Entonces, investigué más a fondo y exploró las áreas en las que no había estado antes. Descubrió una esfera gigante que envolvía todo el lugar donde estaba y finalmente encontró la verdad detrás de todo. Afuera de la esfera no había nada más que un desierto sin vida y edificios desolados. Ella se dio cuenta de que estaba en una cápsula de simulación y que todas las personas con las que habían interactuado eran robots con apariencia humana.
Maya se sintió decepcionada y triste al principio, pero después de un tiempo, comenzó a aceptar la realidad. Aunque estaba rodeado de máquinas, todavía tenía sus recuerdos y emociones reales. Aprendió a apreciar lo que tenía y decidió hacer lo mejor de su situación. También comenzó a explorar la simulación de una manera diferente, tratando de encontrar nuevos desafíos y aventuras dentro de este mundo creado por computadora.
Maya se puso a trabajar y recopiló toda la información que tenía sobre sus amigos virtuales. Se dio cuenta de que podía transferir esa información a los robots para que se convirtieran en versiones reales de sus amigos. Decidió que era hora de salir de la esfera y ver si había vida real afuera.
Cuando salió, se encontró con una ciudad pequeña llena de robots. Usando la información que había recopilado, Maya comenzó a trabajar en la creación de sus amigos robotizados. Tomó varias semanas, pero finalmente cambiaron toda la información y los datos necesarios a los robots para que se convirtieran en versiones reales de sus amigos virtuales.