Entro a casa de Aiden y lo primero que escucho es la voz de Kimberly. —Padrino —grita feliz mi princesa al correr a mis brazos. —Hola preciosa —deposito un sonoro beso en su cachete. —Padrino viniste a cuidarnos —pregunta la peque. —Sí, princesa —afirmo, haciendo contacto visual con Eileen que acaba de llegar a la sala—. Me quedaré con ustedes tres. —Tia Ei —le extiende una manito a Eileen para que se siente justo a nuestro lado en el sofá—, iba a jugar conmigo, un juego que me gusta mucho. Nos miramos fijamente y entonces, todo lo que le dije la última vez, mi rebelión en contra de esas cosas que ella provoca en mí, parece esfumarse. Solo pienso en volver a tocarla. —Pequeña —le habla con dulzura a la niña—, voy a contar, así que busca un buen lugar para esconderte. Ella sonríe fe

