Stefi entró a la habitación de Marco, la puerta estaba entreabierta. No pasaban las 23 hs. Él solía irse a dormir temprano.
Marco aún no estaba del todo dormido. Estaba en ese momento entre el sueño y la vigilia dónde la realidad se confunde con la ficción.
Le pareció ver una sombra en la habitación. Pero no estaba seguro de que sus sentidos no lo estuvieran engañando. No sería la primera vez. Muchas veces creía ver a su fallecida esposa.
Tanteó el velador y lo prendió. Enseguida la vió, con su único ojo bueno, parada allí con su bata cerca de la puerta. Ella se dió vuelta y la cerró.
Luego él se incorporó mientras ella se acercaba.
Stefi estaba ahora con el pelo rojo como una lluvia de fuego indómita (anticipando sus intenciones) , llevándolo como un manto sobre su espalda... libre. Dejó caer su bata de seda blanca hasta el piso quedando completamente como Dios la trajo al mundo.
Él tragó saliva nervioso.
— Stefi ¿ qué haces ? — le preguntó ansioso.
— Sabes que ahora soy Artemisa, familiarizate con el nombre por favor — le respondió ella seria.
Él quiso agarrar el parche que cubría su ojo arruinado, que estaba sobre su mesa de luz, pero ella se acercó y no lo permitió.
Lo detuvo con una de sus suaves manos.
— No lo hagas — dijo y acarició su rostro, una cicatriz del accidente, lo atravesaba. Desde su frente, pasando por su ojo blanco, y llegando así a su mejilla donde terminaba en forma de hoz.
Él no pudo evitar tomar su mano y besar su palma... había pasado mucho tiempo. Después de la muerte de su esposa, le había costado relacionarse con las mujeres, bah, con las personas en general...
Tomando su mano ahora alejandola de él le preguntó :
— ¿ Que quieres 'Artemisa' ?
Ella sonrió con amargura.
— Quiero que esos bastardos paguen...quiero recuperar todo lo que me han arrebatado — él la conocía desde muy pequeña. Había comenzado a salir con Sofía, la hermana de su padre, cuando ambos tenían 18 y Stefanía solo 8.
En ese entonces era una pequeña sonriente y regordeta, de ojos grandes y sonrisa contagiosa a la que solía narrarle historias... Pero ya no quedaba nada de esa niña. La habían hecho literalmente trizas.
— ¿ Qué haces aquí ? — cuestionó él. Temía escuchar la respuesta.
— Necesito ayuda con algo ... — ella sopesó lo que le diría a continuación — Si voy seducir a ese bastardo necesito experiencia ...— el que había sido su marido hasta que pasó lo que pasó , había sido su primer y único hombre. La tocaba poco y solían hacerlo con la luz apagada. El siempre argumentó que le gustaba hacerlo así , pero ella cegada de amor como estaba y todo, siempre tuvo sus sospechas...
— Yo...no se si pueda darte lo que necesitas...aparte eres la sobrina de Sofia— su esposa fallecida, hermana de Stavros, el padre de Artemisa.
— No somos familiares — él solo fue el esposo de su tía...y ésta había muerto hacía tiempo. Todos habían muerto, incluso ella... — Aparte no confío en nadie más... por favor — le rogó y suplicó con su tono de voz.
Él acarició su mejilla con suavidad.
— No quiero herirte aún más — confesó él.
— Entonces no lo hagas — ella bajó y le dió un suave beso en los labios.
Los labios de Stefi eran suaves. Para él siempre sería Stefi, no importaba lo que ella dijera. E incluso cuando entendía sus motivos.
Él dormía desnudo, y aunque estaba tapado su cuerpo reaccionó y ella se dió cuenta del bulto por debajo de la sábana.
Así que lo destapó y acarició con suavidad su m*****o con su mano, de arriba hacia abajo.
El la dejó por un momento. Y luego le dijo. Sacando su mano de allí.
— Antes de enseñarte a dar placer debes aprender a recibirlo. ¿ Tú marido cómo era contigo ? — ella agachó su mentón y negó con la cabeza.
— Él me tocaba poco — finalmente admitió.
— ¿ Y tú a ti misma ?
Ella se encogió de hombros.
— No sé, creo que quizá ... pero no lo suficiente — ella no había tenido una madre en la edad adulta que la guiase, o un grupo de amigas que realmente la apoyaran...y claramente con su abuelo no iba a hablar de eso.
— A ver, muéstrame...
Y ella le mostró lo que sabía...y él lo que aún podía aprender...