Capítulo 3

4054 Words
—Ya no siento mis pies —se queja mi mejor amiga, sentándose en un banco de la plaza. —No seas exagerada, no caminamos mucho. —Para mí, sí caminamos mucho; tú estás acostumbrada, por tus horas de defensa personal y de ese karate raro que haces, pero yo no. Odio el ejercicio —se mofa, suspirando exageradamente. —Que quejosa; la verdad, te pones pesadita. —¿Está muy lejos el hotel? —suelta de repente, con cara compungida. —No, estamos a un par de manzanas —indico, mirando hacia el lado por donde se encontraba el hotel. —Vamos entonces, necesito una ducha y un trago —declara, levantándose como si llevara alguna mochila o algo pesado en la espalda. Es increíble lo exagerada que puede ser. Yo no quería volver al hotel, estaba anocheciendo y se veía muy hermoso el cielo, es muy lindo este país; si fuera por mí, seguirá caminado sin una dirección específica, pero yo también quería un trago y, además, empezaba a hacer mucho frío y no estaba realmente abrigada para la baja de temperatura que demandaba la noche. Llegamos a nuestra habitación y ella corrió a ducharse; en realidad se iba al jacuzzi, esa era la desesperación por la cual quería llegar al hotel. Me asomé al balcón y en serio que era una hermosa vista; creo que, si tuviera un trabajo aquí y entendiera el idioma, me quedaría a vivir en este país con mucho gusto, y a Aye le gustaría también. Cómo la extraño, y solo estuve sin ella dos días; no la vi en el aeropuerto, ya que le pedí a mi mamá que no la llevara por si lloraba o quería venir conmigo, así que lo mejor fue dejarla en mi casa con ella. La voy a llamar, aprovechando que Sole está en la ducha y no va a meterse en mi conversación. —Lina, ¿cómo estás? —atiende mi madre. —Hola mamá. Estoy bien. Es un lugar fantástico. ¿Cómo está Aye, está ahí? Me la pasas para hablar con ella. —Ella está bien, ahora está jugando en su cuarto. Voy a llamarla —me hace saber, para luego gritar su nombre. —Hola, mami —saluda, mi niña del otro lado de la línea. —Hola, mi amor. ¿Qué hacías? —le pregunto conteniendo las lágrimas. Va a ser un poco difícil estar tan lejos de ella tanto tiempo, ni ella ni yo estamos acostumbradas a estar separadas por un lapso tan largo, ni mucho menos a estar cada una en una punta del mundo. —Estaba jugando con los ponis, la babu me hizo torta de chocolate y les di a ellos —responde, exaltada. — ¿Y no les va a hacer mal a la panza tanto chocolate? —Ay no, mami; ellos son seres mágicos y solo se alimentan de cosas ricas, como chocolate, caramelos, tortas, golosinas, todo eso —cuenta, como una gran sabedora. —Bueno, entonces dales muchas cosas ricas. ¿Te estás portando bien con la babu? —la interrogo. —¡Sí!... Soy una princesa buena y mi deber en la tierra es portarme bien con las personas ancianas —declara, y escucho a mi mamá que empezó a los gritos por decirle anciana. Ella solo tiene cuarenta y nueve años, no es anciana. —Ayelen, tu babu no es anciana; no digas eso, que la vas a hacer sentir mal —le digo, tratando de sonar un poco seria, pero sin lograrlo. —Perdón, lo dije con cariño. —Me la imagino haciendo puchero mientras dice eso. —Sí, ya sé, mi amor; y ella también lo sabe, pero no le digas mas así, ¿dale? —Bueno. ¿Mañana vienes? Esta es la parte más difícil, ya que no lleva bien la cuenta de los tiempos y tampoco le expliqué cuántos días eran los que iba a estar lejos de casa. —No, voy a ir dentro de unos días a casa; así que te tienes que portar bien y cuidar