¿Qué?
—¿No se supone que debe ir Claudia? —Lo miro por un instante y las nauseas me invaden, respiro para calmarme.
—Ella tuvo otro compromiso. —Lo que me faltaba, y seguramente este idiota irá.
—Por cierto, no te preocupes por mí, no iré. —¡Dios! Parece que me leyó la mente.
—Bien. —Lo vuelvo a ignorar y sale de la oficina sin decir nada. Y regresan las nauseas y corro hasta el pequeño baño que se encuentra en mi oficina y vacío todo el desayuno.
Espero no estar embarazada de ese idiota, digo, tomé la píldora, pero son un 99.99% eficaz. Tendré que hacerme una prueba mas tarde. Me lavo la cara y retoco mi maquillaje.
Salgo de ahí y mi jefe ya está esperando por mí.
…
Llegamos a un lindo restaurante y el ambiente se siente de lo mas agradable. Hasta que Damián llegó. Lo miro y me ignora, incluso cuando saluda a los presentes y debo de reconocer que me dolió y mucho.
No aguanto las ganas de llorar.
—Permiso. —Me disculpo sin mirar a nadie y salgo casi corriendo al baño. Entro y para mi fortuna no hay nadie y puedo llorar todo lo que quiera.
—Que buena actriz eres. —Su voz ¿Qué hace aquí? lo miro sorprendida.
—¿Qué haces aquí? Vete y déjame sola. —Lo ignoro, no quiero verlo.
—Vaya que me olvidaste muy rápido, o ¿A caso ya estabas con un amante y lo de mi hijo fue un sólo pretexto para no casarnos? —¿Qué dijo? ¿en serio? Lo escucho reírse.
—¡Imbécil! No sabes cómo te odio. ¿sabes algo? No sabes cómo me arrepiento de haberte conocido. Nunca debiste “defenderme” de mi ex novio de ese entonces, así te habrías ahorrado tus m4ldit4as palabras hirientes. —Ahora si me lastimó como no tiene ni idea. Estoy furiosa.
—¡Habría sido lo mejor! así no estaría yo sufriendo por tu culpa. —¿sufriendo? ¿y su amada?
—Ja ja ja ja…. —Me río con sarcasmo.
—¿Estás sufriendo? ¿En serio? ¿y qué hay de mí? ¿crees que yo no sufro por tu culpa? —Lo mejor es irme de aquí. Paso por su lado y siento como me toma del brazo y me pega a la pared. ¿Qué pretende?
—No eres más que una mala mujer, yo te amaba y ¿Qué hiciste tú? Dejarme plantado en el altar cuando esa arpía apareció con un hijo que resultó ser mío, en lugar de seguir adelante con nuestra boda, una que tiraste a la basura junto con 3 años de relación. —Me mira y siento una rabia. ¿Qué quería que hiciera? Si me sentí traicionada con ese hecho.
Sin que me lo espere, me besa como si necesitara de mis labios. Al principio me resisto, pero poco a poco me dejo llevar, la verdad, yo también lo necesito. Siento como levanta mi falda y como pasa sus manos acarician mis piernas. Me carga y me sienta no sé dónde, la verdad me siento desconectada y sólo estoy conectada a él. Siento su bulto, uno que d3s30 tanto sentir nuevamente dentro de mí. Y eso me hizo gemir de plac3r.
—Detente…—Le pido, porque de repente unas imágenes 0scur4s llegan a mi mente y eso me asusta. Pero parece no escucharme. Una de sus manos pasa a mi húmeda intimidad y no negaré que me encanta. Siento sus labios como van bajando, hasta llegar a mis pechos. ¡Dios!
—¿Aun quieres que me detenga? —Está muy excitado al igual que yo, pero de nuevo veo la cara de ese imbécil como me mira con perversión.
—Si… —No pude evitar llorar nuevamente, me siento sucia y asqueada. No quiero que nadie me toque, que Damián me toque, siento repulsión en estos momentos. Se aleja de mí y aprovecho para arreglar mi ropa y cabello y salgo del baño, incluso del restaurante.
No tengo ganas de nada, sólo encerrarme en mi habitación y llorar de coraje. Sin tan sólo tuviera pruebas de su agresión en mi contra para refundirlo en prisión.