Después de pasar horas en la biblioteca, Maya decidió dar un paseo por el centro de la ciudad. A pesar de ser una tarde de invierno, el sol brillaba en el cielo y el aire estaba fresco y limpio. Caminó por las calles, observando los edificios antiguos y los árboles desnudos de hojas. De repente, se encontró frente a una pequeña tienda de antigüedades. La puerta estaba entreabierta y una luz cálida y acogedora emanaba del interior. Maya sintió curiosidad y decidió entrar. El interior de la tienda estaba lleno de objetos antiguos y curiosidades. Había lámparas de araña, cajas de música, relojes de pared y muchos otros objetos fascinantes. Maya se acercó a una vitrina llena de broches antiguos y se quedó admirándolos durante unos minutos. De repente, escuchó una voz a su espalda. "Bonitos,