a la babu mientras no estoy —le aclaro, tratando de no hacerle sentir el peso de los días que no nos vamos a ver. —Yo la cuido, ya te dije que es mi deber como princesa cuidar a los ancianos —entona muy bajito lo último; seguramente, para que no la escuche mi mamá. —Te dije que no le dijeras así, la vas hacer enojar y no te va hacer más tortas —le doy una pequeña reprimenda. —Bueno, no lo digo más... ¿Me vas a traer un regalo cuando vengas? —Hacemos una cosa... Yo te llevo un regalo, pero tú, cuidas de la babu y le haces caso en todo, ¿trato? —Hay que negociar, antes que le siga diciendo anciana. —Trato. Escucho a Sole saliendo del baño, así que ahora me toca a mí, antes de que quiera entrar de nuevo. —Bueno, mi amor, tengo que colgar; hablamos mañana, ¿sí? Te amo. —Sí, mami; te amo. —¿Con quién hablabas? —curiosea Sole al salir. —Con Ayelen —contesto, mirándola con curiosidad. —¿Cómo está mi princesa? —pregunta conforme se seca el pelo con la toalla. —Bien. ¿Sabes cuál es el deber de ella como princesa? —indago, para ver si sabe algo de lo que hablaba mi hija. —Cuidar a los ancianos —responde como una autómata, y yo quedo boquiabierta— ¿Qué? —lanza al ver mi cara, y vuelve a correr la vista de mí para seguir con su acción. —¿Cómo sabías eso? —inquiero. —Porque ella me contó un fin de semana, cuando la dejaste con tu mamá; le pregunté si se había portado bien con su babu y me respondió que sí, y que la había cuidado porque era una anciana y era su deber como princesa hacerlo. ¿Por qué yo recién me entero de esto? —¿Todo eso te dijo? —no lo podía creer. —Sip. —¿Y de dónde sacó eso? —Sole me presta atención y es ahí cuando me doy cuenta—. No digas nada; le dijiste eso. Estás loca; mi mamá no es anciana, y Ayelen anda diciendo eso. —No puede ser, qué bruta que es muchas veces mi queridísima amiga. —Yo no le dije anciana; solo le dije que se portara bien, que ella por ser princesa debe cuidar a las personas mayores como la babu. Eso fue todo lo que yo dije —confiesa a la defensiva. —¿Y de dónde sacó la palabra anciano? —No sé; al otro día, cuando la fuimos a buscar, ella me dijo lo que te conté con respecto a lo que yo le había dicho, pero ni idea de dónde lo sacó. Seguramente, de la tele —se defiende. —Bien, como sea; no tienen cura ustedes dos. Me voy a duchar, así vamos por esos tragos —anuncio, zanjando el tema antes que me altere. Después de ducharme y cambiarme salimos al bar del hotel, nos pedimos un Martini cada una; en realidad los pidió Sole que, mientras yo me duchaba, ella estaba con el diccionario español-alemán para estudiar como pedir un Martini; a mí nunca se me hubiera ocurrido. Lo que hace la necesidad de alcohol. —¿Ahora vas a coquetear con el barman del hotel? —cuestiono, elevando una ceja. —¿Cuál es problema? Es sexy; además, no nos vamos a quedar a vivir aquí, por desgracia —contesta encogiéndose de hombros. —Es muy sexy, es verdad... Solo quiero estar cuando traten de hablar, ya que solo sabes en alemán "gracias" y como pedir un Martini —suelto, riendo por lo bajo, imaginándome la situación. —Quién necesita hablar, cuando tenemos un idioma universal en el que no se necesita decir ni una palabra —argumenta con supremacía. —¿Y cuál es ese idioma universal, según tu criterio? —El sexo —me aclara la duda sin más, al tiempo le sonríe al barman. —Me había olvidado de ese hermoso idioma —sonrío al ver cómo la mira el chico. —Siempre estoy para recordarte las cosas importantes. Ahora voy al baño; no te vayas con ningún hombre, ¿ok? —asiento, y se aleja contoneándose. Sinceramente, no me arrepiento en absoluto de haberla traído conmigo; es diversión asegurada. Ojalá estuvieran Lucas y Gaby con nosotras, los extraño, y más a Lucas; él siempre corre a mi lado cuando lo necesito, y viceversa, no hay hombre más fiel y sincero que él «al menos, no que yo conozca». Hace un tiempo estuvimos juntos; hacía poco que lo conocía, él me dijo que enseñaba defensa personal y me instó a anotarme; después de pasar tanto tiempo juntos nos sentíamos atraídos físicamente, por lo que a consecuencia tuvimos sexo. Pero luego de tenerlo y ver que solo era algo físico, y como no queríamos arruinar nuestra amistad, dejamos que así como empezó, terminase también ese mismo día; lo hablamos, y nunca nos sentimos incómodos, ni nos echamos nada en cara de lo que pasó; al contrario, nos unimos más. Ahora es como mi protector, mi ángel guardián; él me enseñó a pelear, a disparar, me ayudó a salir adelante después de un mal momento, siempre me contuvo y sé que siempre me va a contener. —Hola —escucho una voz femenina a mi lado sacándome de mis pensamientos. —Hola —respondo al saludo viendo a una chica morena, ojos negros, labios carnosos, nariz refinada y con un vestido muy ajustado; la verdad, muy linda mujer, con una figura bien pronunciada. —Soy Tania, y ella es Lisa —se presenta teniéndome la mano, para después señalar a su amiga. Al igual que ella, tenía unos rasgos muy pronunciados, labios carnosos, ojos rasgados; solo que esta, en vez de vestido, tenía unos pantalones muy ajustados de cintura baja, bastante baja, y un top que no dejaba mucho a la imaginación. Qué mujeres tan sexys. Y bastantes curvilíneas. —Lina —me presento, estrechándoles la mano para corresponder al saludo. Me sentía media monjita entre estas mujeres así vestidas; yo estaba con un vestido ceñido color azul y botas negras de cuero con tacón que no insinuaba ni decía absolutamente nada. —¿Eres uruguaya? —pregunta Tania. —No, argentina —respondo con una sonrisa. —Oh, lo siento yo... —Está bien, no te preocupes; a mí no me molesta —intervengo, antes de que se enrosque sola—. ¿De dónde son? —interrogo desviando el tema; la verdad, no sé bien sobre esa estúpida rivalidad entre Argentina y Uruguay y, sinceramente, tampoco me interesa. —Colombia —responde sonriendo, mostrándome una blanquísima dentadura. —Te vimos hablando con una chica. ¿Es Argentina como tú? —pregunta la otra chica, llamada Lisa. —Sí, ella es mi amiga; llegamos hoy por la mañana. —Es decir que todavía no vieron nada de aquí —indaga Tania, hablando nuevamente. —Nop; caminamos hoy por la tarde, pero no mucho —les explico. —Hola —saluda Sole acercándose a nosotras. —Hola —saludan las colombianas al unísono. —Sole, ellas son Tania y Lisa, vinieron desde Colombia; chicas ella es Sole. — ¿Hace cuánto están en Alemania? —les pregunta Sole, evidenciando su curiosidad. —Hace dos semanas. Vinimos por nuestro trabajo; somos fotógrafas, y nos trajeron aquí por una campaña —le hace saber Lisa. —Así que, en este momento, sacamos fotos a modelos masculinos —explica Tania con un deje de complicidad. —Qué lindo el trabajo de ustedes —entona Sole con recelo. —A mí me gustaría estar rodeada de modelos, y mucho más, ordenarles que posen para mí —acoto, imaginándome lo que sería. —Qué deleite —jadea Sole, y sé que también se lo está imaginando; tan así, que empieza a babear con solo pensarlo. Se viene el colchón de baba por parte de mí amiga. —No es tan así; la mayoría son unos caprichosos y se la pasan renegando de todo —aclara Tania. —Es verdad, y más los que ya hace un buen tiempo que están trabajando, los más nuevos son más dóciles; pero eso va a durar hasta que se hagan fama, claro está —cuenta Lisa. —Pero no deja de ser un deleite para la vista —suelta Sole con un hilo de baba. —Eso es verdad —concuerda Lisa—. Hasta que los escuchas hablar y se va todo el deleite a la mierda —concluye, haciéndonos reír a todas. —Miren, conocemos un boliche cubano que queda por aquí cerca; pensaba que tal vez mañana quisieran acompañarnos. ¿Qué dicen? —pregunta Tania cambiando de tema. —Eso sería buenísimo; lo mejor es que voy a poder pedir una variedad de tragos, y en español —exclama la pelirroja, aplaudiendo, lo cual me causó mucha gracia. Las chicas se despidieron, acordando que nos encontráramos aquí mismo la noche siguiente, a la misma hora de hoy. Será divertido mañana por la noche; tienen la apariencia de pasarla bien, y a nosotras eso nos va como anillo al dedo. Luego nos encaminamos a nuestra habitación, a descansar. Entré a mi cuarto, me desvestí y me desplomé en la cama, cerré los ojos y al minuto los volví a abrir de golpe; no me puede pasar esto. El rostro del hombre al que atropellé en el aeropuerto se me apareció; su sonrisa seductora, sus ojos brillantes, sus cejas gruesas y rubias, casi doradas. Ay, basta Lina, qué te pasa; ni siquiera es de tu tipo. Será mejor que vaya por un vaso de agua para calmarme un poco; seguro es la ansiedad de este viaje. Sí, debe ser eso. Después de buscar el vaso con agua y beberlo casi todo de un solo trago, vuelvo a la cama tratando de, esta vez, dormir sin la presencia de ningún adonis rubio entrometido. Lentamente, siento como mis párpados pesan y la oscuridad se apodera de mí, me dejo llevar con gusto a la inconsciencia de un profundo sueño, directo a los brazos de Morfeo. —Lina, Lina —me zarandea Sole para despertarme. — ¿Qué? ¿Qué pasa? —pregunto refregándome los ojos. —Nada; me desperté y tengo hambre, pero no quiero bajar sola, y no puedo pedir que traigan el desayuno a la habitación, ya que por teléfono no van a ver cuándo les haga la seña del cortado —demanda, haciendo la seña del cortado con el dedo índice y el pulgar. Me empecé a reír, imaginándome lo ridículo de la situación—. No te rías, hablo en serio. Dale levántate, salgamos de aquí —me dice, mientras me empuja fuera de la cama agarrándome de los tobillos. —Bien, bien. Me levanto, estiro mi cuerpo para desplazar el sueño y luego salgo al salón para dirigirme a la ducha. Sole había puesto música, más precisamente "I need your love" de Calvin Harris & Ellie Goulding, y lo está cantando a gritos. Por la santísima Trinidad, canta muy mal la descarada, pero lo hace con pasión. —Dios, Sole, Calvin Harris se acaba de tirar del último piso, y todo por tu culpa —bromeo, mientras me tapo los oídos fingiendo sufrimiento. —Muy graciosa —dice, y me tira un almohadón del sofá—. Por tu bien, más vale que te bañes de una buena vez, o te saco así como estás para ir a desayunar —amenaza apuntándome con su mejor amigo, el dedo índice. —Me gustaría ver como intentas eso —la desafío, cruzándome de brazos. —Bueno, no voy a poder hacerlo; pero lo que sí puedo hacer es que, cuando nos crucemos otra vez con el impactante rubio, ya sabes, ese que parece un Dios griego, que estoy segura lo vamos a volver a ver —ya me estoy poniendo rígida, y todavía no me dijo qué pensaba hacer si lo veía de nuevo—, me voy a acercar a él, y a decirle que mi amiga —me apunta— tiene unas ganas locas de llevarlo a la cama y hacerle cochinadas —entrecierro los ojos para intimidarla, pero dejo de hacerlo cuando noto que no causa el efecto esperado. —Más te vale que no hagas estupideces —le advierto, porque sé que es capaz de hacer algo así. —Tengo hambre —canturrea con tono de amenaza. —En quince salgo —le aviso, y me meto dentro del baño sin darle lugar a que siga con sus advertencias. Salgo de la ducha y me dispongo a vestir; opto por un pantalón de cuero n***o, una camisa gris y una chaqueta de cuero. Una vez arreglada voy al encuentro con mi mejor amiga, quien me esperaba con impaciencia. —¿Y la Harley? —bromea al verme. —Muy chistosa, Lindsay Lohan —le digo al verla vestida toda de blanco, como lo hizo la actriz en la película "Golpe de suerte". Bajamos al comedor del hotel a desayunar, las dos sonrientes. El aroma a comida y café llamaron despavoridamente a mi estómago, haciéndome saber que tenía hambre. Mientras estábamos esperando que nos traigan la orden, a nuestra mesa aparecieron las chicas colombianas que conocimos la noche anterior en el bar de hotel. —Hola chicas, veo que se levantan tarde también —saluda Lisa. —Sí, la dormilona es ella —me acusa Sole, señalándome. —El dedo Sole. ¿Se quieren sentar? —No, gracias; íbamos de salida. Estamos llegando tarde a la sesión de fotos —responde Tania, poniendo cara de frustrada y rodando los ojos. —Oh, que lástima —exclama Sole. —Traigan un modelo de los suyos, por favor —les suplico haciendo ojitos. — ¿Para ti? —pregunta Tania. —No, para mi amiga —digo señalando a Sole—. Necesita fuki-fuki, anda media desorientada —bromeo. — ¿Qué es fuki-fuki? —pregunta Lisa, arrugando la frente. —Es... —le explico haciendo señas obscenas con las manos, y ellas comienzan a reír. —Trataremos de hacer lo posible —dice riendo Lisa. —Sí, pero igual nos veremos esta noche, ¿verdad? ¿Nos van a acompañar? —habla Tania. —Obvio que sí; nosotras no nos perderíamos una salida, ni locas —entona mi amiga, muy emocionada. —Ok, nos vemos esta noche entonces. Hasta luego, chicas —se despidie-ron y salieron contoneando las caderas. — ¡Que emoción! —chilla Sole, exaltada en cuanto las colombianas se fueron. —Vamos a conocer la noche alemana en un lugar cubano, muy emocionante —bromeo haciendo muecas. —Es raro, ¿no? Pero a quién le importa; vamos a hacer lo que nos gusta, esta noche es nuestra —afirma, cada vez más eufórica. —Sí, hay que buscar algo bien hot para ponernos. ¿Las viste como iban vestidas anoche? —abro grande los ojos, para darle más énfasis a su vestimenta. —Sí; a parte, son muy sexys...—examina ella, pensativa. —Y tienen un culo para dos cuerpos. Cuando termino de decirlo, las dos nos miramos el culo al mismo tiempo y nos empezamos a reír. Estamos en falta con nuestras partes traseras; somos latinas, igual que ellas. Dios, ¿por qué eres tan injusto? Muy mal haces la repartija. —Vayamos a recorrer el jardín inglés —propongo. —Vamos a donde quieras —demanda resignada; sabe bien que no me voy a quedar quieta. Recorrimos el jardín y luego nos metimos en unas tiendas para comprar regalos para llevarles a nuestras familias, a Lucas y Gaby. Ya teniendo los regalos de casi todos, solo me falta el de Lucas; pero Sole se estaba quejando y quería volver, así que la envié de nuevo al hotel, sola, y yo seguí con mi búsqueda para el regalo de mi mejor amigo. No le gustó mucho que anduviera sola por un lugar que no conocemos, pero no quería volver; todavía no quiero volver, no vine a la otra punta el mundo para encerrarme en un hotel, ni de chiste. "Animals", de Muse, empezó a sonar sacándome de mi ensimismamiento. Uno de los temas preferidos de Lucas. —Hola, Lu —atiendo el celular. — ¿Cómo estás, nena? —Bien; de hecho, estaba pensando en ti —le hago saber. —Ah, ¿sí? —Ajám. —Seguro que vas a pedirme algo —bromea. —En realidad, es por tu regalo —le digo—. Verás, estaba buscando qué llevarte, y hace un momento pasé por un lugar que me llamó la atención; entonces, me dije: "esto es un gran regalo, justo para mi querido amigo Lucas". —Ay, Lina, sé que me voy a arrepentir de esto —y no sabe cuánto — ¿Cuál es ese gran regalo justo para mí? —pregunta temeroso. —Conocí una linda alemana, de esas bien rubias, mmm... De esas bien frívolas; de las que les gusta el sexo duro, de las que les gusta que la aten y... —Basta, Lina —interviene, carcajeándose—. Sabía que no tenía que preguntar. — ¿No te gusta mi regalo? —finjo tristeza—. Ella sueña con conocer Argentina, y además vio una foto tuya y quedó enamorada —sigo con la farsa, mientras él ríe. —Lina, no me gusta eso; y por favor, no sigas —suplica, riendo. —¿Te la estés imaginando, no es así?, cochino —le acuso. Sé perfectamente que esas cosas no le gustan, por eso la broma; se moriría de risa si algún día se encuentra con alguien así. —Veo que tus chistes malos siguen intactos —azuza. —No son tan malos —entono, fingiendo que estoy afligida. —Solo espero que no se te dé por meterte en esos lugares —no pude evitar reír por su ocurrencia. —Por favor, Lucas, ¿por qué haría eso? —Por curiosa; los dos sabemos que tu maldita curiosidad te gobierna, y más de una vez te mete en algún embrollo —ahora está hablando con seriedad, ya no se está divirtiendo con el chiste. —Lucas, no voy hacer eso; no lo haría —intento hacerlo entender. —Eso espero —suspira—. En serio Li, no quisiera verte en algo así. —No te preocupes, eso nunca va a pasar —le prometo—; al menos, no a tal extremo —bromeo de nuevo, tratando de minimizar este tema. —Lina —advierte. —Sí, sí; entiendo —suspiro—. Te extraño... Y a Gaby también. —Nosotros también, y ya quiero que vuelvan, que Gaby me está volviendo loco contándome anécdotas que pasamos con ustedes, una y otra vez —Rio ante la declaración—. Tan solo pasaron tres días y está así, no sé si voy a llegar a terminar la semana a este paso. —Eres malo, Lucas Reinoso; no seas así, Gaby es un amor. —Sí, dices eso porque no son ustedes las que lo tienen que aguantar —apostilla. —Dale un beso de mi parte. —Ni de mierda. Lo que me faltaba, Lina; sabes que te quiero, pero jamás besaría a Gaby —no puedo parar de reír—, ni borracho haré eso —termina diciendo. —Bien, estréchale la mano entonces. —Eso sí lo puedo hacer. —Hace silencio por un momento, para luego volver hablar—. De verdad, ¿estás bien? —pregunta. —Sí, muy bien. Este lugar es asombroso; y eso que casi no vi nada, me falta mucho por recorrer. —Me alegro. Oye, tengo que volver al trabajo. —Está bien, besos para ambos. —Cuídate, te quiero. —Igual, te quiero —cuelgo, inspiro profundo y me digno a seguir mi camino. Tengo que conseguir el regalo para Lucas y después volver al hotel, antes de que Sole enloquezca, atormente a alguien, o se disponga a pedir un cortado por teléfono.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD